Pink Halo

9. Al borde de la piscina

El agua helada le recorría el cuerpo como un alivio antiguo.

Silencioso.

Cortante.

Familiar.

Aleksander se deslizó bajo la superficie de la piscina privada del hotel, con la misma elegancia peligrosa con la que otros caminaban.

El lugar entero estaba diseñado para humanos absurdamente ricos y seres poderosos : mármol blanco, luces suaves escondidas bajo el agua y ventanales gigantes mostrando la ciudad como si fuera una decoración más.

A él no le interesaba nada de eso.

Pero el frío sí.

El frío seguía siendo una de las pocas cosas que disfrutaba después de milenios en la tierra.

La otra… desafortunadamente… también estaba ahí.

Aleksander salió a la superficie lentamente y se sostuvo del borde de la piscina.

El agua resbaló por su cabello oscuro mientras entrecerraba apenas los ojos.

Esa presencia era imposible de confundir.

Ruidosa.

Furiosa.

Brillante.

Una energía tan intensa que incluso antes de escucharlo ya sabía quién era.

—¡Maldita seas, Junn! ¡Dijiste que te tocaba otro lugar!

La voz atravesó el área privada como un disparo.

Aleksander cerró los ojos un segundo.

Sí.

Definitivamente él.

—¡Si te decía no me ibas a querer ayudar! —gritó Junno desde algún punto cercano.

Aleksander frunció apenas el ceño mientras pensaba.

-¿No ordené que tuviera libre el día de hoy?...No debería tener tanta energía…

Los pasos acelerados resonaron alrededor de la piscina.

Entonces apareció Pink Halo.

Uniforme mal acomodado.

Guantes mojados.

El cabello atado de cualquier manera como si hubiera perdido una pelea contra el viento.

Venía arrastrando una red limpia piscinas , con la expresión exacta de alguien que estaba a dos segundos de declararle la guerra al universo...

Y probablemente ganarla.

—Odio esto —murmuró Pink mientras se agachaba sobre una pierna para sacar hojas del agua—. Estas piscinas están repletas de ricos estúpidos que ni siquiera saben estacionar un auto.

Junno abrió los ojos horrorizado.

—Pink…

—¿Qué? Es verdad. Pagan millones para vivir aquí y manejan como si hubieran aprendido mirando tutoriales en Tiktok.

La red se atascó en algo bajo el agua.

Pink tironeó.

—!!Perfecto!! Claro que sí. Porque mi vida no podía empeorar.

Tironeó otra vez.

—Odio este hotel. Odio esta piscina. Odio a los malditos ricos y—

Junno empezó a hacerle gestos desesperados con las manos.

—¿Qué mierda te pasa? —gruñó Pink, girándose al fin.

Y se congeló.

Porque ahí estaba Aleksander.

Dentro de la piscina.

Mirándolo.

Una mano sostenía la red atrapada bajo el agua.

La otra… la muñeca de Pink.

El silencio cayó de golpe.

Incluso Junno dejó de respirar.

El agua se deslizaba lentamente por el brazo de Aleksander mientras sostenía la muñeca de Pink Halo con una cruel facilidad.

La red seguía atrapada bajo el agua, completamente olvidada.

Aleksander tiró apenas de él.

Lo suficiente para acercarlo.

Muy cerca.

Demasiado cerca.

Pink sintió el borde de la piscina clavarse contra sus piernas cuando Aleksander inclinó apenas el rostro hacia el suyo.

El aroma helado del agua le golpeó primero.

Después esa presencia pesada, oscura, imposible de ignorar.

—No tendrías que tener tanta energía… —susurró Aleksander.

La voz grave le rozó la piel.

Y Pink quedó rojo.

Rojo de verdad.

No el rojo de furia habitual.

No el rojo agresivo de cuando quería golpear a alguien.

No.

Este rojo , era muchísimo peor.

El calor le subió por el cuello hasta las orejas tan rápido que parecía fiebre.

Y de pronto, sus alas aparecieron apenas un segundo detrás de él en un reflejo involuntario antes de desaparecer otra vez.

Eso solo pareció notarlo el vampiro, ni siquiera el mismo pink se dio cuenta.

Junno abrió la boca lentamente.

—Oh no…

Pink reaccionó un segundo tarde.

—¡SUÉLTAME!

Intentó tirar de su brazo hacia atrás, pero Aleksander ni siquiera se movió.

Seguía mirándolo con esa calma irritante, casi curiosa.

Eso solo empeoró todo.

—¿Qué mierda te pasa mirándome así? —espetó Pink completamente alterado—. ¡Y para de acercarte tanto!

Aleksander observó su cara roja unos segundos más.

Después habló, tranquilo:

—Interesante.

—¿QUÉ ES INTERESANTE?

Junno ya estaba retrocediendo. Instinto de supervivencia.

Porque conocía esa expresión.

Pink estaba a exactamente a dos segundos de explotar… o desmayarse.

Y honestamente, cualquiera de las dos opciones era posible.

La sonrisa de Aleksander apareció despacio.

Pequeña y peligrosa.

Y eso fue muchísimo peor que cualquier amenaza.

Soltó la muñeca de Pink Halo con calma absoluta antes de acercarse apenas otra vez.

—Quiero que vayas a mi habitación ahora y me esperes ahí.

Lo dijo como si fuera la cosa más normal del mundo.

Como si Pink fuera a obedecer.

Como si el universo entero no estuviera a punto de incendiarse por semejante atrevimiento.

Aleksander simplemente se apartó después de eso y empezó a salir de la piscina tranquilo, el agua resbalando lentamente por su cuerpo.

El short negro mojado se pegaba lo suficiente como para volver todavía más injusta la situación.

Pink se quedó completamente inmóvil.

Sin conectar una neurona con la otra.

Su cerebro intentaba procesar demasiadas cosas al mismo tiempo:

La orden.

La cercanía.

La sonrisa.

Y, desafortunadamente, el hecho de que Aleksander se veía absurdamente bien así.

Junno lo miró con cautela.

—…Pink.

Silencio.

—¿Qué te dijo?

Pink seguía mirando cómo Aleksander se alejaba hacia el interior del hotel con esa tranquilidad insoportable.




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