Pintaré tus Sonrisas

24 - Intuición

Sigo a Elena en el camino, rodeadas del paisaje urbano de Madrid, y llegamos a un restaurante pintoresco, de puertas pequeñas y poca luz en el interior, pero Elena sigue de largo hasta llegar al patio.

Y sí, tiene la vibra perfecta para una comida un viernes después del trabajo.

Tiene mesas de madera cuadradas, con sus sillas respectivas en el mismo estilo, con focos en el techo decorando, dando calidez. Y lo que lo hace más especial es que hay plantas por doquier: plantas en el centro de mesa, plantas colgando en las paredes, y un par de matas pegadas a las paredes, dando aún más esa sensación de un sueño.

—¿Y? ¿Qué te parece? —pregunta Elena, sentándose en una de las sillas y dejando su bolso en la silla de a la par.

—Me encanta. Está precioso acá —le digo y sonríe. Escucho la música al fondo, es un jazz melodioso que le queda perfecto al lugar.

—Pensé que sería el lugar perfecto para... relajarnos un poco —me dice con una sonrisa cómplice.

Llega un chico repentinamente a pedirnos la orden. Yo me voy por la pizza personal y agua. Elena se pide una ensalada de entrada, una paella, y un vino blanco.

—Un vinito porque ¿Por qué no?—me dice con un guiño.

Yo le sonrío, luego me distraigo viendo la plantita frente a mí. Está muy bien cuidada, aunque, para ser honesta, yo no sé demasiado de plantas. Pero se ve verde y feliz.

—Y... —comienza a decir Elena y yo elevo la vista hacia ella.

Asiento, esperando a que continúe.

—¿Qué te trae tan... distraída? —inquiere y yo frunzo el cejo.

—¿Cómo?

—Sí... Te he notado bastante distraída los últimos días...—Toma una breve pausa, como aclarando—. Eres estupenda en los tours, y en tu trabajo, pero en cuanto los estudiantes salen de la galería, tu mirada cambia a una un poco más... inquieta.

—Yo... —Me quedo en silencio pensando en qué decirle. Si le cuento la razón real del porqué me siento así, quizás me vea como que me falta un tornillo. Y no quiero eso... especialmente si quiero seguir viniendo al CaixaForum en un futuro.

—Mira, entiendo completamente si es algo personal y no puedas contarme. Solo quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que necesites, como amiga.

—Gracias Elena —le digo con una sonrisa.

Llega el mesero de repente con mi vaso con agua y la copa de vidrio para Elena, a la que procede a servirle el líquido transparente y dulce de la botella.

—Gracias —decimos al mismo tiempo y el muchacho de piel morena se va, luego de asentir con una sonrisa.

Veo mi celular un segundo luego de un mensaje de mi mamá.

Mamá: Hola mija. ¿Cómo estás? Te extraño mucho.

Bamvi: Hola mami. Estoy bien, ¿y tú? Yo también te extraño mucho.

Cierro el mensaje y no puedo evitar que mis ojos se deslicen por el mensaje de un "Desconocido". ¿Debería guardar su número?

Guardo el celular en mi bolso y tomo mi vaso para tomar un sorbo de agua.

—Creo que es el 4to suspiro que te escucho hoy —me dice Elena con una sonrisa.

¿Suspiros? ¿Yo?

—No me he dado cuenta —le digo con una pequeña risa.

—Así es como sabes que es real...

—¿Cómo?

—Sí. Que lo que sientes es real.

—¿A qué te refieres? —inquiero tomando más agüita.

—Bamvi... estás enamorada.

Casi me ahogo con el agua, y pongo el vasito en su lugar para no hacer un desastre.

—Yo... —comienzo a decir con una risita nerviosa—. Es complicado.

—Y vaya si lo es. Es amor... es el sentimiento más hermoso que existe, pero justo por eso no te lo pone fácil.

—Para nada fácil. En mi caso... —vuelvo mi vista a Elena, a su mirada compasiva, y me cubre con una energía como de hermana mayor protectora que por un momento me hace dudar. Las palabras de Kat cruzan por mi mente: "Es solo una coincidencia".

Siento un frío en el pecho, y aún más al fondo, escucho la voz de Kat decir algo más: "Bamvi ¿En serio crees que a tu edad puedes querer verdaderamente a alguien?"

Mis ojos se humedecen un poco sin que los pueda controlar. Bebo un poco más de agua para distraer las gotas que se quieren derramar.

¿Si lo que sentí aquella vez no era enamoramiento, significa que esto tampoco lo es?

"Nadie se puede enamorar en tan poco tiempo".

Si Kat me escuchara en estos momentos... Sabiendo que apenas conocí a Marcus hace poco más de una semana.

Elena toma un sorbo de su vino y llega de nuevo el moreno alto, ahora con varios platos en las manos.

—Dos ensaladas —dice dejándonos los platos con mucho verde frente a cada una—. En un momento vendrán las entradas —dice y se va con una sonrisa amable.

—¡Gracias! —digo, aunque mi voz se escucha más débil de lo que esperaba.

Vuelvo mi vista hacia Elena, quien ahora come un poco de su ensalada verde.

—Elena...

—Dime, corazón...

—Si te cuento algo, ¿me prometes que no me tacharás de loca?

Deja su tenedor en la mesa y me observa con sus ojos oscuros.

—Nunca te haría eso. En el poco tiempo que llevo de conocerte, solo he visto a una chica trabajadora y extremadamente talentosa que hace lo que nadie más está dispuesto a hacer.

—Bien... yo... —tomo un poco de lechuga en mi boca y luego de tragar la veo—. No sé por dónde empezar.

—Sólo hazlo —me anima con una sonrisa.

Inhalo con fuerza, llenando mis pulmones de valor para contarle mi historia más dura, confusa, y de algún modo, la más hermosa.

La manera en la que se lo cuento no tiene orden en particular. Salto un par de veces entre el pasado y el presente. Confundiéndome y teniendo que corregirme yo misma cuando digo "Mateo" en lugar de "Marcus" y viceversa.

—¡Por eso es que te sorprendiste tanto el día de la inauguración! —me dice como quien ahora ha unido los puntos.

Le continúo contando, hasta llegar al día en el que me cocinó unas deliciosas torrijas, pero también el día en el que escuché el nombre de "Laura".




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