Pintaré tus Sonrisas

12 - Pasta con leche

A veces me pregunto: ¿Qué sería de mí sin Katherine?

Mamá no está en casa hoy, así que Kat me está preparando el almuerzo.

Me pregunto también cómo sería si tuvieramos un hermano. Creo que sería distinto. No podríamos tener la casa tan femenina ni nuestras cosas de "chicas" por todas partes.

Me gusta que seamos sólo dor hermanas.

—Ten Bámvika —me dice Katherine mientras pone en mi plato unos fideos en forma de codito.

Siempre le agrega algo extraño a la comida, así que no sé qué esperar.

—¡Gracias!

Se sienta frente a mí con otro plato igual, con un poco menos de comida quizás.

—Bueno. Pruébalo y dime qué contiene —dice viéndome con atención y muy minuciosa.

—Vale...

Tomo mi tenedor y doy la primera probada. Sabe muy bien. No sé cómo le hace.

Me ve, como esperando a que hable y yo comienzo con los ingredientes.

—Tiene tomate —Doy otra probada.

—Ajá.

—Cebolla.

—Mjm...

Vuelvo a tomar un poco y saboreo viendo hacia el techo.

—Cilantro —digo.

—Ajá.

—Creo que margarina —digo. Esa la adiviné, ya que sé que tenemos margarina en el refrigerador.

También hago un poco de trampa porque veo los ingredientes en la comida, pero siempre hay algo que no sé ve. Ese es el truco con Kat.

—Debes adivinar el ingrediente secreto —me dice con una expresión traviesa.

—Vale —digo y sigo saboreando— Sal —le digo y carcajea.

—Es obvio Bamvi —me dice aún riendo. Río también, lo hice a propósito.

—¿Sal de ajo? —pregunto.

—No. No esta vez —me dice sacándome la lengua y arrugando la nariz.

Yo río mientras preparo el siguiente bocado que me comeré.

—Entonces...¿consome de pollo?

Es muy obvio que sólo estoy bromeando porque Kat no agrega nada de éso a sus platillos.

—Sabes que no —me dice con los ojos entrecerrados. Ahora que la veo, tiene aspecto de cocinera: un rollo en la cabeza, una gabacha blanca, o creo que lo era, unos pescadores y blusa de tirantes.

De repente comienza a sonar su celular, se levanta de la silla sin pensarlo y corre a por él.

Río porque me encanta ver ése tipo de escenas.

Pero aprovecharé para ver si el ingrediente secreto aún está en la cocina. La mesa del comedor está puesta junto a la cocina, lo único que lo divide es una pequeña pared de ladrillos que solamente cubre la mitad, más o menos a la altura de mis hombros. Sólo debo levantar el rostro y veré directamente hacia la cocina.

Veo hojas de cilantro por todas partes, la mitad de un tomate que de seguro le sobró, la mitad de una cebolla, una barra de margarina, y... no puede ser...

Una caja de leche.

¿Le agregó leche?

Ahora entiendo el porqué sentía un sabor muy diferente y un poco dulce en estos fideos.
Escucho sus pasos así que bajo la cabeza y hago como si nada hubiera pasado.

—Ya vine —dice sentándose frente a mí—. Era Richard.

—Lo supuse —digo con una sonrisa.

Se sonroja un poco pero luego continúa diciéndome:

—Y... ¿Ya sabes cuál es el ingrediente secreto?

—Creo que sí —le digo fingiendo duda— ¿Es... leche?

Entrecierra ambos ojos y me ve directo, esperando alguna reacción.

—¿Viste la cocina? —pregunta aún con los ojos entrecerrados.

—Ño —niego con un puchero, apretando mucho los labios para no sonreír.

—¿En serio? —me pregunta esperando que me ría. Sin poder evitarlo me rió y ella dice:

—Bamvi eso no es justo. Debías probarlo, no verlo —me regaña, viéndome decepcionada.

—Mmmmm... Sabe muy rico —digo cortando lo que iba a decir para que sonría.

—Lo probé —me dice. Creo que sí está bastante seria.

—Me gusta cuando me cocinas —le digo intentando que se calme un poco.

—Gracias.

Hay un silencio incómodo luego, así que decido ponerme en pie e ir a darle de comer a Bonnie.

—Muchas gracias —digo levantando mi plato para ir.

—Buen provecho —me dice aún seria.

Espero que dentro de un rato se sienta menos enojada, porque quisiera volver a probar esos fideos. ¿Ya mencioné lo mucho que me gusta cada vez que cocina pastas? No sé, pero la verdad es que cocina muy bien.

Creo que es muy pronto para decirlo pero, si llega a casarse con Richard, él disfrutará de comida muy rica.

Me dirijo al refrigerador y tomo dos espinacas, la mitad de una zanahoria y un poco de hierba buena (hojas de menta) que suelen gustarle mucho a Bonnie.

Ahora vuelvo a caminar frente a Katherine, que está viendo su celular aún sentada en el comedor y con el ceño ligeramente fruncido.

Paso de largo directo a la casita de Bonnie, que está en el patio trasero. Su casita está en una esquina, bajo las escaleras que llevan a la habitación de Abimael (Mamá no siempre se queda en la misma habitación que él). La casita es de madera y con malla de metal. Bonnie sólo me ve y se pone rápidamente en dos patas, sosteniéndose de la malla. Es un conejito muy afectivo. Abro su casita y la tomo en mis brazos.

Recién le di una ducha en la mañana así que huele muy bien.

Es extraño, pero me enteré que no se debía duchar a los conejos demasiado tarde, porque ahora Bonnie está acostumbrada y pide que la bañe.

Me encanta tomarla entre mis brazos porque es peludita y un tanto gordita. Parece un osito de peluche, sólo que es más pesado.

—Hola Bonnie —la saludo, colocándola entre mis piernas con cuidado. Ella sólo me mueve su naricita.

—Te traje comida —eso hace que levante su cabeza y comience a olfatear con fuerza.

—A que no sabes dónde la escondí —le digo y entonces rasca mi estómago con sus patas delanteras, éso me da muchas cosquillas.

—Aquí está —digo y saco las hojas de espinaca primero.

Comienza a comer mientras está en mis brazos aún. Se termina ambas hojas más rápido de lo que pensé.

—Bonnie, come más despacio o puedes ponerte glotoncita —le digo pero sólo vuelve a rascar mi estómago con sus patas, exigiendo más comida.




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