Pink Halo

33. Final

Habían pasado varios días desde el desastre del galpón.

Y, sorprendentemente, SweetParck había vuelto a una relativa normalidad.

Relativa.

Porque ahora Pink Halo tenía alas enormes y rosadas.

Aunque estaba bastante orgulloso de sí mismo.

Después de muchos intentos.

Muchas explosiones accidentales.

Y varias macetas destruidas.

Por fin podía ocultarlas cuando quería... casi siempre.

No solamente cuando estaba triste.

Aquello era un avance enorme.

Por eso caminaba tranquilamente por los jardines del hotel.

Con un pequeño ramo de flores en la mano.

Junno lo había mandado a buscarlas para decorar el bar.

Según él.

Porque Pink sospechaba que su amigo simplemente quería hacerlo trabajar gratis.

—Explotador... -murmuró.

Entonces vio algo.

A lo lejos.

Aleksander caminaba rápidamente hacia el edificio administrativo.

Y su expresión...

Era oscura.

Muy oscura.

Pink ya había aprendido a reconocerla.

Algo pasaba.

Así que, naturalmente, decidió meterse donde no lo llamaban.

Se acercó silenciosamente a la puerta de la administración y escuchó.

Dentro de la oficina estaban Aleksander y Leónidas.

—La información sigue circulando —decía Leónidas.

—Lo sé.

—Tarde o temprano alguien volverá a preguntar por el ángel.

Aleksander suspiró.

—Lo sé.

—Y esconderlo para siempre tampoco es una solución.

-Leonidas... lo se.

Silencio.

Leónidas apoyó los codos sobre el escritorio.

Pensando.

Hasta que de pronto habló.

—Hay una opción.

Aleksander levantó la vista.

—¿Cuál?

—Que Pink forme oficialmente parte de tu empresa, como familiar lejano o socio.

Aleksander arqueó una ceja.

Y en ese preciso instante...

La puerta se abrió de golpe.

BANG.

Los dos giraron la cabeza.

Pink acababa de entrar.

Con un gran ramo de flores.

Cara de absoluta determinación.

Y sin pensar ni una sola consecuencia.

—¡CASÉMONOS!

Silencio.

Absoluto.

Completo.

Total.

Leónidas quedó inmóvil.

Aleksander quedó inmóvil.

Incluso un pájaro afuera dejó de cantar.

Pink tardó exactamente tres segundos en procesar lo que acababa de decir.

—... este ...yo...

Su rostro se volvió rojo.

Completamente rojo.

—Hay no.

Aleksander parpadeó.

Una vez.

Dos veces.

Después de milenios.

De guerras.

Grandes imperios.

Monstruos.

Y tragedias.

Jamás había imaginado que un pequeño ángel gruñón y maleducado le propondría matrimonio entrando de una patada a una oficina.

Y mucho menos sosteniendo un hermoso y despampanante ramo de flores.

El vampiro se sonrojó apenas.

Solo un poco.

Pero ocurrió.

Y Leónidas lo vio.

Lo cual era todavía peor.

—Esto es histórico...—murmuró.

Aleksander se levantó lentamente.

Sin apartar la vista de Pink.

—Angelito...

Pink retrocedió.

—No.

—¿No?

—No era eso lo que quise decir.

—¿No?

—¡No!

Aleksander sonrió.

Esa sonrisa.

La sonrisa peligrosa.

La que siempre significaba problemas.

Se acercó.

Miró el ramo de flores.

Luego volvió a mirarlo a él.

—¿Son para mí?

Pink dejó de funcionar.

—¿Qué?

—Las flores.

—¡Porsupueso que no estúpido!

—Qué lástima.

Y antes de que Pink pudiera reaccionar...

Aleksander se inclinó.

Y le robó un beso rápido.

Juguetón.

Suave.

Perfectamente calculado.

BOOM.

Una explosión de energía rosada sacudió la oficina.

Las alas aparecieron instantáneamente.

Gigantescas y hermosas.

Plumas salieron disparadas por todas partes.

Los documentos volaron.

Las cortinas se agitaron.

Un cuadro cayó de la pared.

—¡¡ALEKSANDER!!

—Buenos días para ti también.

Pink estaba tan rojo que parecía a punto de incendiarse.

—Yo solo...— Señaló la puerta.

Después a Leónidas.

Después a las flores.

—Yo...

—Sí.

—Yo no lo decía en serio.

—Claro.

—¡Eso si es en serio!

—Claro.

—¡NO!

Leónidas levantó una mano.

—En realidad...

Ambos lo miraron.

—Si se casan, eso resolvería técnicamente todos los problemas legales —asintió acomodándose sus anteojos.

Silencio.

Pink parpadeó.

—¿Qué?

—Bueno...

Leónidas empezó a contar con los dedos.

—Miembro oficial de la familia.

—...

—Protección legal.

—...

—Nadie podría reclamar nada sobre el ángel.

—...

—Y Aleksander dejaría de tener esa cara de funeral permanente.

Aleksander asintió.

—Ese es un beneficio importante.

—¡NO AYUDES!

Pink estaba perdiendo la cordura.

Las alas agitaban plumas por toda la oficina.

Leónidas seguía pensando.

—Además la boda sería preciosa.

—Leónidas.

—Rosas por todos lados.

—Leónidas.

—Junno lloraría durante horas.

—LEÓNIDAS.

—Y probablemente yo también.

Pink se cubrió la cara.

—Me lleva el infierno —Rugió Pink.

Aleksander pasó un brazo por sus hombros.

—Lamentablemente para ti, angelito...

Lo acercó un poco.

—Yo acabo de escuchar una propuesta formal de casamiento.

—¡NO FUE FORMAL!

—Hubo flores.

—¡NO ERAN PARA TI INBECIL!

—Hubo testigos.

—¡LEONIDAS NO CUENTA!

—Y gritaste bastante fuerte.

Pink dejó escapar un gemido de desesperación.

Mientras tanto, Leónidas ya estaba tomando notas.

—Perfecto.

—¿Qué estás haciendo?

—Organizando una boda ,le voy a avisar a Junno.




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