Veo con mucho atención, por la ventanita del autobús, el camino en que vamos. Siento que vamos muy lejos.
Katherine está hablando con Mateo sobre lo que piensan hacer para el concurso de belleza. Veo a Mateo por un momento. Sus ojos grises tienen toques azules cerca de su pupila, qué lindo.
Él voltea a verme, como quien siente la mirada, y noto un brillo extraño en sus ojos.
Él no parece tener 15 años, parece más grande. Quizás de unos 16 o 17. En cambio a mí me ven y saben al instante que soy una niña, o una preadolescente, como dicen en la escuela.
Mejor veo la ventana, debo seguir viendo el camino. De repente veo la torre con el reloj...
¡La torre con el reloj!
Esa era la señal. Veo alrededor pero me altero al ver que el autobús no se detendrá.
—¿Era aquí donde debíamos bajar? —pregunta Katherine asustada.
—Sí —afirmo entre dientes, sosteniendo mis manos entre sí con fuerza y mordiéndome el labio.
El autobús va tan rápido que no tarda en alejarse de nuestra parada.
Hay muchas personas alrededor, y hace demasiado calor, tanto que mis cabellos castaños están muy pegados a mi rostro y cuello por el sudor. Sigue siendo muy asqueroso.
—¿Ahora qué haremos? —pregunta Mateo confundido.
—¡Pedir la parada! —dice Katherine, bastante preocupada.
—¡Griten que bajaremos! —digo fuerte pero apenas me escuchan por el poderoso sonido del motor y la música de fondo.
—¡Silba! —le pido a Katherine y por fin me escucha.
—¡Yo no puedo silbar fuerte! —exclama preocupada—. Silba Mateo.
—Yo... No. Yo no puedo silbar —musita un poco más confundido, viendo hacia adelante y luego hacia atrás.
Ambos me ven y Katherine dice:
—¡Silba tú!
—¡Yo no puedo!
Me ven preocupados e intento gritar para que el autobús se detenga, pero mi grito es un intento fallido.
Mateo me ve y se le escapa una sonrisita por mi intento fallido de grito. Ahora siento mi cara caliente, seguro estoy sonrojada.
Luego él intenta gritar también y Katherine se atreve a hacerlo después. Entre los tres gritamos "Parada", "Bajan", pero parecía que el chófer nunca escucharía.
Las personas del autobús nos escucharon y comenzaron a silbar fuerte y a gritar con nosotros para que el autobús se detuviera, algunos incluso golpeaban el autobús con la palma de sus manos. Hasta que por fin se detuvo.
Los pasajeros que estaban en la parte trasera del autobús abrieron la puerta de la cola para dejarnos salir más fácil, ya que hay muchísimas personas aquí.
Logro ver los cabellos dorados de Katherine al bajar del autobús. Entre la gente veo la chaqueta negra de Mateo e intento seguirle.
—Per-permiso —digo aunque las personas no hacían mayor esfuerzo por dejarme pasar.
Ya no veo la chaqueta de Mateo.
¡Oh Dios! No podré salir de aquí.
Siento una mano tomando la mía, una cálida y morena clara que desconozco.
—Con permiso, por favor —dice Mateo a las personas que no me dejaban bajar.
Apenas reconocí su voz entre el bullicio de los autos y las personas apurándonos en el autobús. Así, tomando mi mano, y con algo de fuerza me ayuda a salir y a bajar.
Caigo pisando mal el suelo, siento que algo en mí se dobló. Mi tobillo duele, duele mucho.
El motor del autobús se escucha con más fuerza cuando arranca, y las personas cierran la puerta, o eso es lo que escuché.
Mateo aún no suelta mi mano...
Esperen, ahora ya la soltó.
—¿Estás bien? —me pregunta Katherine levantando mi rostro.
—Sí —digo abriendo mucho los ojos.
Mateo está atrás de mí mientras Katherine me revisa para asegurar que todo está bien. Toca mi tobillo y chillo del dolor.
—Se lastimó el tobillo —dice Kat a Mateo.
—Eso no importa ahorita. ¿Dónde estamos? —pregunto viendo que estamos junto a una gasolinera y que definitivamente no reconozco el lugar.
—No lo sé. Debemos llamar a Lucas para que nos venga a recoger —dice Katherine, viendo hacia los lados.
—Perdona por no darme cuenta del camino —musito mientras Katherine deja de examinar mi cuerpo.
—No fue tu culpa —dice ella dándome un beso en la frente, pero su suave cabello largo me golpea en el rostro.
—¿Ahora qué haremos? —pregunta Mateo.
—Busquemos un teléfono para llamar a Lucas. ¿Tienes crédito en el celular?
—No lo sé, quizás me quede un poco —responde Mateo, buscando su celular en los bolsillos y pasándoselo a Katherine.
Mi tobillo sigue doliendo tanto. Vamos, debes ser fuerte.
Aguanta.
Aguanta.
Katherine toma el celular e introduce el número de Lucas con un poco de premura.
Tobillo duele, duele. Agh. Cierro mis ojos con fuerza.
—¿Estás bien? —pregunta el chico con un tono de preocupación.
—Eh. Yo... —veo mi tobillo derecho con disimulo— Mi pie tuvo una lucha constante en el autobús. Aunque sobrevivió. O eso creo.
Sonrío tímida al verlo y él me devuelve la sonrisa. No me ha quitado la vista de encima.
Esa sonrisa... yo... me sigo sintiendo extraña.
Más cosquilleo en el estómago.
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Ella debe aprender a gritar más fuerte en el autobús 😅
Besitos,
G.V.Miracle