La puerta del penthouse se abrió de golpe.
Aleksander entró sin detenerse.
Su mirada recorrió inmediatamente toda la habitación.
La cama.
Los sillones.
La bandeja de comida.
La nota rosa que había dejado.
Todo seguía ahí.
Pero Pink no.
El silencio era insoportable.
Aleksander caminó lentamente por la habitación buscando cualquier cosa.
Una pista.
Un rastro.
Algo.
Pero no había señales de lucha.
Ni sangre.
Ni magia residual que pudiera seguir.
Nada.
Hasta que sus ojos encontraron algo sobre el suelo.
Plumas.
Pequeñas plumas.
Sin color.
Desgastadas.
Como si hubieran perdido toda su luz.
Había algunas junto a la cama.
Otras cerca de la ventana.
Y varias sobre las sábanas rosadas.
Aleksander se quedó inmóvil observándolas.
Por primera vez en milenios...
Sintió miedo.
No el miedo de una batalla.
No el miedo a morir.
Algo mucho peor.
El miedo a perder a alguien.
La habitación pareció volverse demasiado grande.
Demasiado vacía.
Y de repente recordó a Pink dormido entre aquellas almohadas.
Discutiendo por cualquier cosa.
Insultándolo.
Comiendo como si el mundo fuera a acabarse.
El pecho le dolió.
Aleksander cerró los ojos apenas un segundo.
Después se agachó.
Y tomó una de las plumas.
O intentó hacerlo.
Porque apenas la punta de sus dedos rozó aquella pluma apagada...
Una explosión de luz inundó la habitación.
—¿Qué...?
El destello fue tan intenso que Aleksander tuvo que cubrirse los ojos con el brazo.
La luz rosada atravesó todo el lugar.
Las cortinas se agitaron violentamente.
Los espejos vibraron.
El aire mismo pareció llenarse de energía celestial.
Después...
Tan repentinamente como había comenzado...
La luz disminuyó.
Aleksander bajó lentamente el brazo.
Y observó.
Las plumas.
Todas las plumas.
Las del suelo.
Las de la cama.
Las de las almohadas.
Comenzaron a elevarse.
Girando lentamente alrededor suyo.
Una. Dos. Diez. Decenas.
Como pequeñas estrellas rosadas despertando después de un largo sueño.
El vampiro observó maravillado.
Las plumas comenzaron a girar más rápido.
Formando una espiral luminosa alrededor de él.
Y por un instante...
Juraría haber escuchado una risa.
Una voz.
Algo cálido.
Algo que le recordó a Pink.
Entonces todas las plumas se dirigieron hacia la ventana.
De golpe.
Como si obedecieran una orden.
Como si supieran exactamente adónde ir.
La ventana se abrió violentamente.
Y la corriente de plumas salió disparada hacia el cielo.
Aleksander se acercó inmediatamente.
Observándolas alejarse.
Marcando una dirección.
Un camino.
Y comprendió.
Aquello no era magia común.
Ni siquiera parecía algo consciente.
Era algo más profundo.
Más antiguo.
Las alas de Pink.
La energía de Pink.
Lo estaban llamando.
Mostrándole el camino.
Guiándolo de regreso hacia su dueño.
Una sonrisa apareció lentamente en el rostro del vampiro.
La primera desde que había desaparecido Pink.
—Así que estás intentando volver a casa...
La voz salió apenas como un susurro.
Aleksander observó las plumas desaparecer en el horizonte.
Y sus ojos rojos brillaron.
—Aguanta un poco más, angelito.
La habitación quedó vacía un segundo después.
Porque Aleksander ya había desaparecido.
Siguiendo el rastro de aquellas plumas rosadas.
Siguiendo el llamado de un corazón que ni siquiera sabía que estaba respondiendo.
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Editado: 24.07.2026