Veo un auto negro estacionarse en frente del aeropuerto y sale un chico de cabello castaño, despeinado. Lleva un papel en las manos, y me llama la atención en cuanto lo abre, viendo alrededor un poco agitado.
Leo bien el papel y dice "Bambi".
¡Es Peter!
Escribió mal mi nombre, pero eso es lo que menos me importa en estos momentos.
Me pongo de pie y alzo mis brazos para llamar su atención.
Por fin me ve, sonríe y se acerca con premura.
—Lamento tanto la tardanza. Estaba terminado algo en el trabajo y luego el tráfico...
—No te preocupes —le interrumpo. Alzo mi mano para saludarlo y él me da un abrazo en su lugar. Uno un poco incómodo.
Trato de sonreír y luego él toma las dos maletas grandes y las lleva hacia el auto.
El cielo ya se comienza a ver de un azul grisáceo.
Si se tardaba 15 minutos más, quizás me habría alcanzado la noche ahí sentada.
Quizás debí irme con el chico de los ojos miel.
Pero no... ¿y si me hubiera robado?
—¿Cómo estuvo el vuelo? —me pregunta Peter, sacándome de mi ensimismamiento.
—Bien... no hubo percances —digo viendo hacia el frente las bonitas calles de Madrid. Toda la arquitectura es preciosa y tiene tantos detalles, detalles antiguos.
No como los edificios modernos, que tienen paderes lisas y muchos cuadrados.
—Me alegra mucho —dice Peter. Toma una goma de mascar de su sostenedor de vasos del auto, me ve un segundo, con la goma de mascar a medio abrir en los labios— ¿Quieres una?
—No, gracias —digo con una sonrisa.
—Iremos primero a tu Airbnb y luego podemos ir a cenar si gustas —me dice.
Su amabilidad me pone un poco nerviosa, pero asiento, ya que estoy demasiado hambrienta y mi estómago está comenzando a vibrar y a hacer ruidos extraños.
El resto del viaje fue más silencioso.
Peter llevaba música en el auto, con poco volumen, pero en definitiva era música que no había escuchado antes.
Finalmente llegamos al Airbnb. Entramos por una puerta de metal negra, y vemos un pequeño patio, antes de entrar por la puerta de madera que lleva hacia adentro del apartamento.
Peter saca las llaves y abre la puerta con cuidado.
—Bienvenida a tu casa, temporal —me dice y veo alrededor.
Se ve acogedor.
Tiene las paredes blancas, y eso hace que todo se vea iluminado. A excepción de la sala de estar, que tiene la pared beige. Tiene también una mesa de madera redonda, un sofá para 3 de color gris azulado oscuro y almohadas amarillas.
—Estos vinieron hace un par de días —dice Peter señalando varias cajas, de múltiples tamaños, en frente del mostrador de la cocina.
—¡Gracias! —le digo. Me alegra que mis pinturas hayan llegado sanas y salvas.
Camino hacia las cajas y luego entro en la cocina. La cocina está en una esquina amplia, bastante acogedora, con los gabinetes blancos y el mármol de decoración gris oscuro. Tiene una pequeña entrada, y en frente, un pequeño mostrador liso de color gris oscuro, y tres bancos altos de cojines amarillos. Justo ahora mis cajas están tapando un poco los bancos altos.
El lugar tiene una área de lavado también, un cuarto pequeño con azulejos blancos y amarillos como en una tabla de ajedrez, que parece bastante pintoresco.
—No es tan grande, pero creo que será un muy buen lugar estos días —me dice Peter.
Salía más barato si un local lo rentaba, así que Richard le pidió a Peter si lo rentaba por mí. Por esa razón, en realidad, Nico tenía razón. No sabía ni en donde que quedaría.
—Me parece lindo —le digo.
Camino hacia la habitación y dejo ahí mi maleta de mano. La cama tiene sábanas blancas y dos almohadas. Un pequeño mueble blanco, junto a una ventana, sostiene un televisor de tamaño mediano.
—Conozco un lugar cálido con la mejor paella del centro —me dice Peter.
Yo asiento. Tomo mi pequeño bolso marrón y me encamino con él hacia la salida.
Peter me lleva de nuevo al Airbnb luego de comer paella. No sabía que fuera tan deliciosa.
Creo que me vieron raro cuando me chupe los dedos un par de veces, pero traté de no darle importancia. También aproveché para hablar con mi mamá un rato y avisar en casa que llegué. Lloramos un poquito más, y Peter trataba de ver hacia otro lado.
—Bueno, nos vemos mañana. Si tienes dudas o preguntas, o si necesitas algo, no dudes en llamarme —me dice.
—Gracias, Peter —le digo asintiendo.
—¡Oh! Y, casi se me olvida —dice dándose la vuelta repentinamente—. Esta es tu copia de la llave —me da una pequeña llave dorada, con forma triangular.
—Gracias —le digo. Tomo la pequeña llave y la pongo en una bolsita pequeña, dentro de mi bolso marrón.
—Bueno... que descanses Bamvi.
—Gracias. Igual tú —le digo y sonríe. Se da la vuelta y se marcha por esa puerta.
Escucho el sonido de la puerta de metal abrirse y cerrarse, y luego el auto marcharse.
Tomo un gran respiro profundo, y luego suspiro.
Aquí vamos. Nuevos comienzos.
Estoy cansada pero no tengo tanto sueño.
Dormí bastante tiempo en el avión, aunque admito que no fue el mejor descanso.
Veo mis maletas grandes en la sala.
Quizás pueda organizar un poco mis cosas.
Estaré acá por casi dos meses, así que podría tratar de ponerme cómoda. Inicio por mi maleta pequeña de mano. Acá traigo mi ropa. Nada muy extravagante. Un par de vestidos para el día de la recepción, unos zapatos de tacón. Lo demás son pantalones de mezclilla, bastantes leggings (o mallas) para estar cómoda, y blusas de diferentes colores. Traje un par de suéteres, aunque no tantos. Mis tennis blancos lisos y una chaqueta de lona que me hace sentir bonita.
Saco mi bolsita lila de cosméticos y le llevo al tocador. No suelo usar demasiado maquillaje, pero traje mis cosas por el día de la inauguración. Ese día lucir presentable es muy importante. También traje mis tenazas y peine para el cabello. Lo veo justo ahora y se ve bastante despeinado, especialmente mi fleco. Me hago una coleta y sigo acomodando mis cosas.