—Estoy muy mareado… —balbuceó Pink Halo.
Y acto seguido cayó dramáticamente sobre una enorme cama de terciopelo rosa.
Literalmente se dejó caer de cara.
Aleksander lo observó desde el otro lado de la habitación con una expresión que rara vez aparecía en él: Histeria contenida.
El vampiro se dejó caer lentamente en uno de los sillones del penthouse y se pasó una mano por la cara.
Porque había tenido que luchar físicamente con el ángel durante medio camino.
Primero para que no intentara “sentir el viento” soltándose de la moto a toda velocidad.
Después para que dejara de discutir con un semáforo.
Y finalmente para cargarlo al hombro hasta la habitación mientras Pink insultaba a las plantas decorativas del hotel.
Llevarlo al ala de empleados era imposible.
Sería un escándalo absoluto.
Pink se revocó entre las sabanas y acaricio el terciopelo.
-¿Porque es todo tan rosado y esponjoso...? -susurro el angel agarrándose la cabeza.
Es que Aleksander había notado su fascinación por ese color y mandó a redecorar todo el penthouse.
—Me duele el estómago… —murmuró Pink abrazando una almohada peluda .
Aleksander cerró los ojos un segundo intentando conservar la poca paciencia que le quedaba.
—Te bajaste montañas de comida y después le robaste una botella de sake a un súcubo de la mesa de al lado.
Pink abrió un ojo apenas.
—Él no la estaba usando.
—Pink.
—Además me miró feo.
—Porque le robaste el alcohol.
Pink ignoró completamente eso y volvió a hundirse contra la cama.
La enorme camisa negra de Aleksander estaba arrugada y torcida después de toda la pelea en la moto.
Una pierna quedó atrapada entre las almohadas rosadas mientras el ángel acariciaba distraídamente la seda de las sábanas.
—Qué vampiro exagerado… —gritó desde la cama con voz borracha.
Después abrazó todavía más fuerte el almohadón peludo. —Es rosa…
Aleksander levantó apenas la vista.
Pink sonrió apenas, ya medio dormido.
—Me gusta… Y cerró los ojos.
Un silencio peligroso cayó en ese momento.
Aleksander se quedó mirándolo inmóvil.
Porque esa escena era tan absurdamente dulce que por un momento parecía imposible relacionarla con el mismo ser que gritaba, golpeaba gente y amenazaba con incendiar edificios cada quince minutos.
Pink, relajado y medio dormido entre almohadas rosadas, se veía…
Perfecto.
Demasiado perfecto.
Aleksander sintió calor subirle al rostro y desvió la mirada inmediatamente, incómodo consigo mismo por primera vez en muchísimo tiempo.
Se aclaró la garganta.
Intentó actuar normal.
No funcionó.
Porque cuando volvió a mirar hacia la cama, Pink seguía abrazando el almohadón con expresión tranquila mientras pequeñas plumas rosadas aparecían alrededor suyo lentamente.
Aleksander se quedó completamente quieto.
Y pensó algo peligrosísimo.
Quiero quedármelo.
Aleksander se acercó lentamente a la cama.
El silencio de la habitación era suave ahora.
Apenas el sonido distante de la ciudad atravesando las enormes ventanas del penthouse lujoso.
Pink seguía medio dormido entre las almohadas rosadas.
Cabello desordenado.
La camisa negra enorme cayéndole de un hombro.
Y pequeñas plumas rosas flotando alrededor suyo como si incluso dormido no pudiera contener del todo su naturaleza celestial.
Aleksander se inclinó despacio hacia él.
Tan cerca que podía sentir el calor de su respiración.
Por un segundo pensó que estaba completamente perdido.
Porque quería besarlo otra vez.
Y eso era una locura incluso para alguien como él.
Entonces Pink Halo abrió lentamente los ojos.
Rosa brillante al principio.
Somnolientos.
Confundidos.
Pink lo observó desde abajo unos segundos en silencio.
Aleksander se preparó automáticamente para lo peor.
Un golpe...
Un insulto...
Tal vez ambas cosas juntas.
El orden realmente no importaba demasiado con Pink.
Pero el ángel hizo algo completamente distinto.
Agarró lentamente la camisa de Aleksander.
Y lo jaló hacia él.
El beso fue inmediato.
Brusco.
Y cargado de una energía tan inmensa que las luces de la habitación titilaron violentamente.
Una corriente de aire atravesó la habitación levantando las enormes cortinas mientras una presión celestial llenaba el lugar.
Aleksander sintió el calor recorrerle el cuerpo entero.
No era dolor.
Era algo muchísimo más extraño y abrumador.
Como si una luz imposible estuviera envolviendo lentamente algo muerto hacía siglos dentro suyo.
Y al mismo tiempo… Paz.
Una paz tan profunda que casi dolía.
Los labios se separaron apenas.
Y Aleksander volvió a verlo.
Los ojos verde jade de Pink.
Brillando otra vez.
Antiguos.
Divinos.
Hermosos.
El vampiro quedó completamente maravillado observándolo.
Pink tardó exactamente dos segundos en darse cuenta de lo que acababa de hacer.
Y el color explotó en su rostro inmediatamente.
—Mierda.
Una luz rosa inmensa envolvió su cuerpo de golpe.
La energía mágica recorrió toda la habitación y un destello suave iluminó las paredes.
Entonces aparecieron.
Sus alas.
Enormes.
Rosadas.
Absolutamente hermosas.
Se desplegaron detrás de Pink con una delicadeza irreal mientras plumas suaves flotaban lentamente alrededor de ambos.
Aleksander quedó inmóvil.
Porque ahora podía entenderlo.
La sensación de electricidad.
La presión divina.
La belleza imposible.
Pink no estaba simplemente escondiendo sus alas.
Estaba ocultando algo demasiado celestial para este mundo.
El ángel respiró apenas agitado unos segundos más antes de que toda esa energía lo consumiera.
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Editado: 24.07.2026