Camino junto a Katherine mientras ella ve cosas de maquillaje en la pequeña vitrina.
—Escoge algo si quieres también Bamvi —me dice Richard. Creo que se dio cuenta que estoy distraída.
—No te preocupes Richard —digo y sonrío.
El tiempo se me pasa muy rápido. Ahora estamos comiendo en los restaurantes del centro comercial. No sé cómo esto me pasa tan seguido y es que... últimamente siento que estoy en automático.
Por cierto, Kat me trajo a otra de sus citas.
—¿Quieres ir a ver artículos de arte, Bamvi? —me pregunta Richard y de nuevo me saca de mi extraño estado de automático.
—Muchas gracias Richard, pero no te preocupes —digo y siento que las mejillas se me calientan.
—Vamos Bamvi —me dice Kat mientras se termina el arroz chino que tiene sobre la mesa.
Está bien. Iré.
—Está bien —digo sonriendo amablemente a Richard y a Kat.
Al salir de ahí y llegar a la tienda de arte lo primero que veo es a Curiot... bueno, más bien, a los hermanos de Curiot.
Hojas de lino, pasta negra y gruesa, presentación delicada.
Y pensar que ahora Mateo tiene a Curiot.
—Mira Bamvi, ahí está Curiot —me dice Kat viendo lo mismo que yo.
—Es verdad, es lo que te compré antes —dice Richard viéndolo— ¿Cómo está Curiot?
—Bien, supongo —digo sonriendo.
—¿Aún lo tienes?
Veo hacia Katherine, esperando que no me diga nada negativo luego.
—No, bueno, sí lo llené todo. Pero lo regalé —digo sonriendo y por la mirada y las mejillas rojas de Kat sé que acabo de cometer un grave error.
—¿Ah sí? —dice Richard aún siendo amable.
—Sí... fue a una persona importante.
Kat no me dice nada, mas sé que habrá un interrogatorio luego.
Entramos a la tienda y Richard me pide que me decida por algo.
—Vamos Bamvi, estás en confianza —me dice posando su mano grande y pecosa sobre mi delgado hombro.
Asiento y sonrío, mientras camino hacia el fondo de los estantes de la tienda.
Levanto la vista y es justo ahora cuando siento que mi estómago da vueltas de emoción.
—¿Qué encontraste Bamvi? —me dice Kat, aunque sé que en el interior lo único que desea es hablar conmigo en privado.
Apenas intento articular palabra, no lo logro, así que decido señalar.
—Señalar es de mala educación Bamvi —me dice Kat al mismo tiempo que vuelve la vista hacia el lienzo y sonríe.
—¿Quieres un lienzo?
Asiento sonriendo. Ya sé qué le regalaré a Mateo para que siempre recuerde que pintaré sus sonrisas.
—¿De qué me perdí? —dice Richard acercándose.
—Creo que ahora empezará a disciplinarse más con la pintura —escucho decir a Kat.
Richard levanta la vista hacia donde Kat está viendo.
—Yo te lo compro Bamvi —me dice y toma el lienzo.
—Gracias Richard —digo sonriendo.
Kat sigue a Richard hacia la caja, mientras yo observo más tiempo los lienzos.
Lo único que puedo imaginarme justo en este momento es el rostro de Mateo en esos lienzos, con su sonrisa y su barbilla partida. Puedo imaginar sus ojos grises con ese destello azul cerca de la pupila.
—Bámvika, ya debemos irnos —me grita Kat desde la puerta, tomada suavemente de la mano de Richard.
Camino rápidamente y los alcanzo. Sonrío a la cajera que me despide también con una sonrisa y camino tras Richard.
Lleva una bolsa grande, pero podría jurar que lleva algo más porque veo una bolsa de cartón escondida en su otra mano.
—A ver cuál será tu primer cuadro Bamvi —me dice Richard sonriendo.
—Dicen que la acuarela es la técnica más difícil, y Bámvika la sabe aplicar muy bien Richard. O sea que el Óleo no le será tan complicado —me dice Kat y me sonrojo. ¿Acaso acaba de decir Óleo?
Me sonríe y yo no puedo dejar de ver hacia ella y hacia la bolsa.
—Te lo prometí para tu cumpleaños Bamvi —me dice y recuerdo cuando lo prometió. Esa vez en la que su disco favorito estaba oculto bajo todo mi peso y ella debía buscar una manera de obtenerlo.
—¿Hablas en serio? —digo agravando un poco la voz para que sepa que estoy hablando en serio.
—¡Claro que sí Bámvika! —me dice y me abraza por un momento. Me da la bolsa de cartón que tiene en una de sus manos y espera con ansias la expresión en mi rostro. Yo no puedo estar más que feliz, feliz, feliz. ¡Pinturas de óleo!
—¡Gracias, gracias, gracias! —digo sin abrir aún la bolsa y dándole un ligero abrazo a ella, y luego a Richard.
Abro la bolsa de cartón y ahí los veo. Los tubos de pintura más bonitos que haya visto nunca.
En todo el camino de regreso a casa no dejaba de imaginar qué imagen de Mateo pintaría, qué posición tendría, si se mostrarían todos sus dientes, si lo haría con la ceja levantada.
—Gracias por el regalo Richard —digo saliendo del auto y dejando que Kat y Richard se despidan como los novios se deben despedir, sin hermanas que vean el momento del beso.
Su beso...
Seguro ahora tengo cara de tonta enfrente de la gran puerta gris de mi casa, me sonrojo de sólo recordar el suave roce de sus labios y su dulce y varonil aroma que me inundaba.
—¡Gracias por todo amor! —grita Kat a Richard y el carro se aleja de entre la oscura calle.
—Vamos —me dice Kat abriendo la puerta con las llaves en su llavero de la torre Eiffel.
Camino lento por la casa mientras subimos las gradas y llegamos a la habitación. No puedo evitar sentir y acariciar los tubos de pintura que van dentro de la bolsa.
—Creo que mamá está en el bingo con Abimael —me dice Kat y yo solamente asiento entrando a la habitación—. Ponte la pijama, ya son más de las 9.
—Está bien —digo y camino hacia el armario. Mis pijamas están sucias, así que improvisaré con una pantaloneta y mi suéter de ositos rosa.
Cepillo mis dientes, coloco mi lienzo y mis pinturas sobre una mesa y me acuesto en la cama, cubriéndome con mi sábana de "The little mermaid".
—Duerme en mi cama hoy, Bamvi —me dice Kat así que me levanto con la almohada y voy hacia su fría habitación sin dudar—. Es que no quiero dormir sola hoy —me dice mientras se mete entre las sábanas beige de su cama.