Pink Halo

20. Esponjosas

Un rayo de luz atravesó lentamente las enormes cortinas del penthouse y cayó directo sobre el rostro de Pink Halo.

El ángel gruñó molesto y se frotó los ojos.

Después se acomodó otra vez entre las sábanas.

Porque estaba increíblemente cómodo.

Demasiado cómodo.

Todo era suave, cálido y acogedor.

El almohadón peludo seguía atrapado entre sus brazos y algo firme detrás suyo desprendía un calor tranquilo que lo hacía querer seguir durmiendo por siglos.

Pink suspiró apenas y volvió a cerrar los ojos.

Entonces su cerebro despertó.

De golpe.

Pink abrió los ojos inmediatamente. Y encontró a Aleksander abrazándolo desde atrás.

Silencio.

Pink se sentó tan rápido que casi se enredó con las sábanas.

El movimiento hizo que otro rayo de sol atravesara la habitación y cayera sobre Aleksander.

El cabello oscuro del vampiro brilló en tonos carmesí suavemente bajo la luz de la mañana.

Sedoso.

Perfectamente despeinado.

Y por un instante, Pink simplemente se quedó mirándolo.

Aleksander abrió un ojo apenas y sonrió con esa tranquilidad insoportable.

—¿Te gusta lo que ves?

Pink se puso rojo inmediatamente.

—¡C-cállate!

Pero justo cuando iba a seguir gritándole, Aleksander hizo una pequeña expresión de molestia al recibir la luz en los ojos.

Pink reaccionó antes de pensar.

Se movió rápidamente y se puso frente a él tapando el rayo de sol.

Aleksander lo observó unos segundos claramente sorprendido.

Después sonrió apenas más.

—Soy un vampiro muy antiguo… mi sangre es pura. No tengo problemas con el sol.

Pink abrió la boca indignado.

—¡Entonces no hagas esa cara dramática de dolor !

Aleksander soltó una pequeña risa.

Y en ese instante…

Las alas de Pink se desplegaron detrás suyo.

Enormes.

Rosadas.

Majestuosas.

Las plumas brillaron suavemente bajo la luz de la mañana ocupando casi toda la habitación.

Pink se congeló.

El color desapareció completamente de su rostro.

Giró lentamente la cabeza hacia atrás.

Y vio sus alas ahí.

Reales. Visibles. Descubiertas.

El terror lo atravesó de inmediato.

Después de tantos años ocultándolas.

Escondiéndolas.

Forzando su poder hacia adentro hasta casi romperse a sí mismo…

Ahí estaban.

Libres.

Pink retrocedió un paso respirando agitado mientras las alas reaccionaban a su miedo moviéndose inquietas detrás suyo.

—No…

Su voz salió apenas rota.

—No, no… esto no…

Aleksander se incorporó lentamente en la cama observándolo en silencio.

Pink intentó hacerlas desaparecer.

Nada pasó.

La desesperación empezó a subirle al pecho.

—¿Por qué no se van…?

Sus manos temblaban.

Las plumas rosas caían lentamente alrededor de él mientras el poder celestial todavía vibraba débilmente en el aire de la habitación.

Y Aleksander entendió algo horrible en ese momento.

Pink no había ocultado sus alas porque quisiera.

Las había reprimido durante tanto tiempo… que ahora ya no sabía cómo soltarlas sin miedo.

Aleksander se levantó apenas de la cama y tomó suavemente la mano de Pink Halo.

Las enormes alas rosadas seguían moviéndose inquietas detrás del ángel, llenando la habitación de plumas suaves y destellos de luz.

Aleksander sostuvo su mirada.

—Estoy aquí contigo, angelito.

La voz salió extrañamente tierna.

Y eso fue un error.

Porque Pink explotó inmediatamente.

—¡Esto es tu culpa, maldito vampiro! —gritó con todas sus fuerzas mientras tironeaba de su mano—. ¡¿Qué mierda me hiciste?!

Aleksander levantó apenas una ceja.

—¿Yo?

Pink estaba demasiado furioso para responder enseguida.

Porque recién en ese momento notó algo muchísimo peor.

Aleksander estaba sentado sobre la cama… con los abdominales completamente descubiertos.

Pink se quedó mirándolo.

Un segundo.

Dos.

Demasiados segundos.

Aleksander sonrió lentamente al notarlo.

—¿Terminaste de inspeccionarme?

Pink se puso rojo de golpe.

—¡¿Y POR QUÉ ESTÁS DESNUDO?!

—Esta es mi cama.

—¡ESO NO RESPONDE NADA!

Aleksander parecía peligrosamente divertido otra vez.

-¿Que hicimos?... Nosotros... ¿hicimos eso ?

Pink empezó a mirar hacia todos lados desesperado buscando una salida emocional, espiritual y física de esa habitación infernal.

—¡Me voy!

Se giró inmediatamente y caminó furioso hacia la puerta mientras sus enormes alas casi tiraban una lámpara en el proceso.

Agarró el picaporte decidido a escapar.

Entonces Aleksander habló tranquilamente detrás suyo.

—Claro… sal así.

Pink se quedó quieto.

—Con esas alas enormes y esponjosas.

Silencio.

—Así todos van a saber quién es Pink Halo.

Pink se congeló completamente.

La mano siguió aferrada al picaporte mientras lentamente bajaba la vista.

-Mierda. Mierda. Mierda -maldicio Pink entre dientes.

Las alas seguían ahí.

Gigantes.

Rosadas.

Y prácticamente imposibles de ocultar.

El ángel apretó los dientes frustrado mientras las plumas temblaban apenas detrás suyo reaccionando a su estrés.

Y ahí entendió la horrible realidad.

No podía irse.

No así.

No hasta descubrir qué demonios había pasado con sus poderes.

Pink apoyó lentamente la frente contra la puerta derrotado.

—…Te odio tanto.

Aleksander sonrió apenas detrás de él.

—Lo sé, lo has dicho más de una vez.

Pink giró apenas la cabeza todavía completamente rojo y furioso.

—Y deja de decirles “esponjosas”.

Aleksander observó las alas enormes ocupando media habitación.

Después volvió la vista hacia él con total tranquilidad.

—Pero son esponjosas.

Pink hizo un sonido indignado absolutamente inhumano.




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