Voy caminando junto a Marcus por la acera del estacionamiento, con los pies adoloridos por estos tacones. Pero han valido la pena, me he visto de lo más elegante.
Levanto la vista de repente y puedo ver la luna llena en el cielo, iluminándonos, con un brillo espectacular que hace que deje la boca semi-abierta.
—Hoy está resplandeciente, ¿cierto? —inquiere viéndome a los ojos.
—Mjm —afirmo con los labios cerrados, viendo de nuevo hacia el suelo, un poco nerviosa por la mirada de Marcus. Me temo sentir de nuevo esos sentimientos extraños en el pecho.
Un paso, dos pasos, tres pasos...
Marcus se detiene finalmente y yo levanto la mirada.
De repente me doy cuenta. Marcus no tiene auto...
—¿Nos iremos en motocicleta?
Marcus asiente con una sonrisa y yo veo hacia mi vestido largo.
Oh no, ¿Cómo me iré con un vestido?
—No te preocupes —dice viéndome con una sonrisa encantadora— Te ayudaré a subir. Y, por lo que me dijo Nicolás, no vives muy lejos de aquí.
—Es verdad... ¿Te pasó la dirección?
—Sí. Hace un momento —me dice levantando la pantalla de su celular con un mensaje de Nico—. Me dijo que era "por si acaso".
Sonrío un poco, aunque, ¿Nico cree que ya se me olvidó la dirección?
Marcus saca algo de un mini-baúl en la parte trasera de su moto y me pasa algo negro y pesado.
—Siempre tengo uno de repuesto —me dice, y me lo pone en las manos. Es un casco negro con interior rosa.
—Gracias —le digo y comienzo a intentar ponérmelo, aunque debo quitarme la cola del cabello y ponerme la liga en la muñeca. Vuelvo la vista hacia el frente y Marcus ya tiene su casco puesto, y se está quitando su saco.
—Ten, hace un poco de frío —dice extendiendo el saco para que me la ponga.
—No te preocupes, estoy bien —le digo con una sonrisa, apenada— Podría darte frío a ti también.
—¿A mí? No, no. Yo estoy bien. Estaré más tranquilo si te lo pones —me dice y yo acepto, pasando mi mano por una manga y por la otra mientras él lo sostiene. Aprovecho para poner mi cartera y el sobre morado en el bolsillo interno del saco también.
—Gracias —musito y puedo notar como sus ojos sonríen por lo poco que veo de su rostro dentro del casco.
—Ven. Te ha faltado algo —dice repentinamente y toma las cintas debajo del casco para poder abrocharlas. Siento sus manos cálidas rozar mi cuello y no puedo evitar sentir un cosquilleo—. Listo. Ya estás —me dice y con un ademán de su mano, me invita a subirme a su moto—. Madmuasél, vuestro corsel os espera...
Sonrío mientras tomo su mano, para intentar subirme, pero no sé ni cómo comenzar.
—Puedes poner el pie acá —me dice señalando un punto—, y luego pasar la otra pierna hacia el otro lado.
Yo lo veo un poco preocupada. El vestido es muy largo.
—No te preocupes, yo estaré sosteniendo la motocicleta.
Aún sosteniendo su mano, y poniendo la otra mano en la moto, sigo sus instrucciones y logro sentarme, difícilmente, en la moto. Aunque no puedo evitar soltar una risita nerviosa.
—Perfecto —me dice sonriendo con los ojos.
Toma la falda del vestido del lado derecho y del lado izquierdo y me las pasa hacia el frente.
—Puedes sostenerlas acá —me dice.
La mitad de mis piernas ahora está al descubierto.
—Bien, ahora me subiré yo —me dice y se sube ágilmente, aunque con cuidado de no hacer que la moto se caiga—. ¿Estás bien? —me pregunta volviendo su mirada un segundo.
—Sí —digo, sosteniendo el vestido.
—Puedes sostenerte de mí —me invita y yo me acerco más a su espalda lentamente. Su saco ya me estaba embriagando de su aroma, y abrazar su torso solo hace que mi mente divague. Su olor tan masculino, y atractivo, me está invadiendo hasta los huesos.
Bamvi, vuelve a la realidad, pienso para mis adentros.
—Bien, andando —Quita la patita de la moto y la arranca. yo me aferro a él y a mí vestido. Vaya que voy sentada en el vestido, así no se tiene que ver nada que no se tenga que ver.
El aire tibio de la ciudad me pega en las piernas, y en un par de vueltas me he puesto tan nerviosa que estoy segura que he abrazado de más.
—¿Estás bien? —me pregunta, aunque apenas lo puedo escuchar entre el sonido de la moto, de los autos, y del viento.
—¡Eso creo! —le digo y juro haber escuchado su risa grave y suave.
Por fin, llegamos al Airbnb y se estaciona en frente de la puerta negra, bajando la patita de la moto de nuevo.
—Me bajaré yo primero —me dice y se baja con un poco de dificultad, levantando la pierna hacia un lado, evitando tocarme con el pie. Se quita el casco y veo su cabello negro despeinado, junto con una sonrisa de satisfacción—. Ahora tú.
Asiento e intento poner un pie abajo, con un poco de dificultad, y agarrando el vestido con ambas manos.
Marcus nota como me tambaleo y pone sus manos en mi cintura, con un poco de fuerza, para ayudarme a bajar.
Doy un par de saltitos con el pie que está en el suelo y logro sacar mi otra pierna con dificultad, pero al hacerlo, nos empujo suavemente hacia la pared, y quedo frente a Marcus con el rostro ardiendo de vergüenza.
—Lo, lo siento —me disculpo, aún aferrándome al vestido con las manos y con el casco puesto.
—No hay de qué —me dice sin mover sus manos de mi cintura.
Me safo lentamente de su agarre y me trato de quitar el casco con mis manos temblorosas, soltando la falda del vestido.
—Te falta algo —me dice desabrochando las cintas en mi cuello. Ahí va su tacto cálido de nuevo.
—Gracias —le digo quitándome el casco finalmente y dándoselo en las manos—. Muchísimas gracias por traerme a casa. No sé qué habría hecho.
—Ni lo digas. Ha sido un placer —me dice tomando el casco en sus manos y guardándolo en su pequeño baúl.
Siento una gota súbitamente caer por mi mejilla y abro mucho los ojos.
—¿Qué fue eso? —digo viendo hacia el cielo y procedo a sentir más y más gotas cayendo encima.