Pink Halo

30. Explosión de energía

Las lágrimas corrían por el rostro de Pink Halo.

Pero esta vez no eran de tristeza.

Ni de miedo.

Ni de soledad.

Eran de felicidad.

Una felicidad tan intensa que le dolía el pecho.

Su corazón latía con fuerza.

Tan fuerte que parecía querer escapar de su cuerpo.

Pink bajó la vista.

Entre sus manos apareció una pequeña luz rosada.

Débil al principio.

Como la llama de una vela.

Temblorosa.

Viva.

Pink la observó maravillado.

Era hermosa.

Familiar.

Era parte de él.

Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.

Entonces cerró los dedos alrededor de aquella luz.

Y la llevó contra su pecho.

Contra su corazón.

Todo quedó en silencio.

Ni Jinnx habló.

Ni Aleksander se movió.

Ni siquiera el viento parecía existir.

Oscuridad.

Silencio.

Un único latido.

PUM.

Otro.

PUM.

Y entonces...

La explosión de energía iluminó todo el almacén.

Una oleada de luz rosada atravesó las paredes.

Las ventanas estallaron.

Las sombras retrocedieron.

Miles de destellos brillaron como estrellas naciendo al mismo tiempo.

Jinnx levantó los brazos para cubrirse.

—¡¿Qué demonios?!

El suelo vibró.

La propia magia oscura del lugar pareció romperse.

Y en el centro de toda aquella luz...

Estaba Pink.

Su cabello flotaba alrededor de su rostro.

Hermoso.

Suave.

Como si una corriente invisible lo sostuviera.

Las lágrimas seguían cayendo.

Pero él sonreía.

Por primera vez era una sonrisa sincera.

Luminosa.

Libre.

Pink levantó la vista.

Y encontró los ojos de Aleksander.

Aquellos ojos rojos que lo habían observado tantas veces.

Aquellos ojos que habían ido a buscarlo.

Que nunca lo abandonaron.

Los ojos de Pink brillaron.

Verde jade.

Tan intensos que parecían iluminar la oscuridad.

Y cuando sonrió...

Aleksander sintió que el tiempo se detenía.

Otra vez.

Igual que la primera vez.

Y cada vez que aquel ángel lograba sorprenderlo.

Maravillado.

Completamente maravillado.

Porque después de milenios...

Seguía existiendo algo capaz de quitarle el aliento.

Y era él.

Pink Halo.

La energía siguió creciendo.

Más y más.

Hasta que una enorme silueta luminosa apareció detrás del ángel.

Primero fueron destellos.

Después plumas de luz.

Luego alas.

Gigantescas.

Majestuosas.

Hermosas.

Las alas rosadas surgieron detrás de Pink como un amanecer.

Desplegándose lentamente.

Pluma tras pluma.

Llenando todo el almacén.

Cada movimiento dejaba una lluvia brillante suspendida en el aire.

Miles de plumas rosadas comenzaron a expandirse alrededor de ellos.

Girando.

Danzando.

Cubriendo el suelo.

Las paredes.

El techo.

Todo.

Jinnx retrocedió.

Aterrado.

Porque ya no estaba viendo a un empleado problemático.

Ni a un ángel escondido.

Estaba viendo algo celestial.

Algo extraordinario.

Algo que jamás debió tocar.

Pink respiró profundamente.

Se sentia completo.

Entero.

Las alas se movieron suavemente detrás de él.

Como si también estuvieran felices de volver a casa.

Entonces el ángel dio un paso hacia adelante.

La cadena que seguía atada a su tobillo se rompió en mil pedazos.

CRACK.

El sonido resonó por todo el almacén.

Pink ni siquiera la había tocado.

La energía simplemente la destruyó.

Las plumas siguieron cayendo.

Lentas y majestuosas.

Y en medio de aquella lluvia rosada...

Pink no miró a Jinnx.

No miró al almacén.

Ni se dio la vuelta para ver sus propias alas.

Miró únicamente a Aleksander.

Y aquella mirada decía más que cualquier palabra.




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