Pintaré tus Sonrisas

26 - Extraviado

Veo a mi alrededor, buscando opciones de escape, cuando noto al chico de cabello negro rizado con su chaqueta marrón entrar por las puertas grandes, dándole vuelta a sus llaves entre sus dedos.

Sus ojos miel se cruzan con los míos un segundo, y su expresión es seria. Le sonrío a la distancia y él me devuelve una sonrisa de labios cerrados, muy corta.

Se acerca a Marcus y a Laura, saludando a Marcus con el puño, y luego se da la vuelta para caminar hacia...

Hacia mí.

—Hola Bamvi —me dice carraspeando su garganta y sentándose en el sillón amarillo.

—Hola Nico ¿Cómo has estado? —le pregunto extendiendo mis brazos para darle un abrazo corto, el cual él recibe con un poco más de aprecio del que esperaba.

—He estado bien. Estoy trabajando en un nuevo proyecto. ¿Y tú? ¿Cómo van las cosas en la galería?

—Bien —digo agudizando mi voz—. Esta semana estuvo bastante ocupada, pero muy entretenida —admito, con mis manos sosteniendo mi cuaderno de dibujo en mi regazo.

—¡Qué bien! Me imagino que Vika estuvo en acción.

—Bastante —admito con una sonrisa a medias.

—Bien. Iré a ayudar con un par de cosas de escenografía, pero si me necesitas, no dudes en llamarme —me dice poniéndose de pie y caminando hacia los pasillos del fondo.

En el camino se encuentra con Ángela y se saludan efusivamente.

Dirijo mi mirada de nuevo a Marcus. Laura sigue ahí, y parece que tienen una conversación muy amena.

Yo... no creo que deba estar aquí.
Sigo sintiendo esa presión en el pecho.

Veo alrededor asegurándome de que no me vean. Hay unos baños del lado izquierdo, cerca de la salida y eso me da una idea: Haré como que voy al baño, y al salir, me iré rápidamente por la puerta grande. Sí. Suena bien.

Guardo mi cuaderno y lápices en mi bolso marrón y, aunque lo dudo un segundo, tomo la carpeta blanca con el guión.

Paso muy por detrás de Laura y Marcus, y ninguno de los dos parece notarme.

La punzada en mi corazón no cesa, al contrario, se intensifica. Más ahora que creo que salir de acá desapercibida no será tan complicado como pensé.

Mi plan es todo un éxito. Entro al baño y luego de unos minutos, salgo y cruzo hacia la izquierda, directamente hacia la puerta grande de salida, y me voy caminando sin ver atrás. Mis ojos comienzan a humedecerse un poco pero lo ignoro.

Ya estando afuera, saco mi celular de mi bolso para buscar la estación del metro en el GPS pero una voz muy conocida me detiene...

—¡Bamvi!

Vuelvo la vista y ahí viene Marcus, con el cabello negro un poco despeinado, y sin su chaqueta negra de siempre. Solo usa una camiseta blanca.

Él me alcanza con un trote rápido y al estar frente a mí me pregunta:

—¿Estás bien?

—Sí... Lo siento, tengo que ir a la galería, pero no te quise interrumpir.

—¡Oh! Está bien. ¿Quieres que te lleve?

—No. No, no. No te preocupes, yo...

Siento un toque cálido en mi mano repentinamente, y veo como Marcus entrelaza sus dedos con los míos, haciendo que mi estómago tenga cosquillas bonitas.

—Ven. Yo te llevaré. Solo les avisaré allá adentro —me dice con un tono de voz inesperadamente firme.

Asiento y lo sigo, paralizada por el agarre repentino de nuestras manos, aún unidas.

Cruzamos las puertas grande de enfrente y veo a Laura de espaldas. La chica vuelve sus ojos verdes hacia nosotros cuando nos queda muy poco para estar ahí.

Una sonrisa se dibuja en su rostro, y al verla de cerca me doy cuenta de lo perfecta que es. Podría fácilmente ser una modelo.

Sus ojos bajan lentamente hacia las manos de Marcus y mía, y su sonrisa se desdibuja.

Ay Dios...

—Erick —dice Marcus acercándose al muchacho con el portapapeles , sacándolo de su enfoque— Llevaré a Bamvi a la galería, al CaixaForum, pero ya regreso —Toma su chaqueta de cuero de la silla en la que estaba sentado y se la comienza a poner, soltando mi mano un segundo.

—Está bien, solo te iba a comentar que en el caso de Enrique... —continúa preguntándole algo Erick a Marcus, pero Laura los interrumpe.

—¡Marcus! ¿Te vas?

—No, bueno sí. Solo iré a dejar a Bamvi rápidamente. Pero vuelvo en un segundo —Laura vuelve su vista hacia mí, inspeccionándome— Por cierto, ella es la artista Guatemalteca de la que te contamos —dice Marcus con una sonrisa gentil y despreocupada.

Laura vuelve la vista hacia mí con una amplia sonrisa.

—¿La del CaixaForum? —pregunta ella agudizando la voz.

—Sí, ella. Es asombrosa —dice Marcus viéndome con un brillo en los ojos que por un segundo me hace olvidar a Laura. Toma mi mano de nuevo, entrelazando nuestros dedos, y un remolino ataca a mi estómago de una manera extrañamente bonita.

Luego recuerdo mis modales y veo a Laura.

—Mucho gusto, Bámvika Lara —digo extendiendo mi otra mano hacia ella.

Laura recibe mi mano entre su mano blanca y suave, y mantiene su sonrisa en su rostro perfectamente dibujado. Da Vinci habría deseado tenerla de musa.

—Un placer, yo soy Laura —me dice aún sin soltar mi mano.

—Sí. ¡Por fin se conocen! —exclama Marcus—. Bamvi, Laura es... mi hermana —dice y yo frunzo el ceño—. Es complicado...

Veo a Laura y, aunque su rostro no se inmuta y me sonríe con los labios cerrados, algo en sus ojos cambió.

—Bien, ya nos vamos —dice Marcus de repente, cortando la extraña tensión que se formó, y comenzamos a caminar a la salida.

—¡Mucho gusto Laura! —exclamo y veo como se despide con su mano.

—¡Igualmente, Bamvi! ¡No te tardes, Marcus! —responde ella.

Llegamos a la moto negra con plateado de Marcus y me pongo un poco nerviosa.

Elena no está en la galería.
Yo no quiero ir a la galería...
¿Ahora cómo le explico?

"Oh sí, me puse celosa de la que ahora sé es tu hermana".

No, no puedo decir eso...

Marcus me pasa mi casco y yo comienzo a ponérmelo, aún pensativa. ¿Cómo se lo digo?




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