Pink Halo

22. Muérdeme, por favor

El clima se tensaba en el lujoso penthouse de SweetParck.

Pink Halo frunció el ceño inmediatamente.

La furia ya estaba regresando a toda velocidad.

—¡¿Felices?! ¿Qué clase de estupidez—?!

—Bueno —lo interrumpió Aleksander antes de que empezara a gritar de verdad—. ¿Cómo las ocultaste antes?

Pink abrió la boca para seguir peleando.

Pero se detuvo.

La expresión en su rostro cambió enseguida mientras empezaba a pensar seriamente.

—Yo… —murmuró mirando hacia abajo—. Siempre podía hacerlo cuando estaba muy cansado.

Aleksander inclinó apenas la cabeza interesado.

Pink siguió hablando lentamente.

—Los otros ángeles no pueden hacer eso.

—Ah… qué interesante.

Pink quedó quieto apenas un segundo más.

Y entonces algo hizo clic dentro de su cabeza.

Sus ojos se abrieron enormes.

—¡Muérdeme!

Aleksander parpadeó sorprendido.

-¿Qué?

Pink agarró inmediatamente su brazo con ambas manos acercándose desesperado.

—¡Si me dejas sin energía voy a estar lo suficientemente cansado para ocultarlas!

El entusiasmo en su voz era demasiado genuino. Demasiado desesperado.

Y eso hizo que algo dentro de Aleksander se tensara inmediatamente.

Porque Pink no sonaba como alguien haciendo una locura impulsiva.

Sonaba como alguien acostumbrado a agotarse hasta romperse.

Como si vaciarse por completo fuera normal para él.

Aleksander observó en silencio las manos del ángel aferradas a su brazo.

Después levantó lentamente la vista hacia sus ojos rosados todavía húmedos.

Y pensó algo peligroso.

Ese ángel está demasiado herido como para pedir esto tan fácilmente.

La sonrisa desapareció completamente de su rostro.

—No.

Pink quedó congelado.

—¿Qué?

—No voy a hacerlo.

El ángel lo miró incrédulo.

—¡¿Por qué no?!

Aleksander soltó suavemente su agarre y se levantó.

—Porque no quiero vaciarte de energía solo para que vuelvas a esconderte.

Pink abrió más los ojos.

—¡No entiendes! ¡No puedo salir así!

Las alas se movieron violentamente detrás suyo.

—¡Todos van a verlo! ¡Van a saber lo que soy!

—Ya lo sé.

Pink se quedó callado de golpe.

Aleksander lo observó unos segundos más antes de hablar.

—Y no cambió nada.

Eso golpeó a Pink más fuerte de lo esperado.

El ángel apartó la mirada inmediatamente.

Porque no sabía qué hacer con alguien que no reaccionaba con miedo.

O rechazo.

O crueldad.

Aleksander volvió a acercarse lentamente.

—No voy a lastimarte para arreglar algo que claramente no está roto.

Pink apretó los dientes.

—¡Pero yo no quiero ser así!

La habitación quedó completamente en silencio.

Y Aleksander entendió finalmente la verdadera dimensión del problema.

Pink no estaba asustado solo de ser descubierto.

Él odiaba una parte de sí mismo.

Pink Halo agarró la mano de Aleksander con fuerza.

Después se sonrojó inmediatamente, como si odiara profundamente tener que hacer eso.

Bajó apenas la mirada.

—Por… favor…

La última palabra salió casi en un susurro.

Y honestamente…

Eso fue muchísimo más peligroso para Aleksander que todos los gritos anteriores juntos.

El vampiro lo observó unos segundos en silencio. Después asintió apenas.

—Bueno...

Pink soltó el aire aliviado.

Aleksander bajó la mirada hacia su cuello.

A la marca.

A la piel.

Al pulso.

Y por primera vez en varios segundos no encontró ninguna respuesta inteligente para decir.

Porque tenía hambre.

Demasiada.

—Aleksander...

El vampiro desapareció.

Y apareció directamente al lado suyo.

Los colmillos atravesaron su cuello inmediatamente.

—¡¿PERO QUÉ MIERDA?!

Pink gritó completamente sorprendido mientras se agarraba de la camisa del vampiro por reflejo.

Aleksander había estado conteniendo su sed demasiado tiempo.

El olor del ángel.

La energía divina.

La cercanía constante.

Todo lo había llevado lentamente al límite.

Y ahora estaba mordiendo con una desesperación mucho menos elegante de la que normalmente permitiría.

Pink sintió inmediatamente cómo las fuerzas abandonaban su cuerpo.

Las piernas le temblaron apenas.

Las enormes alas rosadas perdieron un poco del brillo intenso que las envolvía.

Varias plumas cayeron lentamente al piso.

Pero no era suficiente.

Aleksander se separó de golpe respirando más pesado de lo normal.

Sus ojos rojos brillaban intensamente mientras intentaba recuperar el control.

Pink se sostuvo de él tambaleándose.

Después lo miró indignado.

—¡Ah, estúpido! ¡Eso fue muy rápido!

Aleksander frunció el ceño.

—¿Disculpa?

Pink señaló furioso sus alas todavía visibles.

—¡Siguen ahí!

—Porque no voy a drenarte hasta dejarte inconsciente.

Pink bufó frustrado.

—¡Tienes que morder con ganas!

Silencio.

Aleksander lo observó completamente incrédulo.

—Eres oficialmente el ser más problemático que conocí en siglos.

Pink cruzó los brazos como pudo mientras seguía medio débil.

—Y tú eres un vampiro mediocre.

Eso hizo que algo peligrosísimo apareciera en la mirada de Aleksander.

El vampiro se acercó lentamente otra vez.

—¿Mediocre?

Pink tragó saliva apenas.

Pero siguió hablando porque su instinto de supervivencia claramente no funcionaba bien.

—Sí. Un vampiro de verdad ya habría solucionado esto.

Aleksander sonrió.

No una sonrisa amable.

Una sonrisa peligrosa.

—Angelito… no tienes idea de lo que estás provocando.

Pink abrió la boca para seguir discutiendo.

Entonces Aleksander volvió a agarrarlo de la cintura.

Y esta vez el ángel sintió inmediatamente que algo era distinto.




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