Ya ha caído la noche, y los chicos han decidido poner una película para verla juntos mientras cenamos.
Bien, fue idea de Marcus. Y Nico y yo apoyamos.
La comida tardó un poco en llegar. Al final Marcus y yo decidimos comer pizza.
Bien, lo admito. Esa fue idea mía.
Mientras tanto Nico come la ensalada que traía consigo desde que entró por esa puerta hace más o menos una hora.
—¿Entonces? ¿Quisieran ver "Chocolat" o "Amélie"? —inquiere Marcus, sosteniendo ambos DVDs, en frente del televisor.
—Ya vi ambas, contigo, unas... 5 veces —bromea Nico. Marcus frunce el ceño y Nico levanta las manos en señal de renuncia—. Yo opino que la invitada debería elegir.
—Menuda ideaza —dice Marcus girando hacia mí.
—¿Ah? ¿Yo?
Ambos asienten.
—No he visto ninguna antes.
—Por eso es la mejor idea. Marcus tiene los diálogos memorizados, y yo ya estoy bastante traumado —bromea de nuevo Nico.
Yo sonrío viendo a ambos hombres comportarse como adolescentes. Imagino que así me he de ver cuando estoy con mi mejor amiga en Guatemala, me torno una niña pequeña. Como con toda persona con quien me siento segura.
—Bámvika Lara... —dice Marcus, con esa manía que tiene de a veces llamarme por mi nombre completo.
—Está bien. Creo que me iré con... "Chocolat". Me gusta el chocolate.
Y Johnny Depp. Es que sale en la portada.
—Perfecto —dice Marcus complacido. Saca el disco de su caja con mucho cuidado y lo pone. Camina rápidamente a la cocina y habla en voz alta desde allá—. ¿Quieren algo más de beber? —pregunta— ¿Bamvi? —dice ya que Nico no respondió.
—Solamente agua, por favor.
Se encamina de regreso, pasa apagando la luz, y coloca dos botellas de agua junto a las cajas de pizza.
Se sienta a mi lado izquierdo, y presiona el botón del control remoto negro para poner la película.
Yo vuelvo la vista hacia Nico. Ya casi se termina la ensalada y, aunque hace bromas con Marcus, lo siento bastante distinto conmigo.
No estoy segura de si sea algo positivo o si debo preocuparme.
—¿Qué tipo de pizza pidieron? —pregunta Nico viendo hacia las cajas.
—Yo pedí la de pepperoni —dice Marcus—, pero Bamvi pidió algo un poco más arriesgado.
—¿Cómo? —Nico frunce el ceño y, pidiéndome permiso con una mirada, levanta la tapa de la pizza mediana frente a mí—. Oh no... Pizza con piña...
Nico y Marcus se ven y luego ambos me ven con rostros de decepción.
—¿Qué? ¿A ninguno le gusta? —pregunto viendo a uno y luego al otro.
—La pizza con piña no es para cualquiera —dice Marcus con un guiño.
A Mateo solía gustarle...
Por momentos mi mente olvida que no estoy hablando con Mateo. Me es muy difícil separarlos.
Parte de mí se rehúsa a hacerlo.
Nico niega, moviendo su cabeza de un lado al otro, y ve hacia la televisión.
Me recuesto en el sofá, me quito la chaqueta de mezclilla y me la pongo al revés, con la parte de la espalda en mi pecho. Por alguna razón me ayuda cuando tengo frío.
Ahora sí, tomo un pedazo de pizza y disfruto de la mezcla de sabores.
—¿Tienes la chaqueta al revés? —pregunta Nico. Yo tengo pizza en la boca así que solamente asiento.
—Iré a traer algo a la habitación —dice Marcus levantándose súbitamente del sofá.
Eso fue un poco repentino...
—Me pregunto a dónde fue —musito viendo hacia el pasillo que lleva a las habitaciones. Nico permanece en silencio viendo el resto de su espinaca.
Definitivamente está distinto. Y no puedo evitar sentirme culpable.
—Oye Nico...
Nico me ve, puedo distinguir un brillo de tristeza en sus ojos, aunque con el ceño fruncido, mientras la luz del televisor delinea su rostro.
—Yo...
—No me debes explicaciones Bamvi —dice con calma.
—Lo siento mucho —murmuro—. No quiero hacerle daño a nadie, aunque creo que lo estoy haciendo. Perdón.
—No tienes de qué. Me doy cuenta —Ve hacia abajo un segundo, luego toma un respiro y me ve—. Desde el momento en que vi cómo se miraron en la galería tú y Marcus, supe que no habría retorno. Y está bien. Para ser justos... Marcus no tiene idea de cuáles eran mis intenciones.
Sus intenciones... eso se queda dando vueltas por mi mente. ¿Cuáles eran sus intenciones?
En realidad, tiene sentido que Marcus no supiera. Sin embargo, yo sigo sintiendo la punzada en el pecho. Por un momento mi instinto me dice que abrace a Nico, pero sé que sería peor, así que le doy otra mordida a mi pizza en silencio.
Nico se pone de pie de repente, sacudiéndose las piernas, y recogiendo su plato vacío.
—Listo —dice Marcus y me cubre con una cobija beige calientita. Mi corazón de repente siente una tibieza acogedora—. ¿A dónde vas? —le pregunta a Nico.
—Yo... me siento un poco cansado —responde y nuestras miradas se cruzan por un instante—. Iré a dormir un poco, pero no os preocupéis. Vean la película.
—Descansa bro —le dice Marcus chocando el puño de Nico.
—Descansa —le digo con una media sonrisa y él me devuelve una media sonrisa también.
Marcus se sienta junto a mí, colocando su brazo disimuladamente detrás, en el respaldo del sofá, y se acerca más a mi cuerpo.
Me yergo para quitar la chaqueta de mezclilla al revés, quedándome solo con mi blusa blanca de tirantes. Dejo la chaqueta a un lado y me recuesto nuevamente en el sofá, pero justo cuando me estoy recostando, Marcus se mueve un poco, y mi cabeza recae en su pecho.
—Oh, lo siento, yo...
—No, no. Está bien —me dice y vuelvo la vista a su rostro. Sus ojos brillan de nuevo, y de repente siento que ya no estoy hablando con el chico juguetón de hace un rato—. Bamvi, me gusta estar cerca de ti.
Ay, no sé si mi corazoncito podrá con tanto en un solo día. Bueno, dos.
Bamvi, responde, pienso para mis adentros.
—Y a mí de ti —suelto en un susurro.
Una sonrisa agradable se dibuja en su rostro, mientras que se acerca cada vez más al mío.
Siento sus labios acercarse tanto que mi corazón quiere salirse volando de mi pecho. Cierro los ojos con fuerza y súbitamente un toque suave de sus labios acaricia mi mejilla.