Ahora estoy sintiendo el rostro tan caliente. No entiendo. Es la primera vez que siento esto de esta manera. Digo, me he puesto molesta porque tomen mis pinceles o porque Bonnie le haga caso a otra persona, ¡pero por un niño nunca!
Bueno, un adolescente.
El ensayo avanza muy bien, Mateo pone la música para las chicas, las guía y habla sobre los pasos. Saco un momento a Curiot de mi bolsa, puedo aprovechar ya que Mateo está ahí.
Es un buen modelo.
Comienzo por dibujar su torso y su cabeza, ya es la segunda hoja de Curiot que lo contiene a él. Esto empieza a preocuparme. ¡Lo he estado dibujando! ¿Alguien sabe lo que eso significa? Nunca había dibujado a un niño-adolescente. Y menos con una sonrisa.
Me ve directo a los ojos, elevando una ceja, yo le sonrío también.
—¿Entonces sí puedes? —me pregunta.
Rayos, no escuché si me había dicho algo. Todo es su culpa, culpa de sus ojos.
—¿Ha-hacer qué? —balbuceo un poco. No puedo decir que sí a algo que ni sé.
—Lo haré yo Mateo —dice Kat caminando hacia el escenario y colocando la canción.
Veo a Mateo pero él sólo le sonríe en agradecimiento a Kat.
Creo que haré un libro de apuntes importantes o algo así. Empezaría con algo como:
1. No pensar en Mateo.
2. No dibujar más a Mateo (Es igual la distracción como en el punto 1)
3. No dejar que Kat piense que soy inútil. (Algunas veces es difícil).
4. No ver a Mateo directo a sus ojos grises.
¡Oh! Mejor no, esa última sí que será complicada.
Luego pensaré en más. Guardo a Curiot un momento, no quisiera que me vuelva a pasar lo que pasó hace unos segundos.
Decido ir a donde están Kat y Mateo sentados, al lado de Mateo. Él no mira hacia otro lado que hacia el frente: viendo cómo las chicas hacen los pasos que les ha estado enseñando.
Lo vi por un momento ahí, Curiot necesita dibujos muy reales. Me ve. Mi mirada lo llamó. Me sonríe ampliamente y eleva una ceja, yo le respondo de igual manera, aunque ahora un poco ruborizada.
Se levanta de repente de su silla y camina hacia el frente, y observo cómo baila y muestra los pasos a las chicas de forma muy específica y con agilidad. Siento una mano conocida en mi hombro y vuelvo la mirada instantáneamente.
—Estás despeinada —me dice viéndome de forma severa.
—Lo sé —digo viendo sus uñas con dibujos de ositos.
—Si quieres gustarle a Mateo, deberías preocuparte un poco más por tu apariencia —dice Kat y a mí me comen la lengua los ratones.
Vuelve a tomar su lugar al ver a Mateo llegar de nuevo.
Yo me quedo petrificada.
El que Kat sepa será mi tortura.
Debí decir que no me gustaba.
¡¿Cómo es que no actúo inteligente en momentos como este?!
Tengo la mirada en mis zapatos, no quiero ver a las chicas, que están muy cerca de ser modelos, bailan tan bien. Creo que nunca podré bailar así. Supongo que a cada quien se le da un talento...
Sí, eso debe ser.
Escucho que Mateo dice algo a Kat y presto atención, de forma disimulada.
—¿Qué te parece?
—Pienso que deberías poner a Rafaella hacia adelante. Ella es quien mejor se mueve y llama la atención —dice Kat.
Hay cuatro chicas del lado derecho y cuatro al lado izquierdo. Rafaella está al fondo, por ser la más alta y no querer que tape a las demás.
—Pero si la coloco al frente las otras chicas no se verán... —dice Mateo colocando su mano sobre su nuca, pensativo.
—Bueno, pero Joselinne también está al fondo, y ellas son las más atractivas —dice Kat apuntando hacia las chicas, que siguen practicando los pasos.
—Pero no es que quiera que las atractivas resalten en la coreografía, mi trabajo justo ahora es que se vean todas bien —dice Mateo aún más pensativo.
Nunca me ha gustado contrariar a Kat, ella se enfada mucho, pero a Mateo no le ha sido difícil.
Creo que eso es un súper poder.
Veo el rostro de Kat y, no, no está molesta. Está pensativa.
Veo hacia las chicas, están muy nerviosas.
—Puedes colocarlas en zigzag —digo muy bajo.
—¿Qué te parece en zigzag? —dice Mateo a Kat. Mateo sí me escuchó.
—Eso puede funcionar —dice Kat con una sonrisa.
Mateo se pone de pie y empieza a guiar a las chicas, colocando a las altas como Joselinne, Rafaella, Fabiola y Darlin en la parte de atrás, mas no se estropeaba la vista, pues entre las bajitas había espacios para que las que están atrás se vean.
—¿Qué te parece?
—Me gusta —le responde Kat con una sonrisa. Luego Mateo comienza a organizar mejor los pasos en cada espacio con las chicas.
Yo mientras toco mi morral turquesa disimuladamente. Estoy pensando seriamente en volver a sacar a Curiot para distraerme.
—Fue una buena idea —escucho que me dice una voz femenina.
Elevo la vista y veo que Kat me sonríe.
—Sí... —No sé si se refiere a mí o a la idea de Mateo. Que fue mía pero que cree que es de Mateo...
—¿Me harías un favor?
—Dime.
—¿Me traerías dos botellas de agua?
—Claro —me pongo de pie y extiendo mi mano esperando el dinero.
—Creo que valen cinco quetzales —me dice dándome un billete de 10.
—Está bien —digo y me doy la vuelta.
Bajo las gradas del salón, que son bastante altas para mis cortas piernas, y busco la tienda más cercana.
Aquí en Guatemala, hay tiendas pequeñas por doquier. A Kat no le gusta ir a estas tiendas, pues están sumergidas entre callejones de casas, que casi siempre están unidas por familias.
Llego al callejón y me adentro hasta estar frente a la tiendita.
—Buenas tardes —digo llamando a quien sea que atenderá la tiendita.
—Buenas tardes ¿Qué deseas?
Pedí las dos botellas de agua, que justo valían 5 quetzales cada una, y salí corriendo hacia el salón.
Subo con dificultad las grandes gradas de la entrada y llego donde está Kat.
—Gracias, bebé —me dice cuando le estoy dando la botella.