El eco de unos gritos violentos atravesó la oscuridad.
—¡¡Me dijeron que tenían un ángel!!
La voz era profunda.
Antigua.
Y tan poderosa que las paredes metálicas parecieron vibrar.
Pink Halo abrió los ojos de golpe.
Un dolor punzante le atravesó la cabeza.
Durante unos segundos no entendió dónde estaba.
Después lo vio.
Los barrotes.
Hierro negro.
Runas grabadas en el metal.
Una jaula.
Una verdadera jaula.
Como si fuera un animal raro.
Una criatura exótica.
Algo para exhibir.
Pink apretó los dientes.
La humillación le quemó el pecho.
—Señor, sí es un ángel.
Esa voz.
Pink la reconoció inmediatamente.
El encargado.
El mismo hombre que durante años le había dado órdenes y vigilado cada error.
—¿Y dónde están sus alas? —rugió la voz desconocida.
—Las ocultó.
Pink giró la cabeza.
Y reconoció la segunda voz.
Jinnx.
El demonio estaba apoyado contra una pared con una sonrisa desagradable.
Como si estuviera disfrutando de todo aquello.
La rabia recorrió el cuerpo de Pink.
Ellos.
Los dos.
Lo habían engañado.
Habían aprovechado el peor momento posible.
Su miedo.
Su tristeza.
Su desesperación.
Pink recordó perfectamente el instante en que tomó la mano de Jinnx.
Recordó las palabras.
"Ya no tienes un hogar aquí."
Y después...
Recordó algo peor.
Aleksander.
La mentira.
SweetParck.
El hecho de que era el dueño de todo.
El hecho de que nunca se lo dijo.
Otra punzada atravesó su pecho.
Mucho más dolorosa que las cadenas.
Mucho más dolorosa que la jaula.
Pink bajó la cabeza.
Y por un instante deseó no sentir nada.
No pensar.
No recordar.
Pero entonces escuchó otra vez aquella voz profunda.
—Inútiles.
Todos quedaron en silencio inmediatamente.
Pasos.
Lentos.
Pesados.
Algo enorme avanzaba desde la oscuridad.
Pink levantó la vista.
Y vio una silueta.
Alta.
Demasiado alta.
Con cuernos oscuros que casi rozaban el techo del almacén.
Los ojos brillaban como brasas encendidas.
Y la sonrisa que apareció en su rostro hizo que incluso Jinnx se pusiera nervioso.
—¿Todo este problema...?
La criatura observó la jaula.
Observó a Pink.
Y frunció el ceño.
—¿Por esto?
El encargado tragó saliva.
—Señor, es un ángel raro...
—No veo alas.
—Las tenía.
—No las veo.
El silencio volvió a caer.
Pink se abrazó las rodillas.
Agotado.
Vacío.
Derrotado.
La criatura lo observó unos segundos más.
Y entonces sonrió de una forma extraña.
—Mírame.
Pink no respondió.
—Te di una orden.
La voz hizo temblar la jaula.
Lentamente, Pink levantó la cabeza.
Los ojos rosados apagados encontraron los de aquella criatura.
Y algo cambió.
Porque el demonio dejó de sonreír.
—Oh...
Se acercó un paso. Interesado.
—Ahora entiendo.
Pink sintió un escalofrío.
—No son las alas lo raro.
Jinnx parpadeó confundido.
—¿Señor?
La criatura no le prestó atención.
Seguía observando a Pink.
Como si acabara de descubrir algo valiosísimo.
Algo peligroso.
—¿Quién te hizo esto, pequeño ángel?
Pink no entendió la pregunta.
Pero ese ser sí parecía entender lo que estaba viendo.
Aquellos ojos apagados.
Aquella luz desaparecida.
Aquella tristeza imposible de ocultar.
Y por primera vez desde que llegó...
La criatura dejó de mirar a Pink como una mercancía.
Y empezó a mirarlo como un misterio.
Esto... pensó la criatura mientras observaba a Pink Halo.
Después negó con la cabeza.
—Son unos estúpidos.
El encargado y Jinnx se miraron confundidos.
De repente una de las extremidades de aquella criatura se alargó de forma antinatural.
Atravesó la distancia.
Y agarró a Pink por la camisa.
Lo arrastró violentamente contra los barrotes.
CLANG.
Pink soltó un quejido de dolor.
—¡Suéltame!
La criatura ignoró completamente el reclamo.
Acercó el rostro al cuello del ángel.
Y señaló la marca de la mordida.
—¿Vieron esto, inútiles?
El ambiente cambió inmediatamente.
La sonrisa de Jinnx desapareció.
El encargado frunció el ceño.
—¿Qué tiene?
La criatura los observó como si fueran idiotas.
—¿En serio tengo que explicarlo?
Nadie respondió.
—No hago negocios con cosas que haya tocado un vampiro.
Silencio.
El encargado se acercó lentamente a la jaula.
Miró la marca.
Después volvió a mirar a Pink.
—Pero qué mierda...
Jinnx tampoco entendía.
—¿Y eso qué importa? -espeto el demonio.
La criatura soltó una carcajada seca.
—Porque algunos vampiros son problemas. Luego señaló la mordida otra vez. —Y otros son catástrofes.
El encargado sintió un escalofrío.
La verdad era que ni siquiera él sabía que Aleksander era un vampiro.
Había trabajado años para él.
Lo había visto dirigir SweetParck.
Lo había visto negociar.
Dar órdenes.
Castigar empleados.
Pero jamás había sospechado algo así.
—No...—murmuró.—No puede ser...
La criatura sonrió.
—Oh, sí puede.
Volvió a observar a Pink.
Ahora con algo parecido a compasión.
O tal vez prudencia.
Porque entendía perfectamente lo que significaba aquella marca.
Y entendía algo todavía peor.
Que el dueño de esa marca probablemente ya estuviera buscando.
Y cuando encontrara este lugar...
Nada quedaría en pie.
La criatura soltó a Pink.
El ángel cayó nuevamente dentro de la jaula.
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Editado: 24.07.2026