Nico se acerca lentamente, hasta que siento el aroma de su colonia entrar por mis fosas nasales.
Huele muy bien.
Cierro los ojos rápidamente por el nerviosismo, paralizada con su cercanía.
Siento un suave beso en la mejilla y abro los ojos.
Nico me sonríe y se pone erguido, metiendo sus manos en los bolsillos de sus pantalones.
—Nos vemos mañana —me dice y yo me despido con la mano.
Reacciono cuando va saliendo por la puerta de metal y alcanzo a decir:
—¡Gracias por todo!
Veo su mano despedirse de nuevo y luego se desaparece, cerrando la puerta negra.
Entro al Airbnb aún con las piernas un poco débiles.
—Me puso demasiado nerviosa. Creí que me besaría —digo para mí misma, tocándome la mejilla.
Veo hacia mi cocina pensando en la cena, pero estoy cansada y un poco extenuada, así que decido irme directamente a la cama. Saco la pijama turquesa que está debajo de mi almohada y me la pongo, con un poco de desequilibrio.
Tengo más o menos 5 de estas. Me encanta el turquesa desde que era tan solo una niña.
Me acuesto y cubro con las sábanas blancas, luego me quito la cola de mi cabello y la meto debajo de la almohada otra vez.
Trato de dormir pero mis pensamientos me invaden de nuevo.
¿Qué acaba de suceder? ¿Me gusta Nico?
~~~~~~~~~
Han pasado un par de días desde que Nico llegó a ayudarnos con los cuadros dañados, y la fecha de la inauguración de la exhibición ya está muy cerca.
Voy entrando a la galería y no veo a Elena aún por ningún lado, pero sigo caminando hacia donde están ya los cuadros colgados.
Se ven hermosos y gigantes desde este punto de vista. Justo ahora veo el que hice sobre "El Lago de Atitlán, en Guatemala". Ese lago me trae mucha nostalgia, ahí solía llevarnos mi mamá a Katherine y a mí, y comíamos dulces y granizadas (Hielo triturado, con frutas y jarabe), mientras veíamos el hermoso paisaje.
Mi niña interior se alegra mucho al recordar esas cosas.
El trabajo que hizo Nico para restaurar la madera está bastante bien hecho, con atención a cada diminuto detalle. También tuve que retocar un poco la capa exterior de las pinturas, para asegurarme de que estuvieran protegidas.
Por cierto, Nico no quiso recibir ninguna pago de nuevo, aunque insistí bastante.
Seguía diciendo que cuando ganara mucho dinero de mi exhibición ya nos pondríamos de acuerdo. Me sonreía mucho y sus ojos miel le brillaban. En realidad es un chico muy atractivo, y creo que no es mucho más grande que yo.
—¡Bamvi! ¿Disfrutando de tu trabajo? —me dice Peter repentinamente, sacando de mi cabeza a Nico.
—¡Hola Peter! ¿Cómo estás? —pregunto, luego de reponerme de la impresión.
—Te he traído un café —me dice pasándome el vasito blanco.
—¡Gracias! Mientras más, mejor —le digo sonriendo. Le doy un sorbo y me doy cuenta de que el café está un poco tibio—. ¿Has visto an Elena? —le pregunto, dándole vueltecitas al café de lado a lado, mas por manía, porque caliente no está.
—Sí. Ya le di su café —me dice y veo a Elena llegar, acomodándole la melena despeinada de rizos negros, y con una sonrisa de punta a punta.
—¡Bamvi! ¡Qué gusto verte! —me dice dándome un beso de saludo en la mejilla—. ¿Qué te ha parecido todo? Se está viendo hermoso, ¿verdad?
—Mucho —le digo asintiendo—. Estoy muy contenta y nerviosa a la vez.
—Es normal. Pero no te preocupes, estaré aquí para ayudarte en el proceso, y para presentarte a gente importante del medio —me dice con un guiño.
—Muchas gracias Elena. En realidad lo aprecio mucho —Y doy otro sorbo a mi café—. ¿Hoy no tuviste clase? —le pregunto a Peter.
—¡Oh! Sí, un ratito en la mañana.
—¿Qué materia enseñas?
—Historia —me dice sonriendo.
—¡Oh! ¡Qué bien —le digo sonriendo también.
—Puede tornarse bastante sangrienta, pero trato de contarla de una manera... cautelosa, aunque educativa. Ya sabes lo que dicen, aquél que no sabe de su historia está condenado a repetirla.
—¡Qué profundo! —le digo— Tiene mucho sentido.
—Sí... Disfruto mucho dar clases.
—¿A qué grado das las clases? —pregunto.
—¿Grado? —inquieren ambos Elena y Peter.
—Sí, es como... a qué grupo de edad. Le decimos "grado" en Guate —aclaro.
—¡Oh! Enseño a universitarios —me dice Peter—, y es mejor. Puedo enseñar con más certeza sin dejar mucho trauma. No sé cómo le hacen los maestros para lidiar con chicos pequeños —dice y se ríe.
—Eso debe ser caótico —digo riendo— ¡A universitarios! ¿Cuántos años tienes? —pregunto.
—¿Yo? —pregunta señalándose, tocando su camisa verde con su dedo índice—. Tengo 29 —dice sonriendo—, a un pasito de los treinta —Y sonriente pone sus dedos pulgar y índice muy cerca, casi tocándose.
—¡Ya veo! Pues te ves joven —le digo, con una sonrisa—. Creo que los niños ya te habrían sacado un par de canas —señalo y reímos.
—Sí, eso seguro. Aunque me gustan los niños —dice Peter y los ojos de Elena se iluminan un poco.
Yo no puedo evitar reír un poco, por lo bajo, al darme cuenta de ello. Se me hace de lo más tierno, aunque, van bastante rápido.
—Hablando de niños —interrumpe Elena, luego de plantarle un beso rápido a Peter en la mejilla—, tú debiste ser una de las niñas más tiernas del planeta —me dice y me sonrojo.
—¿A qué te refieres? —le pregunto con las mejillas calientes.
—Tú autorretrato. Muero por ver las reacciones de la gente al verlo. Y luego, sostienes a un pequeño conejo. Es de lo más tierno.
—Gracias Elena —le digo sonriendo—. A ella es a la que me imagino cuando pienso en mi niña interior—confieso y los dos asienten.
—Se nota que era una niña creativa, aunque creo que se metía en problemas seguido, ya que tenía un flequillo despeinado —dice Peter.
—Gracias, Peter —digo sonriendo—. En realidad era bastante traviesa. A mi pobre hermana le vivía coloreando las tareas —digo y se ríen.