Pink Halo

29. El corazón de un angel

Jinnx intentó sonreír.

Intentó.

Pero cada vez le costaba más.

Las sombras seguían creciendo detrás de Aleksander.

—Vamos... no será para tanto.

Aleksander no respondió.

Y eso era peor.

Mucho peor.

Porque los verdaderamente peligrosos no gritaban.

Jinnx lanzó el primer ataque.

Una llamarada demoníaca atravesó el almacén.

Las columnas explotaron.

El metal se derritió.

Pero cuando el fuego desapareció...

Aleksander seguía de pie.

Ni siquiera se había movido.

—¿Eso fue todo?

Jinnx sintió un escalofrío.

—Maldito monstruo.

Entonces atacó de verdad.

Decenas de cadenas oscuras surgieron del suelo.

Garras.

Espinas.

Magia demoníaca.

Todo al mismo tiempo.

El almacén tembló.

Las paredes se rompieron.

Pero Aleksander simplemente avanzó.

Las sombras devoraban cada ataque antes de que lo alcanzara.

Paso.

Paso.

Paso.

Como una sentencia caminando.

Mientras tanto, Pink observaba desde el suelo.

Confundido.

Dolorido.

Y todavía con el corazón roto.

Porque una parte de él seguía pensando:

"¿Y si era verdad?"

"¿Y si Aleksander realmente me ocultó todo?"

"¿Y si solo fui un juguete?"

Jinnx fue lanzado contra una pared.

La pared se derrumbó.

El demonio cayó entre los escombros escupiendo sangre.

—¡ESTÁS LOCO!

Aleksander apareció frente a él.

—Tú tocaste algo que me pertenece.

—¿Pertenece?

Jinnx soltó una carcajada nerviosa.

—¿Sabes qué es lo más gracioso? —se rio Jinnx mientras escupía sangre al suelo.

Las sombras seguían rodeándolo.

Aleksander avanzaba lentamente.

—Lo gracioso es que todo esto funcionó demasiado bien.

Pink levantó apenas la cabeza.

Jinnx sonrió más.

—Le dije que eras el dueño de SweetParck.

Los ojos de Pink se abrieron.

—Le dije que lo habías vendido.

Silencio.

—Y ni siquiera tuve que obligarlo.

—...

—Vino conmigo por su cuenta, es un estúpido.

Aleksander se detuvo.

No por miedo.

Por la expresión de Pink.

Porque el ángel parecía haberse olvidado de la pelea.

—Pink...

El ángel no respondió.

Seguía mirando a Jinnx.

—¿Mentiste?

—Claro que mentí tarado.

Jinnx soltó una carcajada.

—¿Creías que iba a secuestrarte delante de todo el hotel?

Pink sintió que el corazón le golpeaba las costillas.

—El aviso sobre el ángel existía.

—...

—Pero el vampiro no tuvo nada que ver.

La garganta de Pink se cerró.

—Él nunca te entregó.

—...

—Nunca te vendió.

—...

—Y tampoco sabía que estabas aquí.

El silencio se volvió insoportable.

Pink bajó lentamente la mirada.

Entonces recordó.

Las plumas.

La habitación.

La nota rosa.

La merienda.

Las horas que Aleksander pasó intentando ayudarlo con las alas.

Y después...

Su pecho se contrajo.

Dolió.

Pero de una forma diferente.

—Aleksander...

La voz salió rota.

Aleksander giró inmediatamente hacia él.

Toda la furia desapareció durante un segundo.

Solo un segundo.

Pero fue suficiente.

Porque Jinnx estaba esperando exactamente eso.

—IDIOTA.

El demonio sonrió.

Y atacó.

Una enorme lanza oscura surgió de entre las sombras destruidas del almacén.

Directamente hacia la espalda de Aleksander.

Pink fue el primero en verla.

—¡ALEKSANDER!

Demasiado tarde.

La lanza atravesó el costado del vampiro.

El golpe lo lanzó varios metros.

El almacén entero tembló.

Las sombras explotaron en todas direcciones.

—¡NO!

Pink intentó levantarse.

La cadena todavía atada a su tobillo lo hizo caer de rodillas.

Aleksander chocó contra una columna metálica.

La columna se dobló por el impacto.

Después cayó al suelo.

No se levantó inmediatamente.

No pudo.

Pink sintió que algo se rompía dentro suyo.

—No...—susurró.

Jinnx se rio.

—¿Ves?

—...

—Todos terminan abandonándote.

Pero esta vez las palabras no tuvieron efecto.

Porque Pink ya sabía que eran mentira.

Y esa diferencia lo cambió todo.

Miró a Aleksander.

La sangre oscura corría por su ropa.

El vampiro intentaba incorporarse.

Aun así.

Lo primero que hizo fue buscar a Pink con la mirada.

No a Jinnx.

No la herida.

A Pink.

—¿Estás... bien?

La voz salió débil.

Y eso destruyó las últimas dudas que quedaban.

Pink se quedó inmóvil.

Porque ninguna persona que quisiera deshacerse de él habría venido hasta allí.

Ninguna persona indiferente habría cruzado media ciudad para rescatarlo.

Ninguna persona que lo considerara una carga estaría preguntando eso mientras sangraba.

El pecho de Pink comenzó a arder.

Una lágrima bajó por su mejilla.

Después otra.

—Maldito vampiro...

La cadena empezó a vibrar.

Jinnx dejó de reír.

—¿Qué...?

Una luz tenue apareció alrededor de Pink.

Muy pequeña.

Casi imperceptible.

Todavía no eran alas.

Todavía no.

Pero era la primera vez desde que desaparecieron que la energía angelical respondía.

No a la tristeza.

Ni al miedo.

Sino a algo mucho más fuerte...

El amor.




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