Nos preparamos para cenar la sopa que ha preparado Lucía, todos juntos en la mesa del comedor. Y, no es por presumir pero, sí le gustó cómo piqué el tomate.
Puntos para Bámvika.
—Bueno, y ¿qué tan lejos se nos fue hoy? —pregunta Lucía. Llevando dos platos que hacen falta a la mesa. Yo voy detrás, llevando las servilletas y los cubiertos.
—No tan lejos mamá... —dice Marcus llevando vasos con agua, sentándose en la mesa. Su colonia inunda la habitación, y un par de mechones de cabello mojado caen sobre su frente.
—Es verdad —le sigue Nico, también tomando asiento, y también recién bañado.
Vale, ahora soy la única shuca aquí...
(Shuco/a: Modismo guatemalteco que significa sucio/a).
No puntos para Bámvika.
—¡Marcus tiene esa manía de irse lejos de la nada! ¡Y me deja a mí con los nervios de punta! —exclama Lucía, cuando ya finalmente estamos sentados todos en la mesa.
Me pregunto el porqué no está David, el padre adoptivo de Marcus...
Vuelvo la vista hacia Laura, quien está sentada frente a Marcus, y a su izquierda, frente a mí, está Nico. Lucía tomó el asiento en la cabecera de la mesa.
—Estoy bien, te lo aseguro —dice Marcus con una sonrisa, tomando mi mano por debajo de la mesa de madera café oscura.
—Y ustedes... ¿Están saliendo? —pregunta Lucía de repente con su mirada fija en mí.
Nico baja la mirada y Laura vuelve a beber de su vaso con agua. Yo vuelvo mi vista hacia Marcus. No me ha pedido oficialmente, y acabamos de besarnos pero...
—Sí —responde interrumpiendo mis pensamientos—. Bamvi y yo estamos saliendo.
Lucía sonríe hacia nosotros amablemente, pero Laura casi se ahoga con su agua. Aunque disimula con una servilleta. Veo a Nico y no despega los ojos de su cuchara.
—Ella es de Guatemala, como yo —dice Marcus, y Lucía frunce el ceño ligeramente, bajando la mirada a su sopa.
—¿Cómo estás tan seguro? —inquiere Lucía, dejando el cubierto en su mesa.
—Yo le mencioné a Bamvi... —comienza a decir Laura, luego gira su mirada hacia mí—. Te mencioné que no todo lo del guión es real pero...
—No fue que Bamvi me haya dicho, fui yo quien se dio cuenta. Ella sólo iluminó el camino —interrumpe Marcus. Puedo sentir la tensión de Nico al frente mío, por los sonidos de sus dientes apretándose.
—¿Entonces, estás seguro? —vuelve a inquirir Lucía.
—Sí. Y Bamvi conoce a mi familia biológica.
—¿Estás diciendo que esta chica vino desde Guadalajara y ahora te viene a decir que te conoce a ti y a tu familia? ¿Y le crees?
—Guatemala, madre—le dice Laura—. Y sí.
Marcus y yo elevamos nuestras cejas. Eso sí que fue un giro de 180 grados.
—Bien... —dice Lucía seria. Todo indica que la noticia no ha sido de su agrado.
Si tenía algún punto con Lucía, acabo de perderlos todos.
Luego de un rato de silencios incómodos, finalmente Lucía y Laura se despiden. Nico se ofrece a llevarlas en su auto, y Marcus y yo nos quedamos a solas un momento.
Me pongo a asear los platos de la cena con Marcus. Mientras yo los lavo, él los seca.
—Creo que te faltó un poquito acá —dice Marcus señalando un plato blanco con decoración azul.
Observo el plato pero no tiene nada más que los adornos de flores azules.
—¿Dónde? No...
—Aquí. Es que, tienes que acercarte.
Doy un paso hacia él, pero no veo ninguna mancha.
—Mateo, en serio no noto nada en el pla...
De repente, deja el plato en el lavadero y, con su brazo moreno claro, rodea mi cintura.
Acerca su rostro a mí y, lentamente, dirige sus labios a los míos, hasta unirlos.
Yo me paro de puntitas para sentirlo más cerca, mientras que la electricidad en el cuerpo me pone los pelitos de punta.
—Llevaba toda la noche esperando este momento —me dice en cuanto se aleja de mis labios.
Le sonrío, sonrojada por su beso tan romántico y repentino.
—Bamvi, tengo algo que mostrarte —suelta con una sonrisa de esas que me dan cosquillas, de esas que me dan ganas de dibujar. Él eleva su ceja, esperando mi reacción. Yo asiento, luego él procede a tomar mi mano.
Caminamos juntos hacia su habitación, a la cual no había entrado antes. Al cruzar la puerta de madera blanca, veo que el cuarto está lleno de fotografías de naturaleza y de negativos de fotografías también.
Su cama tiene sábanas blancas y azules. Y hay una ventana al lado izquierdo, con cortinas también azules.
Marcus abre el armario de puertas de madera café claro y busca algo en la parte de arriba.
Yo noto que tiene un par de fotos en su mesita de noche. Me acerco un poco y veo fotos de Marcus de joven, un poco más grande que como cuando lo conocí. A su lado hay un hombre alto de cabello castaño. Ambos llevan cámaras en sus manos y detrás de ellos se ve un paisaje natural.
—Aquí está —dice Marcus finalmente, bajando una caja de cartón con una tapa floja que se nota lleva mucho tiempo existiendo.
Posa la caja en la cama y ambos nos sentamos a los costados de esta. Marcus me ve antes de abrir la caja, con una sonrisa contenida y una mirada de alegría y entusiasmo. Luego, la abre con emoción y comienza a buscar entre muchos papeles que huelen a polvo y carpetas que estoy segura solían ser coloridas.
—Estoy seguro que debe estar acá...
—¿Qué? —inquiero viendo sus manos moverse.
—Tranquila... Ahora lo verás...
Yo asiento y espero, tocándome las manos.
De repente, Marcus saca algo de la caja que me deja congelada.
Mueve la caja a un lado y se sienta pegado a mí, observándome con atención. Yo inspecciono el objeto cuadrado con manos temblorosas, y levanto la vista por momentos.
No puedo ser...
Después de todos estos años...
—Curiot... —musito y toco la pasta negra desgastada con mis pulgares.
—¿Cu-qué?
—¡Curiot! —le digo elevando la vista hacia a él, dando un pequeño saltito sentada en la cama—. Mis cosas de arte solían tener nombre cuando era chica.