Pink Halo

14. Atrápame si puedes

El enorme jardín de SweetParck estaba lleno de flores absurdamente caras y caminos de piedra perfectamente cuidados.

Leónidas caminaba al lado de Aleksander mirando descaradamente a toda mujer atractiva que cruzaba frente a ellos.

Aleksander, en cambio, parecía completamente aburrido.

—Amigo… —dijo Leónidas finalmente, harto de contenerse—. ¿En serio te interesa más el mapache rabioso que todas estas bellezas?

Aleksander no respondió.

Eso ya era respuesta suficiente.

Leónidas soltó un suspiro dramático.

—El amor realmente destruye gente.

Antes de que Aleksander pudiera insultarlo, un grito desesperado resonó desde arriba del enorme muro del jardín.

—¡Pink no puedo! ¡Está muy alto!

Ambos levantaron la vista.

Junno estaba colgando peligrosamente del borde del muro con cara de absoluto terror.

Y a su lado , riéndose sin la más mínima empatía, estaba Pink Halo.

—¡Junn! ¡No seas estúpido, salta!

Aleksander sonrió apenas al escuchar su voz.

Leónidas no alcanzó ni a reaccionar.

Porque Junno cayó directamente encima suyo.

—¡Mierda! —gruñó Leónidas mientras ambos terminaban en el suelo.

Un segundo después, Pink saltó también.

Y aterrizó perfectamente de pie frente a ellos como si nada hubiera pasado.

Riéndose.

—Cuidado, Junno. Estos ancianos son muy delicados.

La sonrisa burlona de Pink apareció al instante.

Leónidas lo miró desde el suelo completamente indignado mientras Junno entraba en pánico.

—¡L-lo siento mucho, señor! —se disculpó inmediatamente ayudándolo a levantarse.

Leónidas parpadeó sorprendido.

Porque Junno era… educado.

Extrañamente educado.

Todo lo contrario al desastre rosado que seguía riéndose al lado.

—Vamos, Junn —gritó Pink empezando a correr otra vez.

Junno rápidamente le sacudió la chaqueta a Leónidas intentando arreglarla.

—Perdón de nuevo…

Y salió corriendo detrás de Pink.

Los dos desaparecieron entre los jardines todavía discutiendo sobre el salto.

Leónidas y Aleksander quedaron mirando hacia donde se habían ido.

El silencio se apoderó de algunos minutos.

Entonces Aleksander miró de reojo a su amigo.

Y notó algo.

Leónidas estaba sonrojado.

Muy sonrojado.

Una sonrisa lenta y malvada apareció en el rostro de Aleksander.

—Oh…

Leónidas se tensó inmediatamente.

—No empieces.

—¿Te gustó el amigo de mi mapache?

—¡¿que estas diciendo?!

Aleksander ignoró completamente eso.

Leónidas apartó la mirada nervioso mientras intentaba acomodarse la ropa.

—No digas estupideces.

Aleksander levantó apenas una ceja.

—Le sonreíste.

—¡Porque me pidió disculpas!

—Y te pusiste rojo.

—¡Porque me cayó encima desde un muro!

Aleksander seguía mirándolo con esa sonrisa insoportable.

La misma que Leónidas había soportado durante siglos cada vez que Aleksander descubría algo divertido.

—Qué interesante… —murmuró Aleksander.

Leónidas apuntó un dedo acusador hacia él.

—No, no vas a hacer conmigo lo mismo de siempre.

Aleksander sonrió apenas más.

—Yo no hice nada.

A lo lejos se escuchó la voz de Pink gritando:

—¡JUNNO SI TE CAÉS OTRA VEZ TE DEJO MORIR!

Leónidas se quedó en silencio unos segundos.

Después murmuró:

—…Bueno. Tal vez un poco lindo sí era —siguió observando el muro un poco más —te das cuenta de que se estaban escapando, ¿verdad?

Aleksander sonrió apenas.

Claro que se había dado cuenta.

Las zapatillas colgando del otro lado del muro.

La mochila tirada entre los arbustos.

Y la forma sospechosamente entrenada con la que Pink Halo había aterrizado.

No era improvisado.

Esos dos ya habían hecho eso antes.

—SweetParck tiene puertas —comentó Leónidas cruzándose de brazos.

—Mm.

—Y empleados normales usan las puertas.

Aleksander siguió observando el lugar por donde habían desaparecido.

A lo lejos todavía se escuchaban las quejas desesperadas de Junno mezcladas con las burlas de Pink.

—¡Pink espera!

—¡Corre más rápido entonces!

La sonrisa de Aleksander se ensanchó apenas.

Leónidas lo miró incrédulo.

—¿Por qué sonríes así? Tus empleados literalmente están huyendo de la propiedad.

—No están huyendo.

—Aleksander.

—Están divirtiéndose.

Leónidas quedó en silencio unos segundos. Después soltó una risa corta.

—Oh, de verdad estás perdido amigo .

Aleksander finalmente apartó la vista del muro.

—¿Hm?

—Te gusta de verdad ese angel.

Aleksander no respondió inmediatamente.

El viento movió apenas las flores del jardín mientras los gritos de Pink se alejaban cada vez más hacia la puesta de sol .

Finalmente habló:

—Hace mucho tiempo que nada me parecía interesante.

Leónidas lo observó de reojo.

Y por primera vez desde que conocía a su amigo… notó algo extraño en él.

Aleksander parecía vivo.

No tranquilo.

No elegante.

No distante.

Vivo.

La chispa en su mirada brillaba otra vez.

Leónidas suspiró.

—Esto va a terminar terriblemente.

Aleksander sonrió otra vez, tranquilo.

—Probablemente.

Y honestamente, eso, parecía gustarle todavía más.




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