Pink Halo

17. Luna de miel

Aleksander iba tan rápido que el mundo alrededor se volvió una mezcla borrosa de luces, calles y viento helado.

Y Pink Halo no tuvo otra opción más que aferrarse cada vez más fuerte a él.

Primero a su camisa.

Después directamente alrededor de su cintura.

Cada aceleración hacía que Pink lo abrazara más por puro reflejo.

Aunque nadie iba a arrancarle esa confesión jamás.

Y honestamente…

No había sido algo completamente planeado por Aleksander.

Al menos no al principio.

Pero apenas se dio cuenta de que el ángel prácticamente estaba pegado a su espalda, empezó a disfrutarlo demasiado.

La sonrisa arrogante apareció sola.

El viento movía apenas el cabello oscuro de Aleksander mientras seguía manejando con una tranquilidad insultante.

Detuvo finalmente la moto frente a un restaurante elegante escondido entre luces cálidas y música suave.

El motor se apagó.

Silencio.

Pink seguía abrazándolo.

Aleksander esperó unos segundos solo para disfrutarlo un poco más antes de hablar.

—Creo que ya puedes soltarme.

Pink abrió un ojo lentamente.

Parpadeó confundido.

Y notó que ya estaban detenidos.

Completamente detenidos.

…Y él seguía aferrado a la camisa del vampiro como un gato traumatizado.

-Pero, si quieres seguir abrazándome... Pink se separó tan rápido que casi se cae solo.

—¡Cállate!

Intentó bajar de la moto con dignidad.

Intentó.

Pero apenas tocó el suelo, las piernas le temblaron horrible.

El mareo lo golpeó de lleno.

Pink terminó arrodillado en la vereda agarrándose el estómago mientras maldecía absolutamente todo lo existente.

—Mierda… maldito… enfermo mental…

Aleksander se bajó de la moto con calma absoluta.

Ni siquiera parecía despeinado.

Eso empeoró las cosas.

Pink seguía respirando agitado, claramente luchando contra las náuseas.

—¿Vas a vomitar? —preguntó Aleksander con una diversión apenas disimulada.

Pink levantó la cabeza lentamente.

La mirada asesina que le dedicó podría haber destruido civilizaciones enteras.

—Si vomito… voy a hacerlo sobre ti, maldito.

Aleksander soltó una pequeña risa.

Después se inclinó apenas frente a él y apartó un mechón rosado de su cara.

—Pero sobreviviste.

Pink quiso responder algo agresivo.

Algo amenazante.

Algo digno.

En cambio solo logró murmurar:

—Te odio tanto…

Y Aleksander, para desgracia de ambos, parecía cada vez más encantado con eso.

Pink Halo seguía arrodillado sobre el asfalto intentando decidir si iba a vomitar, desmayarse o asesinar a Aleksander primero.

Probablemente las tres.

Aleksander lo observó unos segundos y notó algo apenas perceptible: Pink no podía levantarse solo todavía.

Y antes de que el ángel pudiera protestar… Aleksander simplemente lo alzó en brazos.

Como si no pesara nada.

Pink abrió los ojos de golpe.

—¡¿Qué se supone que estás haciendo, estúpido?!

Aleksander ni siquiera pareció afectado por los gritos.

Al contrario. Se acercó apenas a su oído mientras seguía caminando hacia la entrada iluminada del restaurante.

Y susurró:

—Estoy practicando para la noche de bodas.

Silencio.

Completo.

Absoluto.

El cerebro de Pink dejó de existir.

Literalmente.

El color le subió hasta las orejas tan rápido que parecía una explosión.

Se puso tan rojo que incluso Aleksander tuvo que contener una sonrisa más grande.

Pink apartó inmediatamente la mirada.

—T-te voy a golpear tanto que se te van a ir las ganas de molestar…

La amenaza salió completamente destruida por la vergüenza.

Aleksander finalmente lo bajó despacio al suelo frente a la entrada.

Después le acomodó tranquilamente la camisa enorme que Pink seguía usando.

Su camisa.

La imagen le resultó peligrosamente agradable.

Tomó su mano.

Pink reaccionó de inmediato soltándose.

—Sin contacto físico —refunfuñó cruzándose de brazos.

Aleksander inclinó apenas la cabeza con expresión inocente.

Completamente falsa.

Luego hizo una pequeña reverencia teatral hacia la entrada del restaurante.

—Después de usted.

Pink lo miró con odio absoluto.

—¿No sabes cuándo parar, maldito vampiro…?

Y empezó a caminar rápido hacia adelante intentando escapar de esa situación infernal antes de que Aleksander dijera otra barbaridad.

Detrás suyo, Aleksander lo siguió tranquilamente.

Sonriendo otra vez.

Porque el ángel iba furioso, rojo y murmurando insultos…

Pink Halo seguía caminando varios pasos adelante, rápido y furioso, murmurando insultos por lo bajo mientras intentaba ignorar el calor insoportable que todavía tenía en la cara.

Detrás suyo, el celular de Aleksander empezó a sonar.

El vampiro observó el nombre en la pantalla y atendió.

—Habla.

La voz de Leónidas sonó inmediatamente del otro lado.

—Hola, Alek. Lamento molestar tu luna de miel, pero estoy revisando la base de datos de SweetParck.

Aleksander levantó apenas una ceja mientras seguía caminando.

—¿Y?

—Hay unas cuantas transacciones… dudosas.

La sonrisa relajada desapareció lentamente del rostro de Aleksander.

—Sin fecha. Sin recibos. Sin rastros fáciles de seguir —continuó Leónidas—. Y están increíblemente bien ocultas. Como si quien lo hizo supiera exactamente cómo borrar todo.

El tono de Aleksander cambió al instante.

Frío.

Seco.

Peligroso.

—Nombre.

—Todavía no tengo uno, hermano. Pero sabes que soy el mejor en esto.

Silencio.

Aleksander observó a Pink unos metros adelante.

El ángel seguía adelantándose furioso sin darse cuenta de nada.




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