El enorme e inaccesible penthouse estaba en completo silencio.
Demasiado silencio.
Aleksander permanecía de pie frente a la puerta cerrada del baño, impecable como siempre… pero claramente ofuscado.
Algo extremadamente inusual.
El reloj marcaba los minutos con una lentitud irritante.
Veinte.
Veinte minutos exactos escuchando insultos ocasionales desde el interior del baño.
Aleksander golpeó la puerta otra vez con los nudillos.
—Ya te dije que no voy a salir, estúpido —gruñó la voz de Pink Halo desde adentro.
Aleksander cerró los ojos un instante y se pasó la mano por la cara.
Paciencia.
La poca que le quedaba.
—Hace veinte minutos que estás ahí.
—¡Y puedo estar veinte más!
—Pink.
—¡NO!
Aleksander miró el reloj otra vez.
Después habló con una calma peligrosamente controlada.
—Si no sales, voy a tirar la puerta abajo.
Hubo silencio.
Un silencio indignado.
Después la puerta se abrió de golpe.
Pink salió furioso… y Aleksander se quedó mirándolo.
Porque cuando lo había arrastrado hasta la suite, prácticamente lo había metido bajo la ducha vestido para sacarle el cloro y el olor a piscina de encima.
El problema era que Pink no tenía ropa seca. Y Aleksander solo había encontrado una camisa que pudiera prestarle.
Una de las suyas.
La camisa negra no era, para nada, de su talle .
Le cubría parte de los muslos y las mangas le caían sobre las manos. El cuello abierto dejaba ver la piel todavía húmeda de su espalda y algunas gotas de agua seguían bajando lentamente por su cabello mojado.
Pink pasó caminando rápido frente a él mirando hacia otro lado, completamente rojo de vergüenza y furia.
—No me mires.
Aleksander no respondió enseguida.
Porque claramente lo estaba observando.
La camisa le quedaba ridículamente grande comparada con el tamaño de Pink.
Parecía que el ángel se hubiera robado ropa ajena después de una pelea.
Y, extrañamente… Se veía bien.
Muy bien.
Pink notó el silencio y se giró todavía más alterado.
—¡¿Qué?!
Aleksander apoyó apenas una mano contra la pared detrás de él, bloqueándole el paso sin mucho esfuerzo.
—Ahora entiendo por qué no querías salir.
Pink abrió los ojos.
—¡Porque no cierras la maldita boca!
Intentó seguir caminando, pero Aleksander lo agarró suavemente de la manga enorme antes de que escapara.
Y eso solo hizo que Pink se pusiera todavía más rojo.
—No te queda nada mal.
El cerebro de Pink dejó de funcionar de inmediato.
Completamente.
—…
—Me las vas a pagar estúpido.
Aleksander agarró a Pink Halo de la cintura y lo atrajo hacia él con una facilidad desesperante.
-Mi nombre es Aleksander, no estúpido -susurro junto a su oído.
Pink apenas tuvo tiempo de reaccionar.
El cuerpo se le tensó automáticamente.
Cerró los ojos.
Instinto puro.
Porque estaba seguro de que Aleksander iba a morderlo sin más.
Pero el vampiro no hizo eso. Aleksander observó unos segundos el rostro de Pink desde tan cerca que podía sentir su respiración agitada.
El enojo seguía ahí… pero mezclado con algo más caótico.
Más vulnerable y hermoso.
Aleksander levantó la mano con deliberada lentitud.
Pink siguió cada movimiento con desconfianza, sin entender qué pretendía.
Entonces el vampiro deslizó el dedo índice por su espalda, exactamente sobre el lugar donde deberían haber nacido sus alas.
El efecto fue inmediato.
Una descarga eléctrica le atravesó el cuerpo entero.
Pink abrió los ojos de golpe y soltó un jadeo ahogado antes de agarrar violentamente el cuello de la camisa de Aleksander.
—¡¿Por qué mierda hiciste eso, maldito cretino ?!
Estaba furioso.
De verdad furioso.
Pero Aleksander parecía incapaz de preocuparse por eso.
Al contrario.
Lo observaba con una atención peligrosa.
Disfrutando la intensidad salvaje de esa mirada. Cómo los ojos de Pink cambiaban lentamente de ese rosa brillante a un ámbar intenso cada vez que perdía el control.
Aleksander se inclinó apenas más cerca.
—¿Cómo haces para esconder así las alas?
Pink se quedó helado.
El agarre sobre la camisa aflojó apenas.
—…¿Qué?
Aleksander sostuvo su mirada sin apartarse.
—Ya sé que eres un ángel —susurró.
El silencio cayó de golpe.
Pink soltó la camisa del vampiro y retrocedió un paso.
Después otro.
Como si acabaran de atravesarle el pecho.
Aleksander lo observó con calma absoluta.
—¿Por qué ocultar lo que eres?
Los ojos de Pink volvieron a encenderse de furia al instante.
—Eso no es asunto tuyo.
La respuesta salió cortante y bastante violenta.
Demasiado rápida.
Aleksander avanzó despacio mientras se servía una copa de vino con una tranquilidad irritante.
—Por lo que tengo entendido… los ángeles no pueden trabajar entre humanos.
Pink no respondió.
—Es ilegal.
El líquido rojo llenó lentamente la copa.
Aleksander giró apenas el rostro hacia él.
—¿Qué pasaría si el gerente del hotel se enterara de tu pequeño secreto?
La mano de Pink se cerró lentamente sobre la tela de la camisa prestada.
No respondió.
Porque conocía la respuesta.
Demasiado bien.
Pink lo miró fijo.
Y por primera vez desde que había entrado a ese penthouse … la furia dejó lugar a algo mucho más peligroso.
Miedo.
Solo un segundo.
Pero Aleksander lo vio.
#670 en Fantasía
#390 en Personajes sobrenaturales
boylove, comedia humor enredos aventuras romance, fantasía boy love
Editado: 24.07.2026