Pintaré tus Sonrisas

6 - La familia de Melanie

Salimos del auto y entramos a la casa de mi primo Lucas, es de fachada amarilla y puerta de madera café.

Adentro hay una mesa con platos y copas ordenados conforme a las sillas. Todo parece estar de una manera muy sofisticada.

—Buenas noches, pasen adelante —dice una señora de cabello oscuro y piel blanca. Tenía un acento como francés con guatemalteco ¿Se imaginan éso? Es lo que estoy escuchando ahora.

—Buenas noches —dice Kat entrando al comedor.
Ella sonríe cordialmente. A nosotras ya nos había visto antes pues, es la madre de Melanie.

Es gracioso que, aunque tenga empleados domésticos, es ella siempre quien les abre la puerta a sus invitados. Supongo que es muy buena educación.

—Buenas noches —dice Mateo delante de mí, con voz grave y varonil.

—Pase adelante —dice la madre de Melanie cordialmente.

Él responde con una sonrisa, saca sus manos de las bolsas de la chaqueta y camina hacia el comedor.
Entro y sonrío a la madre de Melanie, ella hizo una sonrisa extremadamente falsa y vio hacia otro lado. La iba a saludar, pero su gesto no me lo permitió.
Nos sentamos en la mesa, Kat a mi lado izquierdo y Mateo a mi lado derecho.

Ahora soy yo quien está en medio.

Hay dos niños sentados en la mesa y luego se sientan Melanie y Lucas frente a nosotros.

—Y... ¿Cómo vinieron? —pregunta la mamá de Melanie.

—Pues... es una larga historia —dice Kat observando los cubiertos finamente puestos sobre la mesa.

—Me contó Lucas que se perdieron —dice sentándose y viendo a Mateo de manera directa.

—Sí. No sabíamos dónde bajar —dice Mateo. Su voz suena tan elegante. Es extraño pero, me pone nerviosa cuando habla. Y ni me está hablando a mí.

—Ya veo. Bueno, supongo que a la próxima vez ya no será así —dice mientras vuelve la vista hacia uno de los meseros.

Por cierto, me sigue doliendo el tobillo, digo, sólo por si se les había olvidado.

—Espero que les guste lo que les tenemos preparado —dice mientras la mesera levanta la tapadera de una bandeja centrada en la mesa. Adentro hay un pollo asado enorme, casi del largo de mis brazos, y no bromeo.

Mateo ve el pollo y sonríe de manera un poco forzada, aunque aún así sigue viéndose amable y... atractivo.

—Pueden servirse cuanto quieran —dice la mamá de Melanie, sirviendo poca comida en su plato y observándonos, más a Mateo.

Es muy incómodo, no es la primera vez que lo hace; cuando mi hermana y yo vinimos la primera vez, no nos quitaba la vista de encima. Melanie y su madre se parecen mucho, tienen narices grandes y con forma de gancho, el cabello oscuro y los rasgos un poco... ¿Toscos? No sé. Creo que así se le dice.

En cambio Kat es de cabello rubio con uno que otro mechón castaño perdido, sus ojos son de un color miel, de esa miel que te empalaga sólo por verla. Su nariz es puntiaguda y tiene las pestañas muy pobladas. Los genes, sí, seguro es éso. Según tenía entendido, la madre de Melanie es originaria de Francia, pero se vinieron a Guatemala por un trato con no sé qué. Le contaron a mi mamá y sonaba muy de comercio, seguro me quedé dormida.

En realidad yo creí que todos los franceses eran atractivos. Aunque quizás lo de la madre de Melanie vaya más allá del físico. Me ve con desdén justo ahora que pienso esto y luego se gira hacia Mateo.

—¿Cuántos años tiene? —le pregunta, sin quitar la vista a Mateo.

—Tengo 14 —dice él, limpiando sus labios con una servilleta.

—¡Oh! Es muy joven, pensé que era más grande —dice ella denotando asombro.

Y yo que creía que tenía 15...

—No. Es bastante joven y muy talentoso —dice Kat mientras trata de tomar un lado del pollo que no estuviera tan grasoso.

—Sí. Ya veremos éso luego —dice la mamá de Melanie con una sonrisa tan... ponzoñosa. Juro que esa señora me da miedo.

Mateo esboza una sonrisa tranquilamente, haciendo como si no ha escuchado eso.
Me pregunto si Lucas conoció a la familia de Melanie antes de casarse con ella. Empiezo a creer que no.

Veo a el padre de Melanie acercarse. Si no estoy mal se llama Héctor.

—¡Héctor! ¡Qué bueno que ya viniste! —dice la madre de Melanie.

Sí. Se llama Héctor.

Por lo general cuando escuchas ese nombre piensas en alguien escuálido y que usa anteojos, o al menos éso pensaba yo. Pero el padre de Melanie es todo lo contrario, es robusto.

Pero, ¿De qué le vale a la madre de Melanie ser delgada y de rasgos "franceses" si es intolerable para muchos?

En cambio el papá de Melanie es muy simpático, su forma de ser es muy amable y noble, y eso hace que a las personas les caiga bien.
Eso decía mi mamá. Nunca creí que fuera cierto, por su esposa, pero al conocerlo me di cuenta que era por completo la verdad.

¿No se han preguntado cómo es que dos personas totalmente distintas pueden casarse y compartir una vida juntos? Yo aún no lo entiendo.

—Feliz noche —dice él cordialmente saludando a cada uno.

—Mucho gusto muchacho —dice al ver a Mateo, con una sonrisa muy amable que incluso a mí me hizo sonreír, y el saludo no era para mí.

Nos saluda igualmente a todos, para luego saludar a su hija, yerno y sus nietos (Los hijos del hermano mayor de Melanie).

Toma asiento en la silla de madera, con cierto cuidado y toma un enorme trozo de pollo, el cual no tarda mucho tiempo sobre su plato.

—Cuando terminen le voy a mostrar el lugar —dice la mamá de Melanie, ejerciendo presión.

—Dolores, no lo presiones —dice Don Héctor viéndola, finalmente.

—Es sólo para que conozca —dice ella aún con la extraña sonrisa y sin dejar de ver a Mateo.

La mano de Mateo está junto a la mía. Es tan cálida y se ve suave. Quisiera... Dibujarla. No puedo sacar mi cuaderno de dibujo aquí. Ella suele decir que es de muy mala educación dibujar mientras estamos en una reunión. Pero es que a veces es casi imposible contenerse.

Mateo nota que estoy viendo su mano.




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