Voy caminando por una calle muy conocida de Guatemala, sintiendo que mis pies extrañamente no tocan el suelo.
Algo de repente llama mi atención a un lado y vuelvo la vista.
Ahí lo veo. El chico de piel morena clara, cabello negro un poco alborotado, usando su chaqueta negra y recostando su espalda sobre un árbol. Él levanta la vista un segundo, y nuestras miradas se encuentran, haciendo que mi pecho vibre.
—¿Eres tú, Mateo? —inquiero, pero su expresión no cambia.
Camino lentamente hacia él, con mucho cuidado, como temiendo que pueda disiparse en cualquier instante.
De repente, siento como comienzo a caer hacia atrás sin poder evitarlo mientras todo a mi alrededor se desvanece.
—¡No! ¿Qué es esto?
Abro los ojos repentinamente y veo alrededor.
Sigo estando en España.
Aún tengo una extraña sensación en el cuerpo, pero me yergo en mi lugar, sintiendo una pequeña punzada en la cabeza.
—Pero si no bebí tanto anoche...
Veo mi cuerpo y noto que me cubre una pequeña manta beige de lana, y que aún tengo puesto el vestido negro de anoche. Eso explica el porqué me duele un poco la cintura.
Quito ligeramente la manta de mi cuerpo y veo hacia la mesita que se encuentra frente a mí. Hay dos tazas en la mesa.
Espera, ¿Por qué hay dos tazas?
—¡Mateo! —Me levanto del sofá de un salto y veo alrededor. Entro en la habitación a pasos agigantados con mis pies descalzos, pero no encuentro nada más que el desastre que dejé anoche al prepararme para la inauguración.
—No... Ya no está acá —digo en voz alta— O quizás lo soñé —Frunzo el ceño y regreso a la sala de estar, con la cabeza aún doliéndome y dándome vueltas.
De repente veo que sobre el sofá azul se encuentra una tela negra. Camino con premura y la tomo en mis manos.
—Es el saco de Mateo... ¿O... más bien... Marcus?
Veo a los lados, como si no fuera la única persona en esta habitación, antes de hacer algo muy alocado.
Sí, huelo el saco de Mateo.
O Marcus.
Camino hacia la cocina, aún sin soltar el saco, y noto con el rabillo algo nuevo sobre el refrigerador.
Es una nota. La letra es cursiva y muy bien cuidada:
Gracias por dejar que me quedara hasta que pasara la lluvia. Lamento irme sin despedirme, no quise despertarte.
- Marcus
De repente logro escuchar de nuevo su risa profunda en mi mente, mientras compartíamos el café.
El recuerdo de su mirada se hizo claro en mi memoria, y como si se me acabara el tiempo, corro hacia la habitación a buscar, bueno, ya saben qué.
Saco el lienzo de la gaveta con premura y lo observo unos segundas, otra vez.
—¿Cómo puede alguien parecerse tanto?
"Debe ser una simple coincidencia, Bamvi", cruzan las palabras de Kat por mi mente.
Pero, ¿y si no? ¿Podrá existir una mínima oportunidad de que sea el mismo chico que conocí en Guatemala?
Acarició el lienzo con mis dedos, como una manía para buscar claridad.
—Debo hablar con Kat.
Busco mi celular en el sofá azul y veo la hora.
Son las 7:30 am.
—Eso significa que... —Cuento con mis dedos hacia atrás. Sí, las matemáticas no siempre han sido mi fuerte— Son las 12:30 a.m. en Guatemala. A menos que Sofía haya vuelto a olvidar una maqueta o un cartel para la escuela, dudo que estén despiertas.
Suspiro al aire y me siento en la cama, botando el celular a un lado.
—Tendré que esperar unas cuantas horas...
Vuelvo a observar la pintura de Mateo, con un sentimiento de nostalgia recorriendo mi pecho, y veo la notita que Marcus escribió.
Súbitamente noto algo que llama mi atención.
El brillo en el cabello de Mateo. El cual la pequeña yo pintó como un brillo, pero se suponía era el lunar de canas de Mateo.
—No recuerdo haber visto que Marcus tuviera un solo cabello blanco. Aunque... —digo colocando mi dedo índice sobre mi labio inferior, tratando de recordar— No creo haber visto su cabello. Marcus es tan alto que ni siquiera usando tacones lograba ver su cabello. Y... estando en la motocicleta, llevaba su casco...
Guardo la notita dentro del lienzo y los enrollo juntos, dejándolos en la gaveta de la habitación. Siento como si un nudo estuviera apretando mi garganta, y a la vez una sensación de ansiedad hormigueante cubre mi pecho.
—Necesito salir a pensar —digo para mis adentros.
Escucho la campanita de que entró una notificación entrar a mi celular y lo tomo.
Es Nico...
Nico: Bámvika Lara. ¿Cómo estás?
Bamvi: ¡Bien! No hace mucho desperté. Anoche fue toda una montaña rusa.
Nico: ¡Ni me lo digas! Ha sido una noche muy ajetreada. Suerte que Vika estuvo ahí.
Río inmediatamente al leer el mensaje.
Se recuerda del nombre de mi alter-ego.
Bamvi: Opino lo mismo.
Nico: Oye...
Nico: Hoy estaré en el taller trabajando en unos cuadros.
Nico: ¿Te gustaría venir?
Ir al taller de Nico no suena como una mala idea. Podría ir a distraerme un rato.
Y de paso me entero más sobre quién es Marcus...
Nico: Quisiera tener tu opinión en una nueva técnica que estoy utilizando.
Bamvi: ¡Claro! Me encantaría.
Nico: ¡Genial! Te paso la dirección.
Bamvi: Perfecto. Me arreglo y voy para allá.
Dejo el celular en la cama y corro hacia el baño para prepararme, soltando un gritito al verme al espejo despeinada.
—Por favor, que Marcus no me haya visto así...
~~~
Bajo del metro, sosteniendo con fuerza mi pequeño bolso marrón, y camino hacia las escaleras de salida.
Desde que vi a Mateo en el metro, cada que me subo a uno, no puedo evitar buscarlo a mi alrededor.