Pintaré tus Sonrisas

23 - Una distracción necesaria

Me acerco rápidamente para tomar mi lápiz, pero me detengo al borde, medio agachada, escuchando la voz de Marcus y Nico cerca de la puerta.

—Bro, Laura se pondrá de coña cuando se de cuenta de lo que tienes con Bamvi, y lo sabes.

—Yo sé. Yo sé. Yo hablaré con ella —dice Marcus.

¿Laura?

¡¿Quién es Laura?!

Escucho como toman la perilla para abrir la puerta y me yergo de golpe yendo a mi lugar.

—Ya volvimos —dice Marcus abriendo la puerta, con un par de bolsas en las manos. Nico viene detrás con un tablero y más bolsas pequeñas.

Yo les sonrío lo mejor que puedo, pero creo que es un fracaso, mientras me acomodo en el banquito alto. Siento que me está sudando la frente.

Un extraño cosquilleo en los pies me pide que salga huyendo porque...

Laura...

La manera en la que lo dijeron.

No suena como una amiga de Marcus...

Y si Marcus tiene novia y yo...

Ay no, tengo que irme de aquí.

Marcus y Nico ponen las cosas en la mesa de la sala, y yo me levanto del banco para guardar mis cosas.

—¿Te vas? —me pregunta Marcus acercándose lentamente.

—Sí, yo... Hablé con Elena. Tengo papeles de la exhibición en el Airbnb y los necesita —digo encontrando mi bolso marrón, colgándomelo primero, para luego ponerme la chaqueta de mezclilla encima.

—Está bien, si quieres yo te llevo —se ofrece Marcus y yo le devuelvo otra sonrisa nerviosa.

—Eh, no. No te preocupes. Han hecho muchísimo por mí —Tomo mis materiales de arte en su bolsita café y lo veo— Gracias por todo. La película, el desayuno, la estadía, la pizza con piña.

—No hay de qué —me dice Marcus sonriendo, acercándose más a mí para despedirse con un abrazo.

Me alejado disimuladamente y camino hacia la puerta.

—Gracias, por todo, en serio.

Marcus me ve un poco confundido, frunciendo levemente el ceño, pero igualmente se despide con su mano en el aire, Nico le sigue.

—¡Adiós Mateo, adiós Nico! —suelto despidiéndome con la mano, cruzando el umbral con un nudo en la garganta.

Camino lo más rápido que puedo, bajando las gradas con premura, mientras que a lo lejos escucho su voz decir:

—¿Me llamó Mateo? —con un tono de confusión.

Ay no.

Sigo mi camino, bajando rápidamente las escaleras, hasta llegar al frente del edificio.
Empujo la puerta de metal y saco mi celular para buscar, con la ayuda del hermoso GPS, la estación del metro.

~~~~~~

Llego a la galería flotante después de unas cuantas horas. Me fui al Airbnb a tomar el sobre morado, y luego de un tiempo indefinido sentada en el sofá tratando de descifrar quién es Laura, y viendo de vez en cuando el lienzo con el retrato de Mateo, decidí venir a la galería a ver a Elena, y probablemente a Peter.

Subo las escaleras metálicas con formas geométricas y camino directamente a la oficina de Elena. La puerta está semi-abierta, pero igualmente toco antes de entrar.

—Adelante —dice la voz femenina, más grave que la mía.

Entro a la oficina y veo a la morena con su cabello suelto, con todos esos pequeños rizos perfectamente peinados y extendidos alrededor su rostro suave y terso.

—¡Bamvi! ¡Tía! ¿Qué haces por acá? —Elena se pone de pie para recibirme con un abrazo.

—Yo... lamento no haberte avisado. Traje de vuelta el sobre con las anotaciones —digo dejando el sobre en el escritorio, luego de que soltamos el abrazo.

—¡Gracias! Tenía dudas de dónde estaba. Debo actualizar las hojas de cálculos en el ordenador.

—Perfecto —le digo y observo como toma asiento de nuevo, viendo hacia su ordenador—. ¿Hay algo en lo que pueda ayudar? —inquiero, viendo a Elena escribir algo en su teclado magenta.

—En realidad, por el momento solamente estoy actualizando números. Le está yendo bastante bien a tu exhibición.

Me quedo viendo a la pantalla un segundo, la de mi celular, que marca la 1:30 pm.

—Hola, hola —dice Peter entrando de repente con un café en la mano. Me ve con sorpresa, abriendo mucho sus ojos marrones, y me sonríe—. Bamvi, no sabía que vendrías hoy.

—¡Sí! Yo... vine a dejarle un documento a Elena —le digo con una sonrisa de línea recta. Creo que mi cara es demasiado transparente, no puedo fingir que me siento incomoda por lo que pasó esta mañana.

—¡Qué bien! Siempre es una alegría verte por acá —me dice amablemente—. Lo lamento, solamente traje un café. Iré por otro —dice mientras coloca el vasito blanco con celeste en el escritorio para Elena.

—¡Oh! No. No te preocupes. Tomé café esta mañana —le digo con una sonrisa y asiente. Yo observo de nuevo la pantalla de mi celular, ahora es la 1:33 pm.

—¡Oh! Bamvi. ¡Ya sé!

Levanto mi vista hacia Elena con emoción.

—Si lo que buscas es distraerte, hay un par de cosas que podemos hacer.

Elena, al parecer, sabe leerme muy bien...

—Ajá...

—Tenemos grupos, clases enteras, de universitarios y de chicos en la secundaria interesados en visitar la exhibición. Podríamos hacer grupos guiados en los que les mostraríamos tu obra.

—¡Wow! ¡Eso estaría súper bien! —comenta Peter.

—¡Me parece perfecto! —le digo poniéndome en pie.

—¡Bien! Haré un par de llamadas. Recuerdo que una profesora me pidió una visita guiada para el lunes.

—¡Aún mejor!

Le tomaré la palabra. Distraerme me hará bien. Especialmente si tiene que ver con el trabajo.

—Sí. Y habrán muchos más, si quieres. También, haremos un par de publicaciones en redes sociales que te mostraré para que las apruebes antes de subirlas a la red.

—Está bien...

—Y... —Toma aire antes de continuar—, tendremos un par de oportunidades para hacer entrevistas con los medios esta semana también. Para seguir con la difusión.

—Elena... ¿Cómo puedes con tanto? —le pregunto con una sonrisa entusiasmada.

Peter coloca su mano en la espalda de Elena y le da un beso en la cabeza que me enternece.




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