Aleksander observaba la escena desde la cama con un aburrimiento elegante digno de siglos de experiencia.
Mientras tanto, Pink Halo llevaba cuarenta minutos sentado en el piso intentando ocultar sus alas.
Sin éxito.
Absolutamente ningún éxito.
Las enormes alas rosadas seguían ahí desplegadas detrás suyo ocupando media habitación como una cruel decoración celestial.
Pink respiró profundo otra vez.
Cerró los ojos.
Intentó concentrarse.
Las alas apenas se movieron.
Después una lluvia de plumas explotó por toda la suite.
Aleksander levantó una ceja.
—Bueno. Técnicamente eso sí fue un cambio.
Pink lo ignoró violentamente.
Volvió a intentarlo.
Nada. Otra vez.
—Tal vez si les hablas con cariño…
—CÁLLATE.
Cinco minutos después:
—¿Probaste amenazarlas? Por lo general te funciona.
—¡ALEKSANDER!
Diez minutos después:
—Personalmente creo que combinan muy bien con la habitación rosa.
Pink hizo un ruido asesino.
Ahora, cuarenta minutos más tarde, el ángel estaba al borde del colapso mental y Aleksander seguía opinando.
-Podriamos cubrirla con una sábana.
—¡MALDICIÓN!
Pink se puso de pie de golpe.
Las alas se extendieron todavía más por puro estrés y varias plumas salieron volando directamente a la cara de Aleksander.
El ángel caminó furioso hacia la cama y apoyó ambas manos a los lados del vampiro atrapándolo contra el respaldo.
—¡¿No tienes cosas estúpidas de vampiro para hacer ?!
Aleksander levantó lentamente la vista hacia él.
La imagen era honestamente peligrosa.
Pink despeinado.
Rojo de furia.
Las enormes alas rosadas abiertas detrás suyo.
Y usando todavía una de sus camisas.
Aleksander apoyó tranquilamente un brazo sobre la almohada.
—Las estoy haciendo.
Pink frunció el ceño.
—¿Qué?
La sonrisa lenta volvió a aparecer.
—Estoy molestando a un ángel.
Pink abrió la boca indignado.
Y una de sus alas golpeó accidentalmente una lámpara haciéndola caer al piso.
CRASH.
Silencio.
Pink lentamente miró la lámpara destruida.
Después volvió la vista hacia Aleksander.
—…La odio.
—¿La lámpara?
—¡LAS ALAS!
Aleksander observó cómo las alas reaccionaban exactamente igual que Pink cada vez que se alteraba.
Inquietas.
Expresivas.
Hermosas.
—No parecen odiarte a ti.
Eso hizo que Pink se quedara quieto apenas un segundo.
Y Aleksander lo notó enseguida.
Había algo ahí.
Algo más profundo que simple vergüenza.
Miedo.
Culpa.
Como si Pink realmente creyera que esas alas eran un problema.
Aleksander alzó lentamente una mano y rozó apenas una de las plumas gigantes.
La reacción fue inmediata.
Las alas se estremecieron completas.
Y Pink también.
El ángel se agarró inmediatamente del borde de la cama mirando al vampiro completamente ofendido.
—¡Deja de tocar mis alas!
Aleksander levantó apenas la vista hacia él.
—Entonces deja de ponerlas encima mío.
Pink miró hacia atrás.
Una de sus alas literalmente estaba rodeando parcialmente a Aleksander como un gato posesivo gigante.
Silencio.
Pink se puso rojo otra vez.
—…Traidoras.
Aleksander observó a Pink Halo sentarse en silencio unos segundos más.
El ángel seguia rodeado de plumas rosas mientras sus alas enormes se movían inquietas detrás suyo.
—¿Cómo las ocultaste la última vez?
—preguntó Aleksander finalmente—. Tengo entendido que los ángeles comunes no lo hacen .
Pink levantó la vista enseguida.
Normalmente habría respondido con un insulto.
O un grito... o ambas cosas.
Pero esta vez no.
El silencio cayó lentamente sobre la habitación.
Pink bajó la mirada hacia un punto inexistente de la pared.
Y habló.
—Vine a la Tierra escapando del cielo.
Aleksander se quedó completamente quieto.
La voz de Pink sonaba distinta.
Más baja.
Más cansada.
—Los otros ángeles… no eran buenos conmigo.
Las alas se tensaron apenas detrás suyo.
Aleksander lo observó atentamente sin interrumpirlo.
Pink siguió mirando al vacío.
—Hubo un día que varios me persiguieron durante horas. Querían…
Y se detuvo.
El silencio se volvió pesado.
Aleksander se acercó lentamente hasta quedar frente a él y le sonrió apenas.
Una sonrisa suave.
Sin burlas.
Pink parpadeó sorprendido.
Y se sonrojó apenas por reflejo.
—No soy un ángel común —murmuró finalmente—. Mis alas son rosadas… eso es extremadamente raro.
Una pluma cayó lentamente entre ambos.
—Y los otros ángeles querían…
La voz se le cortó.
Pink bajó la cabeza.
Sus manos se cerraron sobre la tela de la camisa.
Aleksander esperó.
—Querían...
Tragó saliva.
Las alas se tensaron detrás suyo.
—Yo...
No pudo terminar.
El recuerdo le golpeó demasiado rápido.
Las voces.
Las persecuciones.
El miedo.
Pink se cubrió los ojos con una mano.
Intentó respirar profundo.
Intentó controlarse.
Intentó seguir hablando.
Y entonces se quebró.
Empezó a llorar.
No en silencio.
No apenas unas lágrimas.
Lloró de verdad.
Como si hubiera estado conteniendo todo durante demasiado tiempo.
Las alas temblaron violentamente detrás suyo mientras la luz rosada comenzaba a filtrarse entre las plumas.
Aleksander abrió apenas los ojos sorprendido por esa reacción tan cruda.
Porque Pink siempre gritaba.
Se enojaba.
Golpeaba cosas.
Pero nunca se rompía así.
El vampiro se acercó inmediatamente y lo abrazó.
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Editado: 24.07.2026