El clima del penthouse estaba absolutamente tenso.
Pink observaba furioso.
—¿Y si hago que lo olvides a golpes? —preguntó Pink Halo entre dientes.
La amenaza salió baja.
Peligrosamente seria.
Aleksander levantó apenas la copa de vino.
—Adelante.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Podrías intentarlo.
Y desapareció.
Pink apenas alcanzó a abrir los ojos antes de sentirlo detrás suyo.
Una mano firme le sostuvo la cintura.
-Pero... tal vez podamos llegar a un acuerdo...
La otra mano apartó lentamente el cabello húmedo de su cuello.
Descubriendo la marca de la mordida.
Pink se tensó de inmediato.
—Eres muy impulsivo… —murmuró Aleksander cerca de su oído.
Pink apretó los dientes.
Porque ahí estaba el problema.
Podía gritarle, insultarlove incluso golpearlo. Pero por primera vez entendía algo horrible: No era rival para ese vampiro descarado.
La diferencia de fuerza era absurda.
Pink soltó un bufido lleno de rabia contenida y bajó apenas la cabeza.
Una pequeña lágrima apareció antes de que pudiera impedirlo.
—Te odio… maldito imbécil —susurró.
Aleksander observó la lágrima deslizarse por su mejilla.
Y algo en su expresión cambió apenas.
—Eres muy maleducado… Pink frunció el ceño.
—¿Qué?
—Tienes la boca tan sucia que un inodoro público se sentiría intimidado por escucharte.
Silencio.
La provocación era demasiada evidente.
Pink parpadeó una vez.
Dos.
Y después explotó.
—¡¡HIJO DE—!!
Se giró tan rápido que incluso Aleksander no alcanzó a apartarse del todo.
El golpe impactó directo en su cara con toda la ira acumulada de Pink.
La habitación quedó en silencio.
El sonido seco del puñetazo resonó por todo el penthouse.
Pink respiraba agitado.
Todavía con el puño cerrado.
Y entonces recordó.
El gerente.
Las advertencias.
“Si vuelves a causar problemas con los huéspedes importantes…”
Mierda.
Lo iban a echar.
Pink tragó saliva y avanzó despacio hacia Aleksander esperando verlo furioso.
Esperando violencia.
Esperando que finalmente perdiera la paciencia.
Pero Aleksander…
Estaba sonriendo.
Giró apenas el rostro nuevamente hacia él mientras se pasaba el pulgar por la comisura de la boca.
Una pequeña línea de sangre quedó sobre sus dedos.
La limpió lentamente.
Y siguió mirándolo como si Pink acabara de hacer algo fascinante.
No molesto, ni furioso.
Peor.
Divertido.
—¡¿Estás demente?! —gritó Pink Halo todavía temblando de furia—. ¡¿Eres masoquista o que?!
Aleksander solo siguió sonriendo.
-¡Me largo ! Giró inmediatamente hacia la puerta dispuesto a escapar de esa habitación, de ese vampiro insufrible y de la cantidad alarmante de problemas mentales que claramente, estaban desarrollándose alrededor suyo.
Pero la voz de Aleksander lo detuvo a medio camino.
Entre risas bajas.
—Eres un ángel sin pudor alguno…
Pink se giró apenas, frunciendo el ceño.
—¿Qué mierda significa eso?
Aleksander apoyó una mano contra el borde de la mesa mientras todavía sonreía.
—¿De verdad te vas a ir así?
Pink quedó inmóvil.
Parpadeó.
Y lentamente bajó la mirada hacia sí mismo.
Descalzo.
Piernas descubiertas.
Y usando únicamente la enorme camisa negra de Aleksander que apenas le cubría lo suficiente para conservar algo de dignidad.
Silencio.
Un silencio espantoso.
Pink sintió cómo el alma se le desprendía del cuerpo.
—…
Aleksander lo observaba claramente entretenido.
Eso empeoró todo.
Pink se puso rojo hasta las orejas de nuevo y agarró el borde de la camisa enorme intentando bajarla más.
—¡NO ME MIRES PERVERTIDO!
Aleksander directamente se rio esta vez.
Una risa demasiada natural y profunda.
Y honestamente eso irritó más a Pink que todas las amenazas anteriores juntas.
—¡Te odio! —espetó señalándolo—. ¡Te odio muchísimo!
Aleksander caminó lentamente hacia él otra vez.
—Lo dices muy seguro para alguien que sigue aquí.
Pink abrió la boca indignado.
—¡Porque no tengo pantalones, PSICÓPATA!
La sonrisa de Aleksander se ensanchó apenas.
—Finalmente dices algo razonable.
Aleksander lo observó unos segundos más.
La respiración agitada.
La mirada temblorosa.
La sangre todavía fresca sobre su cuello.
Todo en Pink Halo parecía desafiar la lógica.
Y, por primera vez en siglos, Aleksander actuó antes de pensar.
No pudo contenerse.
Lo besó.
De golpe.
Sujetándolo con firmeza contra él mientras la otra mano subía hasta su nuca.
Y en el instante exacto en que sus labios tocaron los de Pink Halo… La habitación explotó en energía.
Una luz rosa inmensa atravesó toda la suite como una ola violenta.
Las ventanas vibraron.
Las lámparas parpadearon al mismo tiempo y el aire se volvió pesado, eléctrico.
Pink soltó un jadeo ahogado contra los labios de Aleksander.
Sus ojos cambiaron de color de inmediato.
Del rosa intenso… A un verde brillante imposible.
Antiguo.
Sobrenatural.
Por un segundo entero, algo gigantesco pareció despertar detrás de él.
Una presión celestial tan enorme que incluso Aleksander sintió el cuerpo tensarse.
Y aun así…
No apartó la mirada.
Porque Pink se veía hermoso. Terriblemente hermoso.
La energía rosa rodeaba su cuerpo como llamas suaves mientras el cabello le flotaba apenas alrededor del rostro.
Por un instante parecía algo demasiado puro y demasiado peligroso para existir entre humanos.
Aleksander quedó maravillado.
Completamente inmóvil.
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Editado: 24.07.2026