Pintaré tus Sonrisas

13 - El gran día

Me abrocho el segundo tacón y me pongo de pie finalmente. No estoy tan acostumbrada a caminar con tacones, pero esta noche lo amerita.

Hoy es el gran día. Es el primero de marzo.
La inauguración de mi 8va exhibición, la primera fuera de Guatemala, y del continente Americano.
Es un día muy importante, así que en mi mente repaso todos los consejos que me han dado Katherine, Richard, mi mamá y amigos. También tengo memorizada mi presentación personal, el llamado pitch del elevador.

Me veo en el espejo del tocador y sonrío.
Mi cabello va hecho en una cola media, con mi flequillo enmarcando mi rostro de manera delicada. Me he puesto un poco de maquillaje, y, aunque me tomó casi una eternidad, logré hacerme un delineado sutil con sombras café.

Noto también mis clavículas marcarse un poco, con el vestido negro que me deja los hombros al descubierto. El vestido es largo, tan largo que mi mamá le tuvo que hacer un ruedo para que no lo fuera a ensuciar. Tiene una abertura en el lado de la pierna derecha, lo cual me parece bastante sensual, aunque creo que sigue viéndose elegante. Tiene unas mangas cortas y tengo los hombros al descubierto, lo cual, ahora que lo noto, va muy bien con mi peinado. A pesar de tener los hombros descubiertos, el pecho está bastante bien cubierto, sin escotes reveladoras (o mamá y Kat se turnarían para regañarme).

Veo mis muñecas y me percato que las tengo desnudas. Mamá me compró unas pulseras y aretes a juego para este día, pero no logro recordar en donde las dejé.

(Díganme que no soy la única a la que la mamá le regaña por no usar joyería).

Busco en la maleta pero no están ahí, y tampoco los dejé en mis gaveta de ropa.

—¿Dónde los pude haber dejado? —me pregunto a mi misma.

En eso escucho el sonido de notificaciones en mi celular, uno tras otro.
Tomo el celular de la cama y veo rápidamente:

Peter: Ya voy en camino.

Sí, Peter se ofreció a recogerme y llevarme a la inauguración y acepté. No sé si Richard le habló, aunque Peter sigue siendo atento desde el día uno.
Excepto por olvidarme en el aeropuerto por horas, claro.

Bamvi: Gracias. Acá te veo.

Abro el siguiente mensaje y es de Nico.

Nico: Hoy es el gran día. Te veo en la inauguración chica que lleva botellas de vidrio con pintura.

Nico se ofreció a recogerme también, sin embargo, ya le había dicho a Peter que sí. De cualquier modo prometió que llegaría a verme.

Bamvi: Gracias Nico. O más bien, chico salva-maletas. Te veo pronto.

Nico: Todo saldrá bien. Deslumbrarás a todos, Bámvika Lara.

Me sonrojo un poco al leer el último mensaje.
Desde nuestra cita no nos hemos vuelto a ver. Al parecer la emergencia familiar duró un par de días, y luego tenía trabajo en el taller. Así que hoy, finalmente, volveré a ver al español de los ojos miel.

Veo el reloj del teléfono y faltan 30 minutos para las 5.

—¡Oh no! Debo apresurarme —digo saliéndome de mi corta divagación.

Dejo el celular el la cama y continuo buscando alrededor mis pulseras.
Busco en la mesita de noche y nada, aunque encuentro el par de aretes.

—Algo es algo —digo colocando los pequeños aretes de perlas.

Abro la siguiente gaveta, la más grande y finalmente encuentro las benditas pulseras.

—¡Aquí están! —digo tomando las 3 pulseras doradas. Noto el borde de un lienzo en la gaveta también y me da un cosquilleo en el pecho.

Lo tomo en mis manos y lo abro con parsimonia.
Veo ahí su rostro suave, esos ojos grises, y esa sonrisa tan encantadora.

Sonrío al ver el destello en sus ojos.

Debemos admitir que la Bamvi de 13 hizo un buen trabajo.

—Deséame suerte, Mateo —le digo observando la pintura con una sonrisa. Lo guardo de nuevo en la gaveta y me pongo las pulseras en las muñecas.

Tomo mi pequeño bolso negro, asegurándome de meter mis tarjetas de presentación, y también de tener la pequeña llave dorada.
Vuelvo la vista a la cama y noto que la habitación está de cabeza.

—Cuando vuelva tendré tiempo de ordenar —digo, y escucho la notificación que indica que Peter ya está aquí.

Cierro la puerta de madera tras de mí, seguido de la puerta de metal, y me subo al auto gris.

—¿Lista para el gran día? —me pregunta un Peter bastante ataviado, con un traje negro y una corbata verde oscura.

—Sí —le digo con una sonrisa. Trato de convencerme a mí misma, pero mi estómago sigue dando vueltas por el nerviosismo.

Peter arranca el auto con una sonrisa y nos encaminamos a la galería.

Veo mi celular un momento, tengo más mensajes, ahora de mi mamá y de Katherine.

Mamá: Suerte hoy mi niña. Todo te saldrá muy bien.

Bamvi: Gracias mami. Te mandaré fotos cuando esté ahí.

Luego abro los mensajes de Katherine también.

Katherine: Eres grande mi Bamvi. Te irá muy bien.

El mensaje viene acompañado de una foto de Katherine, Richard, y Sofía, con los pulgares arriba. Luego también me envían un audio.
Lo pongo inmediatamente, con una sonrisa en el rostro porque ya sé quién es.

"¡Tía Bamvi! Te deseo mucha suerte con tus pinturas. Dice mi mami que no se te olvide que eres la mejor pintora. Y mi papi que tomes muchas fotos, dice. Te quiero mucho. Extraño pintar contigo"

Sonrío aún más y se me empapan los ojos un segundo, haciendo que vea la pantalla borrosa. Me inclino hacia adelante, para que si hay alguna lágrima, caiga sin tocar el maquillaje.

—¿Es la hija de Richard? —pregunta Peter.

—Sí —digo mostrando un segundo la foto que me han mandado. Estamos en un semáforo en rojo.

—Ya creció bastante —dice y vuelve a arrancar el auto en cuanto cambia la luz.

—Sí. Ya cumplió sus 7 años —le digo viendo de nuevo a la foto de los tres, con el rostro de la pequeña Sofía sonriendo, chimuelita porque le falta un dientecito.




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