Pink Halo

18. Alitas de pollo y rosas.

Pink Halo estaba sentado en la mesa, con los brazos cruzados y una expresión tan hostil, que parecía capaz de partir en dos la enorme fuente de frutas ubicada en el centro.

Y honestamente...

Probablemente podía hacerlo.

El restaurante era ridículamente elegante.

Luces tenues.

Velas aromáticas con olor a rosas.

Manteles blancos impecables.

Y en una esquina, un demonio tocaba el piano, con una música tan empalagosa que Pink sentía cómo las náuseas del viaje en moto regresaban lentamente.

El ángel giró apenas la cabeza observando el lugar con profundo desprecio.

—Qué ambiente de telenovela barata…

Después volvió la vista hacia Aleksander.

Y se encontró con el vampiro mirándolo fijamente otra vez.

Los brazos apoyados sobre la mesa.

La copa de vino intacta.

Y esa expresión tranquila que Pink empezaba a odiar de maneras personalmente ofensivas.

Aleksander sostuvo su mirada unos segundos antes de preguntar:

—¿Te gusta?

Pink entrecerró los ojos.

—¿Qué cosa?

—El lugar.

Pink volvió a mirar alrededor.

El piano.

Las rosas.

Las velas.

El ambiente absurdamente romántico.

Después volvió lentamente la vista hacia Aleksander.

—¿Estás intentando seducirme o sacrificarme en un ritual?... prefiero la segunda.

Aleksander sonrió apenas.

—Depende de cómo termine la cena.

Pink agarró una frutilla de la fuente y se la tiró directamente a la cara.

Aleksander la atrapó antes de que lo golpeara.

El silencio llegó solo.

Pink frunció más el ceño.

—Odio que hagas eso.

Aleksander observó la frutilla entre sus dedos y luego a él.

—No parece.

Pink sintió un pequeño tic en el ojo.

—Escúchame bien, vampiro estúpido. No me gusta este lugar. No me gusta esta música. No me gustan las rosas. Y definitivamente no me gusta que me traigas a un restaurante que parece preparado para una propuesta de matrimonio.

El demonio del piano empezó justo en ese momento una melodía todavía más romántica.

Aleksander miró hacia el pianista.

El pianista, aterrorizado,falló en la melodía y dejó de tocar inmediatamente.

Pink soltó una carcajada involuntaria.

Pequeña.

Corta.

Pero real.

Y Aleksander quedó mirándolo en silencio unos segundos más de la cuenta.

Porque esa era la primera vez que veía al ángel reír sin rabia en medio.

Aleksander sonrió lentamente.

Y después, sin el más mínimo pudor, lamió la frutilla mientras sostenía la mirada de Pink Halo.

Descaradamente.

Como si quisiera provocarlo a propósito.

Lo peor era que funcionaba.

—¿Y si es una propuesta? —preguntó Aleksander con tranquilidad absoluta.

Pink, que justo estaba tomando agua, escupió todo de golpe.

—¡¿QUÉ?!

Varias personas del restaurante giraron a mirar.

Pink estaba tosiendo violentamente mientras señalaba a Aleksander como si fuera una amenaza pública.

—¡ESTÁS ENFERMO!

Aleksander sonrió todavía más.

Claramente encantado con el caos emocional que provocaba.

En ese momento, varios camareros empezaron a acercarse hacia la mesa cargando enormes bandejas plateadas.

Pink los miró desconfiado.

Después volvió rápidamente la vista hacia Aleksander.

—…No.

Aleksander apoyó tranquilamente el mentón sobre una mano.

—Sí.

Pink frunció el ceño.

—¿Ordenaste por mí, idiota?

—Sí.

Eso empeoró inmediatamente la expresión de Pink.

Porque en su cabeza ya podía imaginarlo.

Comida diminuta.

Con nombres impronunciables y estúpidos.

Decoraciones ridículas.

Alguna cosa viva servida sobre humo extraño y flores.

Pink se paró de golpe indignado.

—Seguro debe de ser horrible.

Los camareros comenzaron a destapar las bandejas una por una.

Y el restaurante entero se llenó de olor a comida recién hecha.

Pastas.

Patatas fritas.

Hamburguesas enormes.

Pollo asado.

Pan caliente.

Salsas.

Queso derretido.

Pink quedó completamente quieto.

Su cerebro dejó de funcionar otra vez.

Los aromas le golpearon directo en el alma.

Aleksander levantó apenas una ceja observando atentamente su reacción.

Pink intentó mantener la dignidad.

De verdad lo intentó.

Pero sus alas aparecieron apenas un segundo detrás suyo moviéndose involuntariamente antes de desaparecer otra vez.

Aleksander vio eso.

Y tuvo que contener la sonrisa.

Pink volvió lentamente a sentarse sin apartar los ojos de la comida.

—…

—¿Te gusta? —preguntó Aleksander otra vez.

Pink cruzó los brazos inmediatamente.

—No.

Su estómago rugió tan fuerte que hasta el pianista lo escuchó.

Aleksander directamente soltó una risa baja.

Pink lo señaló furioso.

—¡No saques conclusiones! ¡Mi cuerpo es un traidor!

Pink Halo intentó mantener la dignidad exactamente treinta segundos.

Después probó una alita de pollo frita bañada en salsa barbacoa.

Y ahí terminó todo.

Su orgullo agarró sus cosas, abandonó el restaurante y probablemente tomó un vuelo internacional para no volver jamás.

Pink quedó completamente destruido por el sabor.

—…

Masticó lentamente.

Parpadeó una vez.

Y luego agarró otra alita sin decir una palabra.

Después otra.

Y otra más.

En menos de cinco minutos ya había decidido que pelear con Aleksander podía esperar hasta después de comer.

Muy después.

Las patatas fritas desaparecieron primero.

Después las hamburguesas.

Luego las pastas.

Pink comía como si hubiera sido abandonado por la civilización durante meses y recién ahora volviera a sentarse en una mesa.




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