—¿Trajiste tu cuaderno? —me pregunta Kat mientras vamos sentadas en el autobús.
De nuevo es día viernes, lo cual significa que es el primer día en que Mateo comenzará con la coreografía.
¡Hoy conoceremos a las chicas del concurso de belleza!
—Sí. Acá está —le respondo, sacando mi cuaderno de pasta negra. Tiene hojas de Lino y se siente muy bien dibujar en ellas.
—¿Qué vas a dibujar? —pregunta tomando mi cuaderno.
—Hoy... no lo sé. No estoy muy inspirada —digo tratando de quitar disimuladamente el cuaderno de sus manos.
—¿Puedo ver? —inquiere, mas no espera respuesta. Toma el cuaderno y abre la pasta para verlo antes de que pueda decirle "Sí".
—Este pajarito está muy lindo —dice viendo uno de los primeros dibujos con los que estrené a Curiot; Así se llama mi cuaderno.
Me lo regaló Richard, en una cita que tuvo con Kat el sábado. Se supone que las citas románticas son solamente para dos, lo sé, pero Katherine le dijo a Richard que no podía salir sin mí y, él aceptó.
Mamá tenía turno hasta tarde ese día en el trabajo, y yo ni loca me quería quedar sola con Abimael. Pero, no quise decirle nada a Kat para que ella fuera tranquila a su cita.
Esa tarde yo estaba haciendo un dibujo de una mariposa que vi en internet, acostaba boca abajo en mi cama, teniendo cuidado de no tocar mis tobillos juntos en el aire, para no descomponer la venda que me puso la tía Margot.
Sí, al final Kat le pidió que viniera a verme el tobillo en la mañana. La tía Margot me puso un ungüento extraño y pastoso que olía gracioso, seguido de un pequeño masaje con sus manos suaves y regordetas.
Kat y yo le pedimos que no le contara a mamá, o no dejara que Kat me siga llevando con ella. Ella aceptó, con la condición de que la mantuviéramos informada de cuando salíamos lejos. También le dio un botecito con ungüento a Kat, para mi tobillo.
Luego de acomodarse un mechón rubio rebelde, Kat se acercó y me dijo:
—A las seis vendrá Richard por nosotras.
—¿Iré con ustedes?
—Sí. Le dije que no podía salir sin mi hermanita.
Me quedé con la boca abierta, para luego saltar de la cama e irme a vestir.
Ese día vestí de jeans negros, blusa negra y un saquito color mandarina. Kat llevaba un abrigo caqui, blusa beige y jeans negros. Ella fue quien me elegió la ropa.
Llegó Richard a la hora puntual, Kat le dijo que bajaría en cinco minutos, así que subimos al auto a las seis con veinticinco minutos. Yo ya conocía lo que significaba "5 minutos" así que me acomodé en mi cama con un cuaderno viejo de Kat, que tenía la imagen de un cachorro beagle bostezando en la portada.
Continué dibujando al cachorro que estaba en la portada, con minuciosidad; cuando sale Kat del tocador, toma su bolso rápidamente y, justo antes de intentar salir corriendo frenéticamente, vuelve su rostro a mí y me dice justo lo que estaba esperando.
—¡Vamos! —con una sonrisa y caminando relajada hacia la puerta.
Estando en el auto, tomé mi cuaderno y seguí dibujando al cachorro, después de todo, ellos ya habían dejado de introducirme en su conversación.
—¿Te gusta dibujar? —me preguntó Richard viéndome por el retrovisor.
Asentí con una sonrisa tímida y mi hermana dijo:
—Es muy hábil. Dibuja muy bien. Demasiado bien para su edad —dijo sonando orgullosa de mí.
—¿Ah sí? —dijo él y vuelve de nuevo la vista al retrovisor— ¿Puedo ver? —me preguntó y yo asentí tranquilamente.
Entregué mi cuaderno en la mano que tenía dirigida hacia mí. No dije nada, sólo le vi, examinando su expresión.
—¡Wow! —exclamó con un tono de voz incrédulo—Es sorprendente —dijo sin dejar de verlo—¿Cuántos años me habías dicho que tenías? —preguntó encendiendo la luz interior del automóvil.
—Doce —dijimos Kat y yo al unísono.
—Dibujas excelente —dijo dándome el cuaderno y apagando la luz del carro.
Cuando estábamos en el centro comercial, pasamos junto a una gran librería, con pinceles, lienzos, lápices, crayones, libretas para dibujar, y muchas cosas más.
Cuando la vi, no pude evitar saltar y acercarme a las vitrinas tan rápido que no me había dado cuenta de que ya estaba frente una.
Sentí una punzadita en el tobillo pero la ignoré por completo.
—¡Bamvi! Vemos eso otro día —dijo Kat acercándose a mí y soltando su mano de la de Richard.
Richard se acercó y volvió a tomar la mano de Kat. Me vio y con una sonrisa amable me dice:
—Entremos.
Soy obediente y entró a la librería. Había escuchado hablar de los borradores de chicle, de los lápices de grafito, de los difuminos, pero no de las hojas de lino; y era justo lo que Richard me enseñó.
—Mira ¿éste no te gusta? —me preguntó Richard tomando un cuaderno de lino de pasta negra.
Me quedé quieta, no me atreví a acercarme así que fue él quien se acercó y me lo dio en las manos.
—Son de lino —dijo mientras aprecia mi mirada sorprendida— Sé un poco de estas cosas porque un amigo mío es pintor —le dijo ahora a Katherine, quien tenía la misma mirada que yo.
—¿Lo quieres? —me preguntó sonriente.
—Eh... yo... —tenía la mirada de vergüenza de Kat sobre mí, quien está detrás de Richard. No me atrevía a decirle que sí, aunque por dentro estuviera intentando gritarlo.
—No puedo aceptarlo —dije y Kat me ve más tranquila.
—Bueno... ¿Sabes qué? No te preguntaré —dijo Richard, tomando el cuaderno de mis manos y yendo a otras vitrinas.
—Está bien. Yo puedo comprarte uno luego —me dijo Kat tomando mi mano y le regalé una sonrisa.
Me abrazó y comenzamos a caminar juntas.
Vemos hacia la puerta de la librería y ahí está él pagando a la señorita de la caja y tomando una bolsa de cartón blanca en sus manos.
Nos vio y sonrió, llamándonos para que vayamos con él.
Ambas nos vimos, sospechando algo que, aunque quisiéramos, esperamos que no fuera verdad.
Caminamos hacía él y me preguntó cuando estoy a unos cuantos pasos de él.