—¿Mateo?
Siento el corazón a mil por hora.
No, no puede ser él...
Mateo... está en el cielo.
Mi Mateo...
Pero... se parece tanto.
Los ojos grises, e incluso los camanances al reírse con la chica.
El chico me ve un segundo, y la chica junto a él no parece prestar atención. El cabello castaño claro de la chica y su perfil de algún modo me parecen familiares también.
Mi celular vibra y me saca del momento paralizante.
Veo la pantalla y dice que mi bajada es la siguiente. El metro se detiene y la gente comienza a moverse rápido. Comienzo a bajar también del metro, no sin antes ver al chico por última vez, y mi mirada lo llama. Ya abajo, logro verlo desde la ventana y veo el metro alejarse frente a mí.
Todo parece ir en cámara lenta.
Un señor pasa empujando mi hombro y mi celular se cae al suelo, de nuevo, sacándome de mi ensimismamiento. Recojo mi celular con un poco de nerviosismo y camino hacia la salida.
No recuerdo en qué momento llego al Airbnb, todo parece ser borroso luego de ver a Mateo.
No. No puede ser Mateo.
El lienzo.
Camino rápidamente a mi habitación y saco el lienzo de la gaveta en la que lo metí.
Lo desenrollo con tanta premura que no puedo evitar que se caiga al suelo. Lo levanto y veo la pintura.
Se parecen mucho. Aunque... sí son muy distintos a la vez.
Pero esa mirada...
No podría confundir esa mirada.
Mucho menos esa sonrisa.
Su sonrisa.
Abrazo el lienzo a mi pecho y siento una tristeza diseminarse dentro de mí. No puedo evitar que lágrimas comiencen a correr.
Creí ya haberlo superado...
Pero fue tan real. ¿Acaso vi un fantasma?
Mi celular suena con una notificación así que lo tomo con premura.
Elena: Hola Bámvika. Espero hayas llegado bien.
Oye, acá te mando el escrito que utilizaremos en el periódico. ¡Avísame qué te parece! Y descansa, hoy ha sido un día pesado.
Intento leer el escrito, pero caen lágrimas a la pantalla de mi celular y hacen que se vea borroso.
—Lo veré mañana —digo mientras pongo el celular debajo de la almohada.
Vuelvo a ver la pintura, siendo iluminada únicamente por la lámpara de la habitación, y me recuesto en la cama.
—¿Dónde estarás ahora? —le pregunto.
Despierto con la luz del sol que entra por la ventana pegándome en el rostro.
No recuerdo en qué momento me quedé dormida. Noto que el lienzo sigue estando junto a mí y regresa ese sentimiento extraño a mi pecho.
Busco mi celular debajo de la almohada y consulto el directorio para encontrar el número de Katherine. ¿Estará dormida?
Son las 7:30 am aquí en Madrid. Significa que es más o menos media noche en Guatemala.
Intento marcar de cualquier manera.
—¿Aló? —me contesta su voz cansada.
—¡Hola Kate!
—Hola... ¿Pasa algo?
—Necesitaba hablar contigo. Pensé que no estarías despierta.
—Sí... A Sofía se le olvidó decirme que debía entregar una maqueta para la escuela mañana. Bueno, técnicamente hoy. Aquí estamos aún terminándola. Es del sistema solar.
—¡Oh! ¡Qué lindo! —digo y puedo escuchar la voz de Sofía en el fondo gritando incesantemente: ¿Es la tía Bamvi?
—Sí, pero espérate un segundo ¿Sí? —le dice Katherine antes de regresar a mí—. Dime qué pasa hermanita.
—Bien... Mira... No sé ni cómo decirlo.
—Vamos. Dime. Ya me estás preocupando.
—No es nada malo. Creo...
—Bámvika...
—Okay... Creo que... Creo que vi a Mateo.
—¿Mateo? Espera, ¿Qué? —hace una pausa y escucho que le dice "Espera, Sofía" en el fondo — ¿Qué Mateo? ¿Te refieres al hermano de Francia?
—Sí... Hoy, cuando iba en el metro. Yo estaba tranquila, esperando mi parada. Y de repente escucho una risa extrañamente conocida. Y busco alrededor de donde provenía y ahí lo veo.
—¿A Mateo?
—¡Sí! Bueno. Se veía distinto, pero tenía la misma mirada, la misma sonrisa, hasta el mismo porte.
Escucho a Katherine suspirar en el otro lado de la línea y luego me dice:
—Bámvika... Ya no puedes seguir así.
Me quedo en silencio. ¿Cree que me lo estoy inventando?
—Mateo ya se fue hace mucho. Tú debes seguir con tu vida.
—Pero, yo ya no pensaba en él, lo juro. Sólo que...
—No, es en serio. Y ya tienes 23... Lo conociste hace más de 10 años. Y a pesar de eso, no te he conocido ningún enamorado. Has pausado tu vida amorosa por un fantasma.
—Bueno, eso es porque soy una chica ocupada... entre el arte y la escuela...
—Bamvi... sabes a lo que me refiero.
Me quedo en silencio y trago saliva. Katherine definitivamente no me cree.
—Es probable que se parezca a él, eso tiene sentido. Pero es imposible que haya sido Mateo. Yo estuve en su entierro —afirma y yo siento que los ojos se me comienzan a poner borrosos.
¿Seré tan ilusa? ¿En realidad pensé que podría ser él?
—No te lo digo por mal —me dice luego de mi silencio—. Sabes que te amo y quiero lo mejor para ti. Y esto... esto ya no da más Bamvi.
—Entiendo...
—Sé que ha sido difícil para ti, pero ya debes soltar a Mateo.
Asiento, pero siento como el pecho comienza a dolerme.
—Está bien... Gracias Kate —le digo.
—Bien. Debo irme. Sofía se está quedando dormida y le falta poner 3 planetas más.
Hago una risita, aunque siento los ojos húmedos. Ella también ríe suave.
—¿Hablamos luego, okay? Te quiero.
—Te quiero —digo y cuelgo la llamada.
Tomo unas servilletas de la cocina y me seco las lágrimas y los moquitos. Seguramente ya tengo el rostro rojo por haber llorado. Veo mi celular y veo que Elena me ha escrito de nuevo.
Elena: ¡Hola Bamvi! ¿Qué has pensado del escrito?
Su mensaje me ayuda a volver un poco a la realidad. Tiro la servilleta al bote de basura y pongo agua en la cafetera. Luego, con el celular en mano, me siento en el banco del bar de la cocina para leer el escrito para el periódico.