Durante los siguientes veinte minutos, Pink Halo no hizo otra cosa que existir en un estado de indignación absoluta.
Empapado de pies a cabeza.
La ropa pegada al cuerpo.
El cabello chorreando agua cada vez que giraba bruscamente.
Pero claramente nada de eso le importaba.
Porque toda su concentración estaba puesta en una sola cosa: Matar a Aleksander.
Preferiblemente arrancándole los colmillos a golpes.
Curiosa, pero eficaz preferencia.
—¡¿Quién se cree que es?! —seguía refunfuñando mientras limpiaba otra parte de la piscina con movimientos violentos—. “Quiero que vayas a mi habitación”. ¡Ja! ¡Ja! ¡Estúpido vampiro aristócrata de mierda!
La red golpeó el agua con demasiada fuerza.
Junno caminaba detrás de él como quien acompaña un explosivo inestable.
—Pink… amigo…
—¡NO!
—No te pregunté nada todavía.
—Igual, la respuesta es no.
Junno suspiró.
—…¿No tendrías que ir a cambiarte?
Pink siguió avanzando furioso.
—¡No!
—Pero estás dejando agua por todo el hotel.
—¡MEJOR!... ¡Tal vez tengo la suerte de que ese inbecil se resbale y se quiebre el cuello y...
Estaba a punto de decir algo más cuando una voz apareció detrás de ellos.
Calma.
Profunda.
Terriblemente divertida.
—Tendrías que hacerle caso a tu amigo. Parece más razonable.
Pink se dio vuelta tan rápido que casi vuelve a resbalarse.
Y ahí estaba Aleksander.
Impecable.
Traje oscuro perfectamente acomodado.
Cabello todavía apenas húmedo.
Ni una arruga fuera de lugar.
Parecía recién salido de una revista absurdamente cara, para millonarios emocionalmente inaccesibles.
Pink lo miró como si estuviera considerando seriamente prenderlo fuego ahí mismo.
Junno, en cambio, retrocedió un paso por reflejo.
Porque conocía esa mirada en su amigo.
Era la misma que tenía Pink antes de atacar demonios, romper puertas… o morder gente.
Problemas en general.
Muchos problemas.
—Maldito... ¿no tienes otra cosa que hacer? —gruñó Pink.
Aleksander lo observó unos segundos.
Después bajó apenas la mirada hacia el agua que seguía cayendo de la ropa del ángel.
—Vas a enfermarte -dijo Aleksander, tocando apenas su mejilla.
Pink quedó en silencio un segundo.
Junno también.
Porque era probablemente la cosa más cercana a preocupación que Aleksander había dicho en siglos.
Y eso sumado al contacto inesperado , hizo que Pink se enojara más.
—¡YO NO ME ENFERMO, IDIOTA!
—Claro —respondió Aleksander con total tranquilidad—. Entonces no tendrás problema en subir a mi habitación así.
Pink abrió la boca.
Pero no supo que responder.
Estaba completamente indignado.
Junno ya estaba mirando alrededor buscando la salida de emergencia emocional más cercana.
—¡Tengo que trabajar! —gritó Pink Halo completamente furioso—. ¡Yo no soy un maldito ricachón qué puede hacer lo que se le canta y—!
No terminó la frase.
Porque Aleksander simplemente se movió con una maniobra rápida.
Tan natural que en un solo movimiento lo agarró de la cintura y se lo cargó al hombro como si Pink no pesara absolutamente nada.
Como un costal de papas extremadamente agresivo.
Hubo un segundo entero de silencio.
Incluso el cerebro de Pink necesitó tiempo para procesar semejante falta de respeto.
Después explotó.
—¡¡¿QUÉ MIERDA CREES QUE HACES ?!! —gritó mientras empezaba a patalear violentamente
—. ¡BAJAME!¡TE JURO QUE TE VOY A MATAR!
Junno se quedó congelado viendo la escena.
Pink golpeaba la espalda del vampiro.
Pateaba.
Insultaba en idiomas probablemente muertos.
Amenazaba con violencia física, espiritual y posiblemente legal.
Y Aleksander seguía caminando tranquilamente por el hotel como si llevar un ángel furioso al hombro fuera una actividad completamente normal de su día a día.
—¡SUELTAME, MONSTRUO ARROGANTE!
Ni una reacción.
—¡ESTO ES SECUESTRO!
Aleksander apretó apenas la mano en la parte de atrás de una de las piernas de Pink para acomodarlo mejor sobre su hombro.
Eso solo empeoró todo.
—¡¡NO ME TOQUES ASÍ DEGENERADO !!
Algunas personas del hotel giraron a mirar horrorizadas.
Otras directamente fingieron no haber visto nada.
Claramente no era la primera situación extraña relacionada con SweetParck.
Junno observó cómo se alejaban por el pasillo mientras Pink seguía gritando amenazas cada vez más incoherentes.
Después suspiró profundamente.
—…Bueno. Pink va a intentar asesinarlo.
Se quedó pensando dos segundos.
—O besarlo. Ya no sé distinguir la diferencia.
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Editado: 24.07.2026