Pink Halo

28. El despertar de las sombras

La cadena tintineó de repente.

CLANG.

Pink Halo bajó la vista sorprendido.

No había recordado que seguía atado.

Antes de que pudiera reaccionar, Jinnx tiró con fuerza.

Pink perdió el equilibrio. Y cayó de espaldas contra el suelo de concreto.

El impacto le arrancó el aire de los pulmones.

Pero lo peor no fue eso.

Lo peor fue el dolor que sintió en el lugar donde deberían estar sus alas.

Aquel espacio vacío.

Aquella ausencia.

Y con ella volvió el recuerdo.

Aleksander.

La nota rosa.

La sonrisa del vampiro.

La mentira.

El abandono que creyó haber sufrido.

El pecho volvió a dolerle.

Mucho.

Jinnx siguió arrastrándolo fuera de la jaula.

—Vamos, angelito.

Pink no respondió.

—Muéstrame esas alas.

Nada.

El demonio frunció el ceño.

Y le dio una patada.

Pink se encogió sobre sí mismo.

Otra.

Y otra más.

—¡Vamos, Pink!

Otra patada.

—¡Saca esas alitas!

Pink seguía sin responder.

Sin insultar.

Sin golpear.

Sin siquiera mirarlo.

Solo se hacía más pequeño sobre el suelo.

Protegiéndose.

Como si ya no quedara nada por defender.

Eso terminó enfureciendo aún más a Jinnx.

—¡Esto no es divertido si no te resistes!

Lo agarró de la camisa.

Y le dio un puñetazo en la cara.

La cabeza de Pink se sacudió hacia un lado.

Un hilo de sangre apareció en la comisura de sus labios.

—¿Ahora qué?

Jinnx volvió a levantar el puño.

—¿Ahora sí vas a pelear?

Pink apenas abrió los ojos.

No.

No quería pelear.

No quería hablar.

Solo quería que todo terminara.

El demonio sonrió.

Y preparó otro golpe.

Entonces...

Una voz surgió desde la oscuridad.

Tranquila.

Profunda.

Peligrosamente calmada.

—Yo no haría eso si fuera tú.

Todo quedó en silencio.

Jinnx se congeló.

El puño todavía suspendido en el aire.

Lentamente giró la cabeza.

—¿Qué?

La oscuridad al otro extremo del almacén pareció moverse.

No.

No era la oscuridad.

Era alguien caminando dentro de ella.

Pasos lentos.

Seguros.

Sin apuro alguno.

Como alguien que ya sabía exactamente cómo terminaría aquella situación.

Pink escuchó la voz.

Y su corazón dio un vuelco involuntario.

Porque la reconoció inmediatamente.

Aunque no quería.

Aunque todavía estaba herido.

Aunque todavía estaba confundido.

La reconoció.

—Porque si vuelves a ponerle una mano encima...

La figura avanzó otro paso.

Un brillo rojo apareció entre las sombras.

Dos ojos.

Hambrientos.

Y absolutamente furiosos.

—Voy a olvidar los modales que me enseñaron durante varios siglos.

Jinnx tragó saliva.

Por primera vez desde que empezó todo.

Sintió miedo.

Miedo real.

La figura terminó de salir de la oscuridad.

El traje impecable.

El cabello oscuro.

La expresión fría.

Aleksander.

Pero había algo distinto en él.

Algo que incluso Pink notó.

El vampiro no estaba sonriendo.

No estaba burlándose.

No estaba coqueteando.

Estaba furioso.

Y eso resultaba mucho más aterrador.

Aleksander miró primero la sangre en el rostro de Pink.

Después la cadena.

Después los moretones.

Y finalmente levantó la vista hacia Jinnx.

—Ahora... dijo con una calma escalofriante.—Aléjate de él.

La temperatura del almacén pareció descender varios grados.

Y hasta las sombras alrededor de Aleksander comenzaron a extenderse por el suelo como si estuvieran vivas.

Jinnx sonrió.

Porque claramente era un idiota.

Un idiota que no entendía cuándo debía tener miedo.

Soltó a Pink Halo de golpe.

El ángel cayó pesadamente contra el suelo.

La cadena volvió a sonar.

CLANG.

Pink apenas tuvo fuerzas para apoyar una mano y evitar golpearse peor.

—Ups... Jinnx se tapó la boca fingiendo sorpresa. —Se me cayó.

Silencio.

Un silencio horrible.

Porque nadie se rio.

Nadie habló.

Nadie respiró.

Los ojos de Aleksander permanecían fijos en Pink. En la sangre.

En los golpes.

En los moretones.

En la forma en que apenas podía mantenerse incorporado.

Y algo dentro del vampiro terminó de romperse.

Las sombras comenzaron a brotar de las paredes.

Primero lentamente.

Como humo negro.

Después más rápido.

Mucho más rápido.

Se extendieron por el suelo.

Por el techo.

Por las columnas metálicas.

Como raíces oscuras creciendo en todas direcciones.

Jinnx dio un paso atrás.

Por primera vez.

Solo uno.

La sonrisa empezó a desaparecer.

Porque la expresión de Aleksander había cambiado.

Aquella calma elegante.

Su sonrisa arrogante y divertida.

Todo había desaparecido.

Y lo que quedaba detrás era algo mucho más antiguo.

Mucho más peligroso.

La furia pura.

Aleksander dio un paso hacia adelante.

El suelo tembló.

No por fuerza física.

Por presencia y poder.

Por siglos y siglos de oscuridad comprimidos dentro de una sola criatura.

—Aleks...—murmuró Pink desde el suelo.

La voz fue apenas audible.

Pero Aleksander la escuchó.

Sus ojos se movieron hacia él un instante.

Y en medio de toda aquella ira apareció algo más.

Dolor.

Porque verlo así le dolía.

Más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Jinnx intentó recuperar su valentía.

—Oh, vamos.

Su voz sonó menos segura.

—Solo estaba jugando con él.

Las sombras reaccionaron violentamente.

Como si hubieran escuchado una ofensa.

Varias atravesaron el almacén como látigos negros.

Jinnx apenas logró esquivarlas.




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