Pintaré tus Sonrisas

14 - Una montaña rusa

¡¿Marcus?!

Mucho gusto —me dice el muchacho, extendiendo su mano hacia mí—. Marcus Pereira.

Mi cuerpo aún no responde y mis manos comienzan a sudar y a temblar un poco.

—¿Bamvi? ¿Estás bien? —pregunta Nico acercándose un poco—. Parece que viste a un fantasma.

—Iré por agua —dice el chico que ahora sé se llama Marcus.

Nico asiente y me dirige suavemente a una silla, cerca de la mesa de vinos.

Tomo asiento lentamente, sosteniendo mi vestido un poco.

Es Mateo, debe ser Mateo.
Es idéntico...

—Acá está —dice pasándome un vaso pequeño con agua—. Creo que esto ayudará.

Tomo el vaso con cautela y le doy un pequeño sorbo.

Escucho unos pasos rápidos llegar cerca de nosotros y elevo la vista para ver a Elena caminando con premura, pero en cuanto me ve su rostro cambia a uno de preocupación.

—¿Estás bien? —me pregunta acercándose con un ceño fruncido.

—Sí, sí —digo asintiendo—. Yo... no sé qué sucedió —digo levantando la vista y viendo de nuevo al chico de saco negro y cabello negro, él me ve a los ojos y yo bajo la mirada un momento.

—Deben ser muchas emociones mezcladas —dice el chico hacia Elena—. Oh, por cierto, soy Marcus. Marcus Pereira —Y extiende la mano hacia Elena. Ella la recibe amablemente.

—Elena Montemayor —dice ella con una sonrisa cordial.

—Marcus es mi primo —dice Nico hacia Elena, y luego me ve a mí.

—Es un placer —dice Elena sonriendo suave—. Bien... tómate un merecido descanso Bamvi, ahora en unos... —Mira su reloj de muñeca—. Diez minutos vuelvo por ti —y se da la vuelta en su vestido verde elegante.

—¿Cómo te sientes? —me pregunta Nico, agachándose para poder verme de cerca, colocando su mano en mi mejilla.

—Estoy mucho mejor —le digo con una sonrisa, aunque el ojito me tiembla un poco—. Creo que Elena me necesita. Debo ir con ella.

—Estaría bien si descansas un poco —dice Marcus a lo lejos, con una sonrisa—. Este tipo de eventos pueden jugar un poco con las emociones, y el estrés. Tomarse un respiro de vez en cuando no tiene nada de malo.

La voz es la del chico del metro.

—Marcus tiene razón Bamvi, descansar unos minutos podría hacerte bien —me dice Nico un poco más serio, poniéndose de pie.

Asiento y tomo un par de respiraciones profundas.

¿Es posible que alguien se parezca tanto?

Levanto la mirada y lo noto, ahora recostado suavemente a un lado de la mesa de vinos, a mi lado derecho, divididos por uvas añejadas. Ve algo en su celular con una mano, y la otra la tiene dentro de su bolsillo. Sus cejas pobladas en un disimulado ceño fruncido. Él levanta la vista y yo vuelvo a voltear la mirada, en este caso al vasito de agua en mis manos.

Nico está a mi lado izquierdo, con su mano recostada suavemente en mis brazo.
Creo que debo seguir con mi inauguración, aunque me invada este sentimiento en el estómago cada vez que veo a el muchacho, a Marcus.

Me pongo de pie luego de unos minutos y tanto Marcus como Nico se ponen atentos.

—Creo que ya estoy bien —digo con una sonrisa—. Gracias por el agua —le digo a Mat... Marcus.

—Es un placer, Bámvika.

—Y gracias Nico —le digo con una sonrisa de labios cerrados.

—Aquí estaré si me necesitas.

Camino hacia las escaleras de metal buscando a Elena. Intuyo que me necesita para hablar frente a algún medio, para alguna que otra entrevista.

La encuentro finalmente, hablando con Peter un segundo y sonriéndose como los tórtolos que son.

—¡Bamvi! ¿Cómo seguiste?

—Ya mejor —le digo bajando un poco la cabeza—. Creo que fue por el estrés —explico y ella me sonríe con una mirada compasiva.

—Mira, no he visto a muchas chicas de países extranjeros a sus 23, hacer lo que tú estás haciendo. Así que, si yo fuera tú, me sentiría muy orgullosa —dice Elena y me acerco para darle un abrazo rápido. Veo a Peter atrás de Elena, asintiendo hacia mí.

Al parecer, he encontrado otra hermana en el camino.

—Bien ¿Lista para más entrevistas?

—¡Qué vengan! —le digo y se ríe, tomándome del brazo y dirigiéndonos hacia una de las galerías.

El resto de la noche transcurrió de manera extraña.
No podía evitar sentir que estaba en medio de un extraño sueño.

Traté de entablar conversaciones con el público, pero por momentos volvía mi mirada hacia el chico de cabello negro y ojos grises, que seguía viendo las pinturas alrededor.

Marcus...

Marcus Pereira

Ese nombre seguía dando vueltas por mi cabeza.
Le veía hablar con Nico, con sus copas de vino y sus sonrisas formales, y luego Marcus parecía ser llamado por mi mirada. Después yo veía a otro lado, o hacia la persona con quien estuviera hablando, tratando de disimular mi perplejidad.

—Muchísimas gracias por haber venido —digo despidiéndome de una profesora de arte de acá de Madrid.

—Ha sido un placer, Bámvika —me dice sonriendo y despidiéndose con su mano. Su cabello azul grisáceo la hace ver como una profesora de arte muy creativa.

La profesora de desvanece por las escaleras y yo vuelvo mi vista buscando a Elena. Está despidiéndose también de un grupo de hombres con traje, quienes dejan sus copas de vino y se desvanecen muy contentos por las escaleras de metal.

Elena me ve y camina hacia mí.

—Listo, yo creo que ellos fueron el último grupo —dice con el rostro sereno, aunque un poco cansado—. Lo has hecho estupendamente.

—Gracias Elena. Hoy ha sido una montaña rusa de emociones.

—Sin duda alguna —me dice asintiendo.

Caminamos juntas hacia el grupo de hombres que conversan entre sí, con sus trajes elegantes, aunque dos de ellos sin corbatas.

—Listo —dice Elena acercándose y tomando a Peter del brazo.

—Gracias a todos por venir —digo y ambos, Nico y Marcus, sonríen hacia mí.

A Nico le entra una llamada repentina y se aleja para responder. Yo me quedo parada junto a Marcus sin saber muy bien qué hacer.




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