—Creo que tu hermanita no está del todo bien —oigo que murmura Mateo al oído de Kat.
Ella habla por teléfono con Lucas, contándole en dónde estamos.
—¿Entonces te esperamos? —pregunta al teléfono mientras hace un gesto con la mano para que la esperemos.
Mateo me ve y eleva su ceja derecha hacia mí, junto con una casi sonrisa de lado.
—Ya. Perdón ¿Qué me habías dicho? —pregunta Kat a Mateo, quien deja de verme rápidamente.
—Que creo que tu hermanita no está del todo bien —murmura mientras me señala disimuladamente.
—¿Quieres que revise tu tobillo? —me pregunta Kat.
Asiento con la cabeza y luego ella se dirige a Mateo.
—Busquemos un baño —dice mi hermana con una media sonrisa.
Coloca su mano sobre mi espalda y caminamos hacia una caseta junto a la gasolinera.
—Mateo viene muy atrás —digo mientras veo al chico caminar a paso lento.
—Ya nos alcanzará —dice Kat despreocupada.
Veo hacia el cielo, la Luna está muy brillante. Tan brillante que no logro distinguir el conejo que se dibuja en ella.
—Mira Kat. No se ve el conejo —le digo señalando la Luna.
—Sí. Creo que está muy brillante esta noche. Contando también que es Luna llena. Está hermosa... —Kat eleva su vista conmigo y juntas apreciamos la dulce luz.
—Es... hermosa —dice Mateo acercándose mientras ve hacia el cielo también.
—Lo sé —digo ofreciéndole una de mis sonrisas.
Él vuelve a elevar una de sus cejas y yo hago lo mismo en respuesta.
Esperen...
Yo... nunca había hecho ése gesto y ahora me resulto tan sencillo hacerlo, tan... repentino.
La luz de la Luna hace que sus ojos grises se vean más intensos y también ilumina su rostro de una manera tan... delicada.
Siento mi corazón acelerado, tengo una extraña sensación. No sé cómo explicarla, yo... me siento bien, o mal. No sé. Nunca había sentido esto.
Cuando me salgo de mi ensimismamiento, noto que ya estamos en las puertas de los baños, en la parte trasera de la gasolinera.
A la derecha está la puerta del baño para mujeres y a la izquierda la puerta para el baño de hombres. Entre estas dos puertas hay un gran espejo y un lavamanos alargado.
—Okay, ahora salimos —le dice Katherine a Mateo tomándome de la mano, mientras abre la puerta del baño.
Mateo asiente para luego verse en el espejo.
Katherine cierra la puerta y entra a uno de los varios sanitarios que habían dentro.
—¡Ahorita salgo! —dice con las manos entre las piernas, un poco encorvada, con las rodillas un poco dobladas.
No pude evitar reír ante la escena, pues siempre hace éso cuando ya no soporta más las ganas de hacer sus ¿necesidades? No sé qué otro nombre decirle.
Bajo la mirada hacia mi tobillo. Está un poco rojo. Comienzo a creer que en verdad me lastimé.
No hay espejos acá dentro, ahora entiendo el porqué hay uno allá afuera. Bajo presupuesto quizás. Levanto lentamente mi pantalón de mezclilla y puedo ver con mayor claridad; no sólo es mi tobillo el rojo, mi pie completo está rojo y un poco hinchado.
—Ya... —dice Katherine más relajada al salir de baño.
Tengo los ojos bien abiertos y Katherine lo nota.
—¡Bamvi, tu pie está muy rojo! —dice corriendo hacia mí. No estaba muy lejos de mí pero aún así corrió.
—Lo sé —digo tratando de sonar más tranquila.
Katherine está con los pelos de punta, puedo sentirlo. Se agacha y observa mi tobillo detenidamente.
—¿Sientes dolor? —me pregunta.
Aunque creo que es algo muy obvio, le respondo.
—Sí, Kat. Me duele mucho. Pero no te asustes, estaré bien.
Si no trato de que se tranquilice seguro llama a la ambulancia, a los bomberos, enfermeras, doctores y con exageración también a la tía Margot, que no es enfermera ni doctora pero sabe muy bien cómo curarnos con sus recetas caseras. A ella acudimos cuando nos sentimos mal, pues mi mamá sólo tiene el don de la cocina.
—Es que se ve muy mal —Sus ojos miel me observan detenidamente, y sus labios forman un puchero.
—Sí. Pero me recuperaré —digo sonriendo tranquilamente, o eso intento. Sinceramente, tengo muchas ganas de gritar del dolor.
—¿Crees aguantar a que Lucas venga por nosotros o quieres que te cargue?
—No hace falta Kat, yo soportaré.
Se ve más tranquila y eso es lo importante.
—Estás algo despeinada —dice observando mi flequillo completamente alborotado.
—Lo sé. Si no hubiera sido por Mateo, no sé cómo habría salido de entre todas esas personas.
—¿Sí? Bueno. Hablando de Mateo, nos está esperando allá afuera.
—Sí, vamos —le digo tomando su delgada y femenina mano.
—Ve tú. Yo ahora llego, sólo me daré un retoque —. Saca su bolsita roja de maquillaje y un pequeño espejo con una brocha.
—Está bien.
Me doy la vuelta y abro la puerta. No hay muchas personas y solamente se escucha el sonido de los autos. Veo a Mateo, recostado en la pared, con las manos entre su chaqueta y observando la Luna. Escucha mis pasos y gira para verme.
—¿Ya? —pregunta viéndome de pies a cabeza.
—Digamos que sí.
—¿Y Katherine?
—Ahora regresará —Vuelvo la vista hacia el espejo y me veo. Mi coleta ya no es coleta. Tengo puesta mi blusa preferida, es color turquesa. Ese también es mi color preferido. Observo que Mateo también se gira para el espejo y se ve, ahora me ve a mí. Le veo y sonrió, pero la sonrisa que quería hacer no me funcionó y término por sacar una tímida–extraña. Como de malvada. Al verme, él ríe y baja el rostro.
Okay, mi sonrisa le causó risa. No me avergonzaré, no lo haré. No, no puedo tomar de nuevo ese color rojo, no... no te sonrojes. Okay. Estoy completamente roja. Siento las mejillas calientes.
Eleva la vista a mi reflejo en el espejo y arquea una ceja. Aún estoy roja, pero aun así elevó también mi ceja y sonrío.
—Lucas me está llamando —dice Kat saliendo de repente del baño, haciendo que la puerta golpee contra la pared—. Creo que ya está aquí.