Guatemala, febrero del 2023
Tomo mi maleta con ligereza, aunque sí que pesa, y camino rápido hacia las puertas de salida, otra vez.
—Ahí viene, ahí viene —escucho decir a mi mamá con un tono de voz un poco ansioso.
—Tranquila mamá. La pondrás nerviosa —le regaña mi hermana.
Llego con ellas y veo a mi mamá limpiarse una lágrima que caía por su mejilla.
—Estaré bien —le digo, aunque es más para mí que para ella.
—Lo sabemos —dice Kat y me sonríe.
Me acerco y la abrazo rápidamente, aunque los abrazos nunca han sido lo suyo, esta vez sí que lo acepta.
—Que todo te salga muy bien Bámvika Lara —me dice Kat de manera formal. Veo a lo lejos aparecer a Richard, de la mano de una pequeña niña de cabello castaño, y vienen hacia mí.
—No te vayas, tía —me dice la pequeña niña y yo me inclino para abrazarla.
—Tu tía Bamvi debe irse —le dice Richard y luego levanta la vista hacia mí—. Me siento orgulloso de ti. Sabía que harías cosas grandes —dice y yo sonrío en agradecimiento.
—Yo te dije —dice Katherine, tomando a mi sobrinita de la otra mano— Haz todo lo quieras hacer con profesionalismo y eso te llevará lejos —dice citándose a sí misma y yo sonrío.
—Gracias por todo —les digo y abrazo rápidamente a Richard y beso en la mejilla a la niña.
—¿Quién pintará ahora conmigo? —me pregunta la niña con un puchero y yo me inclino.
—Puedes pedirle a tu mami que pinte contigo, Sofía —me hace otro puchero y frunce el ceño—. Volveré pronto —le digo y sonríe mostrando sus pequeños dientes. Extiende sus pequeñas manos y abraza mi cuello, dándome un suave beso en la mejilla.
Me pongo en pie y veo a mi mamá.
Es un mar de lágrimas.
—Mamá, volveré pronto —la abrazo fuerte y ella empieza a llorar más y a hacer sonidos extraños con la nariz.
—Mi bebé ya creció —dice entre lágrimas. Me alejo y limpio las lágrimas gruesas que se deslizan en sus mejillas.
—Creo que ya nos habíamos dado cuenta de eso —dice Kat y yo me río.
Ya crecí. El tiempo vuela y seguirá volando si no lo tomas en tus manos y haces algo con él.
—Debo irme —les digo y a Kat se le escapa una lágrima fugitiva, la cual se limpia de inmediato.
—Deséenme suerte —digo.
—Éxitos Bámvika —me dice Kat y mis ojos se humedecen, bloqueando mi visión.
Tomo la maleta con firmeza por el mango y me doy suavemente la vuelta.
—Gracias por todo —digo y comienzo a caminar hacia adentro. Lo último que veo es la pequeña mano de Sofía despidiéndose, mientras Richard la sostiene en brazos. Luego de eso no vuelvo la vista hacia atrás. Las piernas me tiemblan y el valor que tengo se desvanece a cada paso que doy. Más vale que si se agota sea cuando el avión ya haya despegado.
Cuando ya estoy en el avión, con las piernas temblando y la mirada perdida, las lágrimas empiezan a correr.
¿Qué estoy haciendo? Me separaré de mi familia, pero sólo por un tiempo.
Sólo por un tiempo.
Sólo por un tiempo.
Lo repito muchas veces entredientes, mientras veo el avión despegar y las ganas de soltarme del cinturón y bajarme aumentan.
—Mija. No llore. Si usted está viajando es para alcanzar algo —me dice la señora de cabello teñido que está junto a mí, como si conociera por lo que estoy pasando.
Sonrío, o eso intento, y la señora me ve con compasión.
—Es la primera vez que me separo de mi familia —le digo y ella sonríe aún más ampliamente.
—Después de la primera vez todo será más sencillo —me dice.
Eso espero.
Luego de eso la señora duerme y yo me pongo los audífonos. Busco música en mi celular para distraerme. Quizás un par de clásicos me caerían bien. Le doy clic a una lista de reproducción de los 70s y 80s, y recuesto mi cabeza en el sillón.
No dejo de ver por la ventana. Estoy dejando a mi hermoso país.
Mi Guatemala.
Pero volveré pronto.
El viaje dura alrededor de 12 horas. Aunque dicen que son 24 porque apareceré allá a esta misma hora pero de mañana, por el cambio de horario.
Viajar a Madrid ha sido una decisión difícil, pero luego de convencerme a mí misma que sería una gran oportunidad, me decidí por venir.
Escucho la canción "You rock my world" de Michael Jackson y un extraño sentimiento invade mi pecho, como una nostalgia. Esta canción me trae buenos recuerdos. Recuerdos de cuando comencé a escuchar la música de Michael Jackson, en un intento de consuelo, pues me traía recuerdos a un joven coreógrafo de ojos grises.
Recuerdos que me negaba a olvidar.
Han pasado más de 10 años desde aquél entonces. El avión apenas está despegando y me quedan 12 horas para estar aquí sentada. Recuerdos comienzan a venir a mi mente, como flashes momentáneos, pero de algún modo me distraen de mi realidad actual.
Luego de que el noticiero mostrara el trágico accidente, Kat llamó a los familiares y los acompañó al funeral. Nadie entendía tanto el dolor como los mismos familiares, y tampoco nadie entendía que velaran un jarrón con cenizas.
Las autoridades de Españolas decidieron cremar los cuerpos porque el impacto los había dejado irreconocibles.
Todos teníamos dudas de si en realidad habían velado la esencia de Mateo o la de algún otro pasajero.
En fin, Kat fue sola a la vela y al funeral, porque seguía molesta conmigo, aunque me lo negara. Aunque mi yo de 13 no lo comprendiera muy bien, y para ser honesta, mi yo de 23 sigue sin tener idea.
Los siguientes años fueron extraños, aún los recuerdo. Al principio no podía escuchar una sola palabra sobre él, pero luego, en mi tristeza y desesperación por superarlo, comencé a dibujarlo compulsivamente. Solía dibujar a Mateo por todos lados y escondía los dibujos para que no se dieran cuenta que aún pensaba en él. Lamentablemente mamá y Kat siempre encontraban los dibujos, lo sé porque aparecían en lugares muy diferentes. Una vez los escondí en un jarrón lleno de cristales, y al día siguiente aparecieron encima de la refrigeradora. Afortunadamente nunca me mencionaron nada al respecto, hasta que en una ocasión, en mi fiesta de 18, hicieron un extraño comentario, el cual ya olvidé. Se suponía sería gracioso...