—Extraviado...
Comienzo a leer el guión con una curiosidad que me carcome. Especialmente por lo que Marcus dijo antes de cruzar el umbral:
"Ya no me he sentido extraviado... No desde que te conocí"
Tomo pequeños sorbos de café que entibian mis labios mientras paso las hojas de papel con cuidado.
"INTRODUCCIÓN:
'Extraviado' es una historia basada en mi vida. En el torbellino de confusiones que me inunda cada día. En el cansancio de tratar de encontrarme sin éxito. En la frustración de haberlo perdido todo porque la vida, egoísta e implacable, así lo quiso. Hasta que llega alguien, del lugar más inesperado posible, y me demuestra que los días aún pueden ser cálidos, que el aire puede sentirse sereno al llenar los pulmones... y lo que pensaste imposible puede suceder: volver encontrarte a ti mismo".
Me tomo otro sorbo de café e inevitablemente suspiro al leer ese primer párrafo. Puedo notar que es un borrador ya que tiene tachones aquí y allá, y palabras agregadas con una pluma de tinta azul.
Comienzo a leer la primera página general, y aunque al principio estoy tranquila, alegre de poder leer algo que escribió Marcus, con el paso de las líneas no puedo más que sentir que el corazón me late con tanta fuerza, como si quisiera salirse de mi pecho. Siento un calor envolverme y mi frente comienza a sudar.
—Esto... esto es imposible...
Salto del sofá y tomo un lapicero de la habitación, lo destapo con la boca y vuelvo rápidamente a mi posición inicial, colocando las hojas sobre la mesita, y comienzo a subrayar las palabras que me están dejando atónita.
Vuelo 254...
Accidente de avión...
La playa de Cádiz...
Pérdida de memoria...
—Marcus... Marcus... ¡ES MATEO! —exclamo levantándome rápidamente de mi asiento, aún con varias hojas que me faltan leer, y mordiendo la tapa de la pluma entre mis dientes. Mi corazón sigue latiendo rápidamente mientras que mis ojos se comienzan a humedecer. Siento una mezcla entre alegría y tristeza profunda.
—No hay duda —digo para mí misma.
Corro hacia la habitación a sacar el lienzo de la gaveta de la mesita de noche y lo abro con premura. Se me cae al suelo y debo levantarlo. Las manos no responden a lo que mi cerebro les pide en estos momentos.
Lo vuelvo a abrir y observo unos minutos. Esa sonrisa con los bellos camanances en los costados, sus ojos caídos y grises, sus cejas pobladas y pestañas gruesas. Esa barbilla ligeramente partida.
—Solamente hay una cosa que no entiendo... ¿Dónde está su lunar de canas? Será como dijo Elena, ¿se lo teñirá?
Busco mi bolso marrón con la mirada, lo tomo y tiro dentro mi celular, mi billetera y las llaves. Enrollo el lienzo y me propongo ir a buscar a Marcus... a Mateo.
Ya ha pasado poco más de una hora desde que regresé. Me pregunto si aún está en el set.
Veo el guión en la mesita de la sala y lo meto rápidamente en la carpeta blanca.
—Me llevaré esto también —digo tomándolo con fuerza.
Salgo del Airbnb, con el nudo en la garganta y la adrenalina haciendo que comience a correr hacia la estación del metro.
Espera... paro en seco. No me sé la dirección.
Saco mi celular de mi bolso y lo veo, contemplando la posibilidad de llamarle a Marcus.
No...
Mejor...
Veo mis contactos y mis ojos se encuentran con el nombre de Nico, justo después de Marcus, en la lista con la "N".
Le marco rápidamente y después de dos timbres escucho la voz relajada de Nico al otro lado.
—¿Bamvi?
—¡Nico! Nico. Nico... —digo con el aire faltándome.
—¿¡Ah!? Bamvi, ¿Estás bien?
—Sí, sí, sí... Sólo... Necesito un favor.
—Dime, lo que sea.
—Pásame la dirección del set. Por favor.
—Claro. ¿Quieres que vaya por ti? ¿Qué sucede?
—No, no. Estoy bien. Estoy en la estación. No me tardo nada.
—Está bien. ¿Pero, estás bien?
—Sí, creo que sí. Ahora llego —le digo y cuelgo la llamada.
En menos de un minuto veo entrar el mensaje con la dirección y busco el trayecto en el GPS.
Llego al set de grabación luego de 20 minutos eternos en el metro y camino con premura a la entrada. La puerta grande principal está abierta. Veo a Marcus de espaldas junto con Erick, Nico, y Ángela. Laura está un poco alejada, sentada en los sillones amarillos en los que estuve esta mañana.
Marcus vuelve su vista a mí en cuanto entro. La agitación en mi pecho no me deja hablar muy bien. Estoy segura que también estoy un poco despeinada, pero no me importa.
Sostengo el lienzo en una mano, y en la otra la carpeta blanca, con fuerza, como si de ellos dependiera mi vida.
Marcus se acerca a mí con la mirada consternada y pone sus manos en mis hombros.
—¿Estás bien? —Me examina con las manos y luego levanta mi mirada con su mano en mi barbilla—. Bamvi... ¿pasó algo?
—Bamvi ¿Estás bien? Te ves pálida —inquiere Nico acercándose también.
—Yo... yo... estoy bien —digo jadeando. Esas zancadas en la calle no me hicieron muy bien que digamos.
—Erick, trae una botella de agua por favor —le pide Marcus al chico moreno. Él asiente y camina rápidamente—. Ven... siéntate —me dice Marcus, tomando mi mano, en donde está el guión.
Me siento con nerviosismo en la silla de Marcus, la que dice "Director" en la parte trasera.
—Yo... Marcus... Necesito hablar contigo —suelto entre jadeos, tocando mi estómago con la otra mano, con el lienzo—. A solas.
Marcus abre mucho los ojos, un poco preocupado.
—Claro, yo...
—No, no. No creo que sea lo mejor que nos vayamos ahora...—interviene Laura—. Bámvika necesita apoyo. Todo el apoyo posible. Es claro que algo le sucede... —dice acercándose y viéndome con preocupación, con el ceño fruncido y los ojos muy abiertos.