Pintaré tus Sonrisas

11 - ¿Estás lista?

Me acicalo un poco para cuando venga Nico a recogerme. Parte de mí aún no puede creer que haya aceptado salir con él. Aunque creo que me hará muy bien.

Me he puesto mis jeans de mezclilla azules, mis zapatos tennis blancos, y una blusa de color rosa claro. Ah, sí, y mi chaquetita de mezclilla también que me regaló Katherine cuando fuimos de compras juntas.

Trato de peinar mi cabello pero no logro llegar a un acuerdo con él. Así que lo termino arreglando en una cola alta como normalmente, aunque acomodo mi flequillo para que enmarque mi rostro de una manera bonita.

Como diría mi madre: "Que se note que me peiné".

Después de todo, no he tenido una cita en mucho tiempo.

Admito que Katherine exageró un poco al decir que mi vida amorosa se había pausado completamente. Sí he tenido un par de citas, aunque ninguna fue muy exitosa. Una fue con un chico llamado Ricardo, irónicamente con el mismo nombre que mi cuñado, mas no congeniamos. Era un artista también, como yo, pero uno un poco... diabólico.
Dejé de verlo y, de la manera más educada posible, le dije que no habría nada entre nosotros.

Insistió tanto, que incluso llamó a mi mamá.
Hasta el día de hoy, aún no entiendo cómo obtuvo su número de teléfono. Le terminamos contando a mi primo Lucas, y se enfadó tanto, que prometió hacerle una visita "especial" si no dejaba de hacerlo.

Las llamadas cesaron luego de eso.
Al fin y al cabo sí tuve una figura masculina protectora de vez en cuando.

Escucho la puerta de metal abrirse y me saca de mi ensimismamiento.

Debe ser Nico. Espero a que toque la puerta de madera, y el sonido no se hace esperar.

—Ya voy —digo tomando mi bolso marrón, asegurándome de que la llavecita dorada esté ahí, en el bolsillo dentro de mi bolso.

Camino a la puerta y la abro con un poco de nerviosismo.

Ahí está. El chico de cabello oscuro y ojos color miel. Me ve con su sonrisa de labios delgados.
Yo le sonrío de vuelta.

—¿Estás lista?

—Sí. Vamos —le digo cruzando la puerta y cerrando detrás de mí.

—A que no adivinas adonde iremos —me dice caminando detrás de mí, y luego de cruzar la puerta de metal, me señala hacia donde está su auto azul oscuro. Yo asiento y camino hacia él.

Tomo la manija de la puerta pero Nico posa su mano sobre la mía, impidiendo que la jale.

—¿Me permites? —me pregunta y quito la mano lentamente. Él abre la puerta y me invita a pasar. Entro a su auto y huele a carro nuevo, con el cuero negro reluciente en los sillones, tal y como lo vi la última vez.

Cierra la puerta tras de mí y espero a que dé la vuelta para entrar al asiento del piloto. Mientras tanto veo mis zapatos blancos recién limpiados, y sostengo mi bolsita marrón en mis piernas.

—Ahora sí, vamos —me dice sonriendo, con un brillito en los ojos, arrancando el auto.

—¿Adonde iremos? —le pregunto, viendo los bellos edificios de la majestuosa ciudad.

—Es un lugar secreto —me dice con una sonrisa coqueta de lado, y su mirada misteriosa.

Le sonrió de vuelta y vuelvo mi vista a la ciudad, mientras acaricio la tela de mi bolsito marrón.

—Así que... ya se viene tu exhibición —me dice acabando con el silencio que nos comenzaba a asfixiar.

—Sí. No puedo creer lo rápido que se fue el tiempo. Ya solamente quedan 4 días —digo viendo su rostro de perfil. Su nariz es delgada, y aunque no es pequeña, es un poco respingada y bastante elegante. Parece sacado de una escultura griega.

—Sí. Estoy muy emocionado por ti —me dice sonriendo.

—¡Gracias! Pronto podré pagarte la deuda —le digo y tira una carcajada que me contagia.

Nos detenemos en un semáforo en rojo y vuelve su vista hacia mí.

—Sabes que no te tienes que preocupar por eso, ¿cierto? —dice abriendo la mano que tenía sobre la palanca, esperando.

Siento mis manos sudar un poco y el estómago me comienza a dar mis vueltas.

¿Debería darle la mano?

Vamos Bamvi, el semáforo cambiará a verde, digo para mis adentros.

Su mano comienza a moverse para tomar la palanca de nuevo, pero yo me quedo inmóvil.

El auto se llena de nuevo con un silencio incómodo. Vuelvo la vista hacia Nico, pero él ve hacia el frente, sereno. Me ve un segundo y me sonríe de lado de nuevo.

Siento como mi pecho se hunde y una pena enorme me cubre las mejillas.

Perfecto... arruiné el momento perfecto...

Finalmente nos estacionamos, ya que llegamos a nuestro destino.

Intento abrir la puerta, pero Nico me detiene posando su mano sobre una de mis manos.
Me hace una pequeña sonrisa y procede a salir rápidamente del auto.

Me abre la puerta y tiende su mano hacia mí para ayudarme a bajar. La tomo con suavidad y caminamos hasta llegar a ver la fachada de una cafetería de paredes blancas, con una puerta roja, y justo arriba, en letras cursivas, dice "Salon des Fleurs".

—Bienvenida al "Salon des Fleurs" —dice, pronunciando tan bien el francés que me estremece un poco.

—Gracias —le digo, viendo alrededor las flores que decoran el hermoso lugar. Tiene una vitrina con hermosos pasteles, unas escaleras de caracol que llevan a un pequeño balcón con más mesas, y en el techo cuelgan varias jaulas de pájaros, que decoran muy bien el lugar y hacen que todo se sienta tan... francés.

—¿Qué te parece? —me dice acariciando mi mano con su pulgar. Sí, aún no nos hemos soltado.

—Me gusta mucho —le digo con una sonrisa. Soltamos suavemente el agarre, lentamente, deslizando nuestros dedos hasta que las yemas ya no se tocan.

—Vamos, podemos sentarnos allá arriba —me dice y subimos por la escalera de caracol.

Me siento en unos sillones rosa, que justo en medio tienen una mesa de madera redonda.

—¿Alguna preferencia de café? —me pregunta.

—No en realidad —le digo—. Me gusta con leche y con miel —aclaro y él asiente. Baja por las escaleras de caracol, hasta que ya no veo su cabello negro y un poco rizado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.