Pink Halo

31. Beso celestial

Las plumas rosadas seguían cayendo lentamente por todo el almacén.

El aire estaba cargado de energía celestial.

Las enormes alas de Pink Halo brillaban detrás de él como si estuvieran hechas de luz viva.

Jinnx observaba paralizado.

Aleksander también.

Pero no por miedo.

Por fascinación.

Pink respiró profundamente.

Sentía su corazón latir muy fuerte.

Sus alas acompañaban sus pasos.

Sentía aquella energía inmensa recorriendo cada parte de su cuerpo.

Y como nunca...

Se sentía completo.

Sus ojos verde jade encontraron los de Aleksander.

El vampiro seguía apoyado contra los restos de la columna destruida.

Herido.

Cubierto de sangre.

Y aun así observándolo como si fuera la cosa más hermosa que hubiera visto jamás.

Pink sintió que el pecho se le apretaba.

Las alas se movieron.

Una sola vez.

Un único aleteo.

Suave.

Elegante.

Y entonces...

BOOM.

Una explosión de energía rosada atravesó el almacén.

Las plumas salieron disparadas en todas direcciones.

Jinnx levantó los brazos para protegerse del viento.

La luz cegó todo durante un instante.

Y cuando volvió a abrir los ojos...

Pink ya no estaba donde había estado.

Había desaparecido.

No.

Se había movido.

Tan rápido que nadie pudo seguirlo.

Ni siquiera un demonio acostumbrado a la magia.

Ahora estaba arrodillado junto a Aleksander.

Tan cerca que casi podían sentir la respiración del otro.

Aleksander parpadeó sorprendido.

Por una vez.

Realmente sorprendido.

Pink observó la sangre en su costado.

La ropa rota.

La herida.

Y toda la alegría que había sentido hacía apenas unos segundos se mezcló con preocupación.

—Idiota...—murmuró con la voz quebrada.

Una lágrima volvió a rodar por su mejilla.

—Te lastimaron.

Aleksander sonrió apenas.

Esa sonrisa tranquila que Pink conocía tan bien.

—He tenido días peores.

Alexander lo observo

—¿Esas lágrimas son por mi ?

Pink se secó los ojos con rabia.

—Ovbio que no .

Aleksander soltó una pequeña risa.

Y luego levantó una mano.

Despacio.

Como si temiera que aquel momento desapareciera.

Sus dedos rozaron una pluma rosada atrapada en el cabello de Pink.

—Volvieron.

Pink miró hacia atrás.

Las enormes alas ocuparon casi todo.

Hermosas.

Brillantes.

Vivas.

Entonces volvió a mirar a Aleksander.

Y desde que todo había comenzado...

No apartó la vista.

—Sí.

Su voz salió baja.

Suave.

—Volvieron.

Durante un segundo ninguno dijo nada.

Porque ninguno necesitaba hacerlo.

La verdad ya estaba ahí.

Entre ellos.

Más clara que cualquier explicación.

Y todavía más fuerte que cualquier mentira.

Desde el otro lado del almacén... Jinnx observó la escena.

Y sintió algo que no había sentido en toda la noche.

Pánico.

Porque acababa de darse cuenta de una cosa terrible.

No había devuelto las alas de Pink.

Había ayudado a devolverle la esperanza.

Y eso era muchísimo más peligroso.

Aleksander se acomodó y su expresión cambió por dolor .

Pink Halo frunció el ceño.

Luego se enojo más y más.

Hasta que su expresión se convirtió en una tormenta.

—¡¿Pero qué demonios te pasa?!

Aleksander parpadeó.

—¿Qué?

—¡¿COMO QUÉ?!

Pink señaló la herida.

—¡Lo dejaste golpearte!

—No lo dejé.

—¡Sí lo hiciste!

—No.

—¡Sí!

—No.

—¡Sí!

Aleksander suspiró.

Incluso herido seguía encontrando aquello adorable.

Y eso fue un error.

Porque Pink lo notó.

—¡NO TE RÍAS!

Y sin darse cuenta agarró el brazo herido del vampiro.

Aleksander hizo una mueca otra vez.

Apenas un gesto.

Pero Pink lo vio.

Y el pánico lo golpeó de inmediato.

—Maldición...

Las alas se agitaron nerviosas.

—¿Qué hago?

Miró la herida.

Miró a Aleksander.

Volvió a mirar la herida.

—¿Qué hago?

—Angelito...

—¡No hables!

Pink parecía más asustado que el propio herido.

—No me distraigas.

—Estoy perfectamente...

—¡Mentira!

Aleksander cerró la boca.

Porque sabía que discutir no serviría de nada.

Pink estaba entrando en modo pánico.

Y un Pink nervioso era todavía más impredecible que uno furioso.

El ángel observó la sangre.

La ropa rota.

La piel lastimada.

Y de repente tomó una decisión...

Una muy mala.

O muy buena.

Dependiendo del punto de vista.

Agarró a Aleksander de la camisa.

El vampiro apenas tuvo tiempo de sorprenderse.

—Pink...

Y entonces lo besó.

Sin advertencia.

Ni preparación.

Y menos analizarlo demasiado.

Porque Pink jamás pensaba las cosas.

El mundo se detuvo.

Las alas se desplegaron por completo.

Una luz rosada inundó el almacén.

Y la energía angelical explotó.

Pero esta vez no fue una explosión destructiva.

Fue algo cálido.

Hermosamente brillante y con una puresa inexistente.

Una corriente de poder recorrió el cuerpo de Aleksander.

Como una descarga eléctrica.

Con miles de rayos atravesando cada vena.

Como si alguien hubiera encendido un sol dentro de su pecho.

El vampiro abrió los ojos sorprendido.

Podía sentirlo.

La energía recorriendo su sangre.

Sus huesos.

Su alma.

Una sensación imposible.

Hermosa.

Y peligrosamente adictiva.

Las sombras que lo rodeaban desaparecieron.

Simplemente se deshicieron bajo aquella luz.

La herida comenzó a cerrarse.

La piel desgarrada se regeneró.

Y la sangre desapareció.

El dolor también.




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