Una voz cálida resono desde uno de los enormes agujeros que ahora decoraban la pared del galpón.
—Esto es tan romántico...
Pink Halo se congeló.
Muy lentamente giró la cabeza.
Y vio a Junno entrando por los escombros.
Detrás de él caminaba Leónidas.
Junno tenía los ojos brillando de emoción.
Primero miró a Pink.
Después las alas.
Después a Pink otra vez.
Y finalmente a Aleksander.
Su sonrisa se volvió enorme.
—¡Sabía que estabas bien!
Pink sintió que toda la sangre subía a su cara.
Porque de repente recordó algo importante.
Seguía prácticamente arriba de a Aleksander.
Y acababa de curarlo con un beso delante de todos.
—...
Su cerebro quedó en blanco y dejó de funcionar.
En un movimiento desesperado escondió la cara directamente contra el pecho de Aleksander.
—¿Pink?
—¡No me mires maldición !
Junno soltó una carcajada.
Aleksander parecía estar disfrutando demasiado la situación.
—Creo que está avergonzado.
—¡CÁLLATE!
La voz de Pink salió completamente ahogada contra la camisa del vampiro.
Leónidas observó el lugar.
Las columnas destruidas.
Las paredes abiertas.
Los cráteres.
Las sombras residuales.
Y sobre todo...
Las miles de plumas rosadas cubriendo absolutamente todo.
Parecía que una tormenta mágica hubiera pasado por allí.
—Bueno...
Leónidas se acomodó la chaqueta.
—Veníamos a ayudar. Miró el desastre nuevamente. —Pero veo que lo manejaron bastante bien.
Aleksander sonrió apenas.
—Más o menos.
Entonces algo cambió.
La sonrisa desapareció.
Sus ojos se endurecieron.
Pink también levantó la cabeza.
Y ambos miraron hacia el mismo lugar.
Jinnx.
El demonio se estaba alejando.
Despacio.
Muy despacio.
Intentando escabullirse entre los escombros.
Como si nadie fuera a notarlo.
Todos se quedaron en silencio
Jinnx siguió caminando.
Silencioso.
Esperando llegar a una salida.
Nadie dijo nada.
Hasta que ocurrió algo extraño.
Junno frunció apenas el ceño y camino un paso.
—No.
La palabra fue suave.
Demasiado suave.
Y aun así...
Todo el ambiente cambió.
El aire se volvió pesado.
Denso.
Oscuro.
Leónidas fue el primero en notarlo.
—¿Junno?
Los pies del muchacho se separaron del suelo.
Apenas unos centímetros.
Su cabello arcoíris comenzó a perder color.
Las hebras brillantes se volvieron blancas.
Completamente blancas.
Sus ojos también.
Una luz intensa los reemplazó.
Fría.
Antigua.
Inquietante.
Jinnx se dio vuelta porque siento una extraña e incómoda sensación en todo el cuerpo.
—¿Qué... demonios eres tú?
Junno lo observó.
Sin emoción.
Sin sonrisa.
Sin ternura.
Silencio.
Pink sintió un escalofrío.
Porque durante un segundo Junno no parecía Junno.
Parecía un ser mucho más antiguo no su amigo de aventuras.
Algo que llevaba demasiado tiempo fingiendo ser inofensivo.
Entonces levantó la mano.
Y apenas movió los dedos.
Nada más.
Un gesto diminuto.
El mundo explotó.
BOOOOOOOOM
Medio galpón desapareció.
Literalmente desapareció.
Los escombros salieron volando.
Las paredes colapsaron.
Una onda expansiva atravesó toda la estructura.
Jinnx fue lanzado por los aires como una hoja atrapada por un huracán.
Ni siquiera tuvo tiempo de gritar.
Todo ocurrió en una fracción de segundo.
El silencio posterior fue absoluto.
Las plumas rosadas descendían lentamente entre el polvo.
Leónidas tenía la boca abierta.
Pink también.
Incluso Aleksander parecía sorprendido.
Junno parpadeó.
La luz desapareció.
Los colores regresaron.
Su cabello volvió a ser un arcoíris.
Sus ojos recuperaron la dulzura habitual.
Y descendió lentamente al suelo.
Como si nada hubiera ocurrido.
—Bueno... dijo acomodándose la ropa.
—Eso fue un poquito exagerado de mi parte.
Leónidas seguía inmóvil.
—Tu...
Junno lo miró.
—¿Sí?
—Tú parecías una frágil florecita..
Junno inclinó la cabeza.
—Gracias.
—¡ESO NO ERA UN CUMPLIDO!
Junno sonrió.
Esa sonrisa inocente que hacía imposible asociarlo con la destrucción que acababa de causar.
—No me gusta la violencia. Empezó a caminar tranquilamente. —Pero si alguien se mete con mi familia...
Miró la enorme nube de polvo donde había desaparecido Jinnx.
—No soy tan considerado.
Y luego sonrió.
Una sonrisa pequeña.
Infantil.
Dulce.
Terriblemente adorable.
El corazón de Leónidas dio un vuelco.
Uno extraño.
Muy extraño.
Porque ya no estaba pensando en explosiones.
Ni en demonios.
Ni en negocios.
Estaba pensando que Junno era absurdamente atractivo.
Y eso era un problema.
Un problema enorme.
—Oh no... -murmuró para sí mismo.
Aleksander lo escuchó.
Y sonrió con malicia.
Porque conocía esa expresión.
La había visto antes.
Más precisamente en un espejo.
A lo lejos, Pink soltó una carcajada.
Una verdadera.
Libre.
Feliz.
Las alas se agitaron detrás de él.
—¡Eso fue increíble, amigo!
Junno sonrió orgulloso.
—¿Verdad que sí?
—¡Lo mandaste a la estratósfera!
—No era mi intención.
—¡Mentiroso!
—Tal vez un poquito.
Y mientras los dos amigos se reían entre las plumas rosadas...
Leónidas seguía observando a Junno.
Completamente condenado por lo que acababa de darse cuenta.
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Editado: 26.07.2026