—Bámvika, puedes pasarme ese cuadro de allá —dice Nico y yo camino para tomarlo.
Camino lo más segura que puedo, pues sentir la mirada de Nico me pone las manos a sudar. De repente siento mi pie dar contra algo duro y mi cuerpo se tambalea.
—Cuidado —me dice Nico, tomando mi brazo delgado con firmeza.
—Gracias —le digo, tratando de disimular que no estoy asustada porque casi beso el suelo. Hago una sonrisa, para que me suelte, pues me ve un segundo que parece eterno.
Me suelta, asiente, y se acerca a tomar el cuadro él mismo.
Bien... ahora me siento inútil.
Busco a Elena con la mirada y la encuentro hablando con alguien cerca de la entrada de la galería principal. Camino hacia ella, secando mis manos en mi pantalón de mezclilla, no sin antes ver a Nico una vez más, concentrado midiendo los cuadros.
—¡Bamvi! —me dice Elena con expresión confundida— Pensé que estabas ayudando a Nico.
—¡Sí! Aunque creo que está bien ahora sin mí. ¿Necesitas algo de mí?
—Déjame ver... —dice y ve hacia los papeles en sus manos—No por ahora... pero, ya es hora de almuerzo, ¿te gustaría ir a comer algo y regresar?
—Suena bien —le digo y sonrío.
—¡Perfecto! ¿Te veo en... una hora? Y así te muestro las cartelas para las pinturas, solo para que verifiques que todo está correcto.
—Me parece bien —le digo y me doy la vuelta para ir hacia la salida. Veo a Nico y me pregunto si debería avisarle.
Creo que sí. Aunque me siento un poquito rara con él. Aún siento su agarre en mi brazo derecho.
—Oye Nico... —digo acercándome mientras él observa un cuadro especialmente grande.
—Dime —dice sin voltearme a ver.
—Iré a almorzar algo pero vuelvo pronto —le digo.
—Oh, perfecto —me dice, extendiendo el metro y tomando una anotación rápida en su libretita—. Yo ya tomé las medidas que necesitaba —dice colocando el cuadro de nuevo sobre la mesa y volviendo su mirada hacia mí—. Iré a traer la madera y un par de herramientas a mi taller y regresaré en un rato —Y mete la pequeña libretita en su pantalón negro.
—¡Perfecto! —le digo sonriendo y dándome la vuelta hacia la salida.
Vamos caminando juntos, él se despide de Elena con su mano a la distancia, y luego vemos hacia el frente.
—¿Qué comerás? —me pregunta. Va caminando con las manos en los bolsillos.
—Aún no estoy segura —le digo viendo que la salida ya está cerca.
—Si caminas hacia la derecha dos cuadras, y luego das otra derecha, te encontrarás con un café asombroso de aquí —me dice y yo asiento.
—Gracias, lo probaré —le digo.
Llegamos a la puerta y él se va hacia el lado izquierdo y yo hacia el lado derecho.
—Nos vemos en... una hora —me dice viendo a su reloj, ya un poco alejado, y luego se despide con su mano.
Yo aún estoy tratando de procesar qué sucedió allá adentro. Ya parece estar hablando más normal y relajado de nuevo.
Ya voy de regreso a la galería. Sí encontré el café que me dijo Nico. Es bastante bueno dando indicaciones. Me tomé un café y comí una pizza personal. Y mientras tanto vi las redes.
CaixaForum ya publicó sobre mi exhibición, así que lo compartí en mis redes, y me animó mucho ver a muchas personas apoyarme. Incluso Crezia, mi amiga de la infancia, me felicitó.
Entro a la galería y me doy cuenta que Elena ya está ahí, y Nico ya trajo madera y está arreglando ya los cuadros.
Debo admitir que se ve bastante atractivo, colocando los trozos de madera en la mesa, mientras sus rizos negros se mueven y gotean un poco por el sudor. Su camisa blanca arremangada.
De repente me ve y me hace una pequeña sonrisa.
—Regresaste —me dice a lo lejos.
Yo asiento y me acerco a él.
—¿Qué te pareció el café?
—Bastante bueno. Me comí una pizza también.
—Me alegra que te haya gustado —me dice y vuelve su mirada a la mesa, con un lienzo suelto, piezas de madera, y una súper engrapadora.
—Por cierto, muchísimas gracias por trabajar en esto, y tan rápido —le digo y vuelve su vista a mí de nuevo con una sonrisa de lado.
—Es un placer.
—¡Bámvika! —Elena me llama a lo lejos y ambos volteamos a ver—. ¡Ya tengo las cartelas!
—Debo ir —digo sonriendo.
Nico me sonríe y yo me encamino a la pequeña oficina con Elena.
—Ya están, 36 cartelas. Pero me gustaría que les eches un vistazo para asegurarnos de que estén correctas.
—¡Claro! —le digo tomando asiento frente a ella, tomando la gran pila de cartelas blancas.
Tomo una para comenzar a revisar, pasando mi dedo índice en cada palabra, como subrayando de forma invisible, y así asegurarme de ver cada detalle:
"Bámvika Lara
Título: Retrato de mi yo de 6 años
Técnica: Óleo al lienzo
Medidas: 91 cm x 91 cm
Año: 2022"
—Todo bien por acá. Veamos esta —digo para mí misma tomando la siguiente cartela.
"Bámvika Lara
Título: Santiago de los Caballeros de Guatemala
Técnica: Óleo al lienzo
Medidas: 81 cm x 81 cm
Año: 2022"
Y así se pasa la siguiente hora y media. Yo viendo cartelas y asegurándome que estén correctas, mientras que veo la espalda de Nico a lo lejos, colocando la madera en los lienzos, y a Elena caminar con premura de un lado para el otro, moviendo su melena al viento.
—¡Bamvi, hola! —me dice una voz conocida.
—¿Peter? ¿Qué te habías hecho?
—Al final sí tuve que ir a dar la clase un momento. Pero ya regresé —dice sonriendo, con esos ojos oscuros que le brillan de repente al escuchar una voz más grave que la mía, pero bastante femenina.
—¡Peter! ¿Cómo te fue en la clase? —pregunta una Elena alegre, acomodando un rizo de su cabello rebelde que tiene en la frente.
—Bien. Regular. Los chicos no tenían muchas preguntas, solo querían estar en sus celulares.
—Ah, ya te digo. Las nuevas generaciones están pegadas a esos dispositivos —dice Elena, irónicamente tomando su celular—. Ups, me están llamando. Dame un segundo —dice dándole una palmada al hombro de Peter y respondiendo la llamada.