Luego de caminar un tiempo por las calles de Madrid, aún tomada de la mano de Marcus, sintiendo su piel cálida y su tacto firme y a la vez suave, llegamos a un restaurante con puertas amplias, decoración minimalista con colores cálidos, y mesas altas de madera y cuadradas.
—Buenas tardes —saluda Marcus amablemente al entrar.
—¡Marcus! Tiempo sin verte —dice la chica de cabello negro hasta la cintura en el mostrador— ¿Lo mismo de siempre?
—Sí, por favor —le dice sonriendo, luego vuelve su vista a mí y yo me pongo nerviosa al ver a la chica ver con atención nuestras manos aún tomadas—. Si quieres, podemos comenzar con algo para tomar, y luego vemos la comida.
Asiento un poco nerviosa, viendo el menú frente a mí en el mostrador.
—Beberé agua —le digo y la chica lo anota rápidamente, sin tener expresión en su rostro meticulosa y delicadamente maquillado.
—Claro. Tomen asiento. En un momento les llevamos sus bebidas.
—¡Gracias Belinda! —le dice Marcus con una sonrisa cálida y radiante, esas sonrisas gentiles que sólo él sabe dar.
Llegamos a una mesa muy bonita junto a una ventana, y Marcus suelta mi mano lentamente.
Me siento en la silla alta de madera, con un poco de dificultad, poniéndome de puntitas para llegar.
—Aquí está tu café —dice Belinda al llegar a nuestra mesa—, y tu agua —suelta un poco más seria.
—Gracias Belinda —le dice Marcus, tomando el café en sus manos. La chica le hace una sonrisa amplia y se va felizmente hacia el mostrador.
—Creo que Cameron nos tomará la orden —comenta Marcus con el ceño fruncido, confundido al ver que Belinda se fue antes.
Yo asiento, mojando mis labios con un poco del agua.
—¿Te gustan los sándwiches? Conozco unos muy buenos que creo te gustarían.
—Estoy abierta a tu recomendación —le digo con una sonrisa, viendo su entusiasmo por mostrarme el lugar.
Observo cómo brillan sus ojos claros, enmarcados por esas cejas gruesas y negras. Su actitud es la de un chico encantador, y creo que no se ha dado cuenta que a Belinda le atrae.
—Bien... el cruasán con jamón y queso está delicioso, si quisieras comer algo liviano. También tienen un excelente bocadillo de jamón serrano.
Yo lo observo un momento, pensativa, mientras él me devuelve la mirada curioso.
—Me llama la atención el cruasán —digo finalmente y sonríe satisfecho.
—Excelente elección —Voltea a ver hacia el mostrador y ve que Belinda aún no viene, y el chico pelirrojo de al lado, quien intuyo es Cameron, tampoco se acerca—. Iré a pedirlos allá al frente —me dice y se levanta de su silla, no sin antes dejar ahí su chaqueta negra de cuero.
Veo como llega al mostrador y Belinda sonríe un poco apenada, tapando su boca con sus manos al darse cuenta de que olvidó pedir las órdenes. Marcus le hace un ademán de mano de "no te preocupes" y le señala las órdenes en el menú.
Luego veo a Marcus caminar hacia acá y trato de ver hacia otro lado, posando mi mirada en el objeto que está en mi mesa: un vaso de agua.
—Ahora sí, a esperar la comida —me dice sentándose en su silla y tomando su taza para darle un sorbo.
—Y... —decimos los dos al mismo tiempo. Reímos apenados y nos quedamos en silencio.
—Yo... —volvemos a decir al mismo tiempo y ahora sí reímos un poco más. Su risa gutural y su mirada observadora hacen que mis mejillas tomen calor.
—Ve tú —me dice con velocidad, señalándome con su mano de manera gentil.
—Te quería preguntar qué tal iba tu día —le digo observando los hielos en mi agua.
—Pues bien. En realidad no he hecho demasiado. Pasé dejándole unos materiales a Nico a su taller y quería aprovechar para venir a comer un bocadillo acá.
—Parece un buen día—le digo.
—Lo es... Aunque se acaba de poner mil veces mejor —suelta sin alejar su mirada de la mía. Pero de repente llega el chico pelirrojo con dos platillos. Mi cruasán y un sandwich alargado para Marcus.
—Se ve muy bueno —le digo señalando el cruasán con el queso derretido.
—Me alegra. Ojalá te guste —me dice esperando con entusiasmo a que le dé una mordida.
Sonrío un poco nerviosa, tomo con cuidado el pan y le doy una pequeña mordida en una de las puntas.
El queso derretido se disuelve en mi boca y el sabor a jamón lo complementa tan bien que cierro los ojos.
—¡Está delicioso! —le digo y sonríe.
—Excelente. Ahora prueba este —me dice deslizando el plato con el sándwich alargado—. Es uno de los mejores bocadillos.
—No... ese es tuyo —digo apenada.
—Hazlo. Pedí ambos para que puedas probarlos. Sólo déjame el que menos te guste.
Asiento, aún apenada, y le doy una mordida pequeña al bocadillo. El sabor al aceite de oliva resalta mucho entre el jamón. En realidad no me gusta tanto como el cruasán, pero está muy rico.
—Este está bueno también... —digo limpiándome un poco los labios. Siento que tengo migas de pan por doquier.
—¿Cuál escogerá Bámvika Lara?
Veo ambos panes un poco dudosa. En realidad me siento un poco mal de haber mordido ambos.
—Espera, ya sé —me dice sonriendo, viendo un plato y luego el otro. Toma los platos por los extremos y los gira, dejándome con el cruasán de nuevo frente a mí— Listo ¿Acerté?
Asiento, aún apenada.
—Gracias Ma-Marcus.
—Es un placer...
Comemos nuestros panes en silencio, cruzando miradas de vez en cuando. La imagen de Marcus con migas de pan en los labios difícilmente se me borrará de la mente. Aunque, debo dejar de ver demasiado sus labios, o sospechará.
Veo hacia mi cruasán ya por la mitad y tomo otro pedazo.
—¿Qué te han dicho de la exhibición? ¿Se vendieron muchos cuadros? —pregunta sacándome de mis pensamientos.
—Sí. Bueno, Elena me dijo que ha sido todo un éxito. Me llevé el sobre anoche para verlos, pero por el cansancio... Bueno, creo que ya sabes lo que sucedió.
—Sí... De nuevo disculpa por no despedirme. Pude notar que tenías un sueño muy profundo.