Creo tener todo listo: mi lienzo colocado sobre la mesa, mis pinceles a un lado, una tabla de madera en la que puedo mezclar colores y las pinturas de óleo.
Inicié dibujando el contorno con Carlo, mi lápiz 4H, para que se viera muy suave y no estropeara el lienzo.
Al acabar veo el reloj. Son las dos de la tarde.
Es un buen momento para iniciar con la pintura, me siento energética y con el pecho lleno de una emoción y creatividad incontenible.
Comienzo a pintar y no me detengo, sólo veo cómo los trazos siguen apareciendo suavemente sobre el lienzo, mientras veo la fotografía de Mateo que Kat me regaló para que pudiera hacer el retrato. No sé cuánto tiempo llevo haciéndolo, no sé desde qué momento perdí completamente el tiempo presente y tampoco sé a dónde se me fueron todas esas horas. Lo único que sé es que tras pasar el tiempo comencé a sentir la necesidad de encender la luz de la habitación, y la encendí de un salto.
Al cabo de un tiempo simplemente siento la delicada mano de Kat tocar mi hombro.
—Oye Bamvi, ya es muy tarde —me dice y fija la vista en el retrato.
—Lo siento, se me fue el tiempo volando —digo también viendo la pintura.
—Me gustó cómo hiciste el brillo en su cabello —me dice señalando la coronilla de Mateo.
—En realidad quería resaltar su lunar de canas —digo tras un suspiro y ríe quitando su dedo de la pintura.
—¿Aún debes afinar detalles?
—Bastantes —digo viendo especialmente el ojo derecho, se ve ligeramente desigual al ojo izquierdo. ¿O el ojo izquierdo se ve ligeramente desigual al derecho?
—La técnica de óleo que utilizaste casi sólo la utilizan profesionales Bámvika —me dice cortando mis pensamientos sobre ambos ojos en el retrato.
Fruncí levemente los labios.
—Sin embargo lo has hecho muy bien. Por lo general el óleo se pinta por capas. Pocas personas demuestran tu talento con el óleo, más aún resaltando que es la primera vez que lo usas.
Sonreí suavemente, aunque me pregunto si hubiera sido mejor que lo pintara en capas.
—En realidad, aún no estoy muy segura de que esté quedando bien.
—Bueno, son las nueve y mamá todavía no regresa —comienza a decir con un dedo en sus labios, fingiendo estar pensativa—. Te haré compañía un rato, aunque a este paso no puedo creer que sigas sintiendo las nachas Bamvi —me dice y no puedo evitar reír. La verdad es que llevo tanto tiempo sentada que no había prestado atención a un leve hormigueo en las piernas y en las nachas (glúteos).
—La verdad es que las piernas empiezan a retomar su locomoción —digo poniéndome rápidamente de pie.
—No me extrañaría —dice riendo, acomodando un mechón de su cabello dorado justo detrás de su oreja.
Doy una vuelta alrededor de la cama y regreso rápidamente a mi pequeña silla.
—Me gusta mucho la línea de su sonrisa —comenta Kat, tocando suavemente la pintura, sin hacer demasiada presión y quedándose con un poco óleo de color piel en su dedo índice, blanco y pálido.
—¿Te cuento un secreto? —le digo mientras acomodo mi coleta, por alguna extraña razón se aflojó.
—Dime —dice mientras quita un poco de la pintura de óleo que está entre una de sus delicadas y largas uñas pintadas de color rojo.
—Mateo es la primera persona a la que pude dibujar sonriendo —confieso, mezclando de nuevo el color gris de los ojos en mi tabla de madera. Debo arreglar ese ojo derecho. Ya lo decidí.
—¿En serio?
—Sí. Ni yo lo podía creer —digo sonriendo suavemente.
—¿Te cuento algo?
—Mjm —digo empezando a dar toques suaves con el pincel, tomando tan ligeramente el pincel como me fuese posible.
—Richard fue a la primera persona a la que le pude pintar pecas, y que se viera igual de guapo —confiesa y no puedo evitar reír.
—He visto las pinturas, son realmente buenas —afirmo y ella sonríe con los labios cerrados. En realidad sus pinturas son muy hermosas, aunque no pinte tan seguido.
—Cuando tenía tu edad no dibujaba ni la mitad de bien de lo que tú dibujas Bamvi —me ruborizo un poco, pero continuo pintando el ojo gris, ahora con unos cuantos destellos azules cerca de la pupila, muy pequeños y disimulados.
—Supongo que es porque yo te he tenido a ti para enseñarme —digo y le otorgo una suave sonrisa.
—Puede ser —dice modesta, empujando su cabello hacia atrás y moviendo la cabeza de un lado al otro, divertida.
Sigo pintando a Mateo durante una hora más, hasta sentir que el pecho se me llena de orgullo y felicidad por haber terminado la pintura, y que se viera linda.
—Espera, tomaré una foto —dice tomando la cámara pequeña y gris que nos mandó nuestra tía de Estados Unidos—. Quédate quieta.
Yo asiento, acomodándome en el banco alto en el que llevo no sé cuántas horas.
Veo el reflejo del flash que viene desde atrás mía, y elevo el pincel para posar, haciendo como si estuviera pintando.
—Me encanta —me dice Kat viendo la pantalla de la cámara. Se pone de pie, toma la pintura entre sus manos y la deja sobre el armario de cedro de mi mamá; porque ella es la única que alcanza la superficie de éste.
—¿Crees que le guste? —pregunto tomando mi pijama de osos amarillos. No me considero fan de Winnie-The-Pooh, pero esta pijama de osos amarillos no se parece mucho al osito que come miel.
—Estaría loco si no le gustara Bamvi —me dice y se escabulle hacia su habitación a ponerse también su pijama.
Me acuesto en mi cama pequeña con edredones púrpura, y lo primero que pasa por mi mente es ese dulce beso que me dio. Siento que desde ese instante ya no soy la misma persona. Algo ha cambiado en mí, lo puedo sentir, aunque no sé qué sea.
—Bamvi, ven a dormir aquí —me pide Kat en un murmuro.
Tiene la manía de pedirme que duerma con ella luego de haber desarreglado mi cama para dormir. Luego en las mañanas debemos tender dos camas.
—Voy —susurro, poniéndome en pie.
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