Pintaré tus Sonrisas

24 - Vuelo 254

Mi mamá está acostada en el sillón de tres personas, mientras Kat y yo estamos juntas en uno de dos asientos. Ya es de noche, muy noche, y mi mamá ama ver una de sus novelas, que por lo general no tiene tiempo para ver, pero hoy no fue a trabajar.

Pensé que podríamos ir a despedir a Mateo al aeropuerto, incluso me vestí con mi blusa color turquesa favorita, con la que lo conocí, y preparé el cuadro para ser entregado, pero al final Mateo le avisó directamente a Katherine que no podríamos llegar puesto que toda su familia iba a estar ahí, e iban a comer antes de ir al aeropuerto y varias cosas más: cosas familiares.

Me recuesto en el pecho de Kat, sintiendo su suave aroma a flores que siempre lleva puesto, aunque también siento un suave aroma a cabello quemado. Ella también se preparó para ir al aeropuerto. Se alisó el cabello y se puso un vestido rosa brillante muy bonito, pero creo que quedó con la misma decepción que yo.

Siento que los ojos se me van cerrando, y cada vez que los cierro no logró pensar en otra cosa que no sea en Mateo, y en que va en un gran avión en el cielo, dirigido a un país al que no quiere ir en realidad. Un estruendo en la televisión me despierta de repente y sale una noticia de última hora. Uno de esos anuncios que aparecen en la televisión interrumpiendo hasta el más romántico beso en una telenovela.

Vuelvo a cerrar los ojos mientras escucho a lo lejos la voz del reportero. Dijo algo sobre un avión de Guatemala.

Abro los ojos como platos al darme cuenta de lo que eso puede significar y vuelvo la vista hacia Kat, quien está expectante viendo hacia el televisor.

—El avión que se ha reportado perdido. Un vuelo que despegó del Aeropuerto La Aurora, vuelo número 254. Fuentes fidedignas afirman que iba dirigido hacia Barcelona, España.
Una gran confusión llena mi mente.

No puede ser el vuelo de Mateo. No, Mateo está bien. Él está sano. Él va tranquilamente dirigido hacia Barcelona.

Kat se levanta del sofá de un salto y corre velozmente hacia su habitación, seguramente en busca de su celular.

Mis manos tiemblan sin poder controlarlo y me doy cuenta que uno de mis dedos sangra ligeramente. De seguro mordí demasiado mi uña sin darme cuenta. Termina el anuncio, aunque en realidad ya no prestamos mucha atención.

Los segundos sin Kat en el sofá son eternos. Mi mamá parece darse cuenta de lo que está sucediendo porque al instante me ve.

—¿Hoy era el viaje de ese muchacho?

—Sí mami —digo con la mente en otros pensamientos.

—¿Adónde iba él?

—A Barcelona, mami —digo y ella respira demasiado fuerte, haciendo que mi piel se ponga de gallina.

Nos quedamos en silencio un momento, yo esperando a que Kat venga con la noticia de que el vuelo de Mateo era otro número, o que en la televisión aparezca otra noticia de última hora diciendo que lograron localizar al avión y que va dirigiéndose tranquilamente a España.

Entra Kat de repente a la sala de estar con lágrimas en ambos ojos, me dice algo que me hiela la sangre. Siento que el aire se va de mis pulmones y el agua inunda mis ojos, haciendo borrosa mi visión.

—Ese era el número de vuelo de Mateo...

A pesar de saber que el avión solamente está extraviado, no puedo dejar de pensar en lo que eso puede significar . Quizás sólo subieron mucho al cielo y se perdió la señal, o tal vez el avión tuvo alguna especie de falta de señal, pero no puedo pensar en que se perdió en medio del mar, no, eso no. Yo no sé nada de aviones, claro. Pero cruzo los dedos para que sea algo así, algo sin demasiados percances.

Pasan horas desesperadas, mientras vemos el televisor y esperamos a que salga otra noticia sobre el avión, sobre el vuelo 254.

Abrazo a Kat muy fuerte, y me seco las últimas lágrimas, disimuladamente, sobre su vestido rosa. Ya no quiero llorar, Kat está muy triste y no sé qué puede hacer.

—No le pasó nada, va a estar bien —nos dice mamá, pero mi mente está volando de nuevo en el mundo de Mateo.

Volando... como su avión. Trato de mantenerme positiva.

—Ya no hay que estar tristes —me dice Kat, viéndome directo a los ojos—. Mateo va a estar bien. El avión llegará sano y salvo —Se pone en pie y se dirige hacia la cocina. Toma una jarrilla y pone agua a hervir en la estufa. Me parece que hoy será una larga noche, pues va a preparar café.

Voy junto a ella y pongo café en tres tazas, una azul, otra blanca y otra también blanca pero con el logotipo de "Banrural". Sólo resta esperar a que el agua hierba y podremos hacer los cafés.

—¿Ya hablaste de nuevo? —pregunto acercándome de nuevo a mi hermana en el sofá.

—No. Todos están muy preocupados.

—Nosotros también —le digo abrazando su delgado y pecoso brazo.

—Pero nosotros no somos su familia. Tú ni llegaste a ser su amiga —suelta repentinamente. Algo duele en mi pecho y hace que mi rostro arda de un momento a otro.

—Yo soy su amiga —le digo a Kat, pero la vista se me empieza a borrar a causa de las lágrimas.

—No Bámvika. A penas lo conociste. En ese tiempo no se hace amigo de nadie. Menos se enamora, como decías que estabas.

No sé por qué Kat dice esas cosas y no entiendo por qué lo hace frente a mi mamá. Mi mamá nos ve y dice algo tranquilamente.

—Kat tiene razón Bamvi —Se sienta en el sofá para quedar más recta—. Nadie se puede enamorar en tan poco tiempo.

Mi vista se borra aún más, pero un sentimiento entre enojo y tristeza me recubre todo el pecho.

—Pero eso no significa que Bamvi no se sienta triste —dice mi mamá, de seguro al ver mis lágrimas caer y mi mano pasando cada dos segundos sobre mis ojos, secando una nueva lágrima.

—Sí, pero Bamvi está exagerando mamá —dice Katherine, de una manera más bien exasperada.

—Yo lo quiero —musito entre lágrimas que se cuelan por mi boca.

—¡No podías quererlo! —grita Katherine.

—¡Nadie puede mandar mis sentimientos! —grito también, y me doy cuenta de algo: es la primera vez en mi vida que levanto la voz de esa manera hacia Kat.




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