Siento los rayos del sol tocando mi rostro. Hoy será un gran día. Tiene que serlo. Hoy es 3 de noviembre: mi cumpleaños. Hoy cumplo trece años.
Cada día estoy más cerca de ser una mujer adulta.
—Me costaba trabajo creer que tenía 12 y ahora ya tengo 13 —le digo sonriente a Crezia.
—Dicen que eso es porque no has crecido- me responde mientras trata de arreglar sus dos coletas de cabello negro.
—No entiendo a qué te refieres —le digo entrecerrando los ojos.
—Yo tampoco lo entendí cuando Nadia me lo dijo —dice Crezia sonriéndome.
Nadia es su hermana mayor.
—Mi papá dice que uno no tiene la edad hasta el día siguiente a su cumpleaños —me dice Nataly mientras come gusanitos dulces.
—O sea que... ¿aún tengo 12?
—Supongo —dice sin prestar mucha atención al tema.
Veo los gusanitos dejando azúcar en sus delgados dedos, mientras lleva su suéter azul de lana arremangado para no manchar el uniforme.
Me enfada esa mala costumbre de levantarme tarde. No comí hoy y por venir a tiempo olvidé pedirle dinero a mi mamá.
Pero el episodio de "Betty la Fea" estuvo muy bueno anoche. Don Armando le dio un beso a Betty y...
—¿Hicieron la tarea de Historia? —pregunta Crezia, sacándome de mis pensamientos.
—Sí, respondí todas las preguntas —me dice Nataly.
—A mí me faltaron las últimas dos —digo.
—Bueno, yo también las respondí todas, si quieres te paso las últimas dos luego —me dice Crezia y agradezco con una sonrisa.
—Darse copia no es bueno —dice Nataly. Siempre se enfada con nosotras por la misma razón.
—Ella sí intentó hacer su tarea Naty, sería malo si ella no hubiera hecho ninguna de las 15 preguntas y yo le dé copia de todas —dice Crezia sin prestar mucha atención, viendo hacia las hojas secas caídas de los árboles.
—Mi papá dice que es lo mismo —dice cortante.
Siempre la misma discusión.
—Hoy no... —digo entre dientes.
—Es verdad. Ya basta, no hay que hablarnos feo —dice Crezia con su suave voz—, que hoy es el cumpleaños de Bamvi. Disculpa Naty —le dice con una sonrisa tierna.
—Es verdad, lo siento —dice Nataly también.
De repente vemos cómo Nataly sale corriendo, sin decir nada.
—¿Y ahora? —pregunto a Crezia— Pensé que nos habíamos disculpado.
Continuamos caminando Crezia y yo, viendo las hojas cafés que se cayeron de los árboles.
—Ya vine —dice Nataly con las mejillas rojas de cansancio—. Ten —me dice y extiende tres bolsitas de gusanitos dulces—. Feliz cumpleaños.
Yo me quedo inmóvil.
Decido abrazarla y así le agradezco. Es probablemente la chica más extraña que he conocido, pero se ha ganado mi cariño.
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Cuando noto, el momento más esperado ya había llegado. El tiempo es muy cruel con algunas cosas, incluso creo que estoy en automático y no siento el paso del tiempo.
Camino rápidamente junto a Kat hacia el frente del restaurante de pollo frito del gran centro comercial.
—Hoy sí ya es muy tarde —me dice Kat.
Levanto la vista y puedo ver a Mateo, sentado, viendo hacia el arbusto cercano, distraído.
Nos ve. Creo que está un poco molesto por la hora, pero lo disfraza con una tierna sonrisa. Una sonrisa muy atractiva. Incluso ahora le veo cierto tono de bondad, quizás sea eso lo que más me atrae hacia él.
Kat dice que a las personas buenas se les nota en el rostro; Mateo es muy bueno, además de un artista, y eso se le nota en sus ojos y su sonrisa.
—Lamento la tardanza —dice Kat mientras le da un beso en la mejilla a Mateo para saludarlo.
—No te preocupes —dice y me ve— Hola Bamvi.
—Hola —le digo.
De nuevo mi voz se agudiza demasiado. A veces me odio.
—Por cierto Mateo, hoy es su cumpleaños- dice Kat viéndome con ternura.
—¡Qué bien! ¡Feliz cumpleaños entonces!— dice sonriendo.
Me sonrojo. Su voz ya no se parece a la de los niños de mi edad que conozco, Mateo tiene la voz más grave, más... viril. Creo que es la palabra correcta. La leí en un libro de lectura en la escuela.
Y de nuevo, el tiempo hace de las suyas.
Quizás estuve en automático mientras iba en el autobús, aunque sí recuerdo haber visto a Mateo varias veces y que él, cuando Kat estaba distraída, me devolvía la mirada.
No sé qué es lo que me tiene en las nubes últimamente, pero estoy tan distraída que no me he dado cuenta que ya estoy en el escenario del salón.
—Necesito que junten las sillas y formemos una U —dice Mateo mientras se quita la chaqueta negra y la deja sobre una de las sillas blancas que encontramos en la bodega.
Cada de una de las chicas toma una silla de la bodega y formamos la U que pidió.
—Vamos a hacer un ejercicio que se llama "foco de presión", para prepararlas a cada una para el momento en que les toque responder una pregunta frente a todos los espectadores. Como comprenderán, ya falta muy poco tiempo para el evento para el que nos hemos estado preparando.
Mateo pasa repartiendo unos papeles blancos donde él mismo había escrito las posibles preguntas del jurado.
—Les dejaré que piensen un momento su respuesta —dice sonriendo y yéndose a sentar en la silla que está junto a mí—. ¿Puedo?
Solamente asiento mientras me doy la dicha de verlo un momento a los ojos. Eleva la ceja y yo le respondo de igual manera, esto se convierte en un hábito muy bonito, como una comunicación en código secreto, que ni siquiera yo sé descifrar.
—Bueno... ¿están listas? —dice poniéndose de pie rápidamente y caminando alrededor de las sillas, por el lado de afuera.
Fue pasando cada chica, una por una, al centro, para responder su pregunta, mientras Mateo les daba tips para el nerviosismo y para que su voz se escuchase más segura.
Veo a Rafaella pasar, bastante insegura de su respuesta, con las manos temblando.
—Debes evitar los "ah, eh, am, em, etc". Tú di lo que se te esté ocurriendo y trata que se escuche natural.