Me despierta el "ding" de una notificación del celular a la que no presto atención.
Abro los ojos y veo hacia el techo un poco desconcertada.
¿Dónde estoy?
La habitación gris es apenas iluminada por la luz tenue del sol saliente. Vuelvo la vista y me encuentro con el pecho de Marcus.
Debí quedarme dormida anoche y él no se inmutó.
Lo veo dormir y se ve tan atractivo. Sus pestañas largas y espesas, sus cejas pobladas y oscuras, sus labios ni gruesos ni delgados.
Se ve tan guapo, aun más con su cabello ligeramente despeinado.
Su cabello...
¡¿Y si busco el lunar de canas?!
Mis ojos se abren completamente ante la posibilidad de que tenga el lunar.
Me estiro levemente para elevar un poco la vista, pero no logro ver mucho. Me acerco más con mucho cuidado, pero Marcus mueve su brazo y lo posa en mi cintura, dándose la vuelta para quedar frente a mí, ambos sobre nuestros costados, muy juntos en este estrecho sofá.
Mi rostro ha quedado tan pegado al suyo que su respiración me da cosquillas en los labios. Y su olor... no sabía que podía gustarme tanto el aroma de una persona. Lo observo un momento, aprovechando su cercanía. Sus párpados comienzan a moverse levemente y yo cierro los ojos.
Marcus levanta la mano que estaba en mi cintura y puedo sentir el leve roce cercano. Intuyo que se está restregando los ojos. Se detiene un segundo y posa su mano nuevamente en donde estaba.
Abro los ojos y ahí están, esos ojos grises me están observando. Nos quedamos ahí unos segundos y Marcus sonríe de lado.
—Buenos días, Bámvika Lara... —dice con una voz más ronca de lo habitual.
—Buenos días, Mat-Marcus Pereira...
—¿Cómo descansaste? —pregunta, aún viéndome a los ojos.
—Estuvo bien. Tuve una almohada muy cómoda —río viendo ligeramente hacia su bicep debajo de mi cabeza—. No recuerdo cuándo me quedé dormida —confieso.
—Yo tampoco —me dice —Aunque creo que para la siguiente podríamos ir a la habitación —suelta de repente.
Para la siguiente...
Podríamos...
¡¿Habitación?!
Creo que mi rostro es demasiado transparente, porque abre mucho los ojos e inmediatamente se explica.
—¡Oh! No quise que sonara así. Me refería a la habitación de invitados...
—No te preocupes —digo sonrojada, cerrando los ojos, sin poder evitar reír con los labios cerrados.
Siento su mirada y abro los ojos. Me está viendo con una sonrisa dibujada en los labios, observándome.
—¿Qué? —inquiero frunciendo el ceño.
—No, no. Nada —dice aún sonriendo,
De repente escuchamos como se abre una puerta y unos pasos venir desde atrás.
—Buenos días —dice Nico con un tono un poco cortante y menos relajado de lo normal.
Marcus se incorpora en el sofá y se sienta a la orilla de este, yo le sigo levantándome para poder ver a Nico.
—Hola, Nico —digo y Marcus también lo saluda con la mano, con ojitos soñolientos.
—¿Se quedaron en la sala? —inquiere frunciendo el ceño.
—Nos quedamos dormidos —admite Marcus, tocándose el cuello—. Creo que la posición no me ayudó mucho.
Yo me río por lo bajo, viendo la espalda de Marcus mientras se estira y se le dibujan las líneas de los músculos.
—Bueno, iré a la tienda a comprar algo para el desayuno. ¿Quisieran algo en especial?
—Ah, si quieres voy contigo —dice Marcus poniéndose de pie.
—No, es mejor que atiendas a la invitada —dice viéndome y haciendo una mini-sonrisa. Podría jurar que era más una línea recta.
—Está bien —dice Marcus sentándose de nuevo en el sofá y tirándose suavemente hacia atrás, cayendo sobre mi regazo. Acomoda su cabeza en mi pecho y dice en tono gracioso—: Yo me aseguro de que todo esté en orden.
—Como gustes —suelta Nico y, tomando sus llaves, sale del apartamento.
Aprieto los dientes mientras acaricio la cabeza de Marcus, y su abundante cabello.
¡Oh! ¡El lunar!
Peino su negro cabello con mis dedos, moviéndolo de un lado al otro, pero no logro ver ni un solo cabello blanco. Solamente uno que otro castaño.
No hay lunar...
—Si sigues así me quedaré dormido de nuevo —me dice acomodando su rostro relajado en mi pecho.
Yo río por lo bajo y sigo peinándolo.
—¿Sabías que tienes las manos más suaves en todo el universo? —Interrumpe el trayecto de mi mano, tomándola con cuidado y acercándola a su rostro. Posa sus labios sobre ella dejando un pequeño beso en el dorso.
Siento el calor cubrir mis mejillas, aunque mis pensamientos están en el lunar.
Si no tiene el lunar, no puede ser Mateo.
Pero, si no es Mateo...
¿Quién es Marcus?
¿Me gusta Marcus?
¿O es solo que se parece demasiado a Mateo?
No sé ni siquiera qué pensar.
—¿Estás bien? —me pregunta incorporándose.
—Sí, sí. Todo bien Mat... Marcus.
Él me ve un poco confundido, pero igualmente me sonríe.
—La tienda no está muy lejos. Nico volverá pronto. ¿Qué te gustaría desayunar? Tengo un par de cosas para comenzar.
—¡Oh! No te preocupes por eso. Iré al Airbnb y luego...
—No, en serio. Permíteme que lo haga —dice y toma de nuevo mi mano, acariciándola con su dedo pulgar.
—Está bien —Mis ojos no pueden evitar dirigirse a sus labios, y luego a esos ojos grises y brillantes observándome.
—¡Perfecto! —Se pone de pie y camina hacia la cocina, comenzando a mover algunos trastes y haciendo un poco de ruido—. Bien, tengo... tostadas con tomate... O, déjame ver... Yo creo que tengo lo suficiente para hacer... Sí, sí. Puedo prepararte unas torrijas. No es por presumir, pero me quedan muy bien.
—¿Torrijas? —inquiero con el ceño fruncido, poniéndome de pie.
—Sí, como pan con huevo... con... —Hace un ademán con su mano como quien quiere recordar algo—. Son casi como panqueques. Bueno, en realidad no por completo.