Pintaré tus Sonrisas

35 - Reencuentros y recuerdos

Abro los ojos y me encuentro con su mirada observadora frente a mí. Su mano acaricia mi mejilla con suavidad, con sus dedos apenas tocándome.

—Buenos días —le saludo dándole un beso en los labios. Cuando me despego, Marcus se acerca de nuevo y me besa ahora un poco más profundo.

—Buenos días.

Creo que me estoy volviendo adicta a esta sensación...

—Nos volvimos a quedar en el sofá... —musito y él asiente, con esos bonitos camanances marcándose en sus mejillas.

Levanto la cabeza y noto que estamos cubiertos con una sábana azul, probablemente de su habitación.

Lo último que recuerdo es que anoche nos quedamos escuchando música de Humbe y de Zoé, hasta que nos quedamos dormidos.

Vuelvo a recostarme en mi almohada favorita (el brazo de Marcus), mientras observo a mi persona favorita.

—¿Crees que mi familia sí venga hoy? —me pregunta con el ceño levemente fruncido.

—Aún no lo sé, debo ver el celular —le digo palpando la sábana, buscando el dispositivo.

Finalmente lo encuentro en la orilla, entre el sillón y mis piernas, y lo tomo con premura. Al abrirlo, el nombre de Kat resaltada entre mis notificaciones.

5 llamadas perdidas de Kat.

Y dos de un número que desconozco, pero por el área debe ser de España.

Eso, además de varios mensajes de WhatsApp y Messenger.

Ay no.

—¿Te escribieron? —me pregunta acercándose más (aunque ya estábamos bastante cerca).

—¡Sí! —le digo mientras abro WhatsApp.

Kat: Bámvika, mándame la dirección de donde puedan encontrarse. Francia ya va llegando a Madrid.

Esto fue a las 8 de la mañana, hace ya una hora.

Abro los mensajes de Messenger y veo la foto de la chica de los labios rojos resaltada, así que abro su chat con un poco de nerviosismo.

Francia Luna: ¡Hola nena! Tu hermana me contó todo. Ya vamos llegando a Madrid. Cuando puedas, pásanos la dirección.

Esto también fue hace una hora.

—Ay Dios...

—¿Vienen hoy?

—Ya están aquí —le digo y Marcus abre mucho los ojos.

—¿Dónde aquí?

—¡En Madrid! Me están pidiendo la dirección de acá desde hace una hora ¿Se las mando?

Marcus se rasca la cabeza nervioso y sus labios se abren con dificultad.

—Yo... supongo que sí, aunque... Dame unos minutos yo...

—¡Sí! Puedes ataviarte y me avisas —le digo y ambos nos ponemos de pie. Marcus me da un beso rápido en la mejilla y sale corriendo hacia el baño, pasando a un Nico que parece recién despertado.

—¿Oye? ¿Todo en orden?

—¡Sí! Pero, ¡pregúntale a Bamvi! —exclama Marcus y se escucha el azote de la puerta de madera.

Nico vuelve su vista hacia mí, un poco confundido, y me examina de pies a cabeza. Luego toma un poco de agua del frigorífico en un vasito pequeño.

¿Tengo algo en la cara?

Me veo la ropa y noto que tengo puesta la pijama que me prestó Mateo: la camisa gris holgada con dibujos de "El Extraño Mundo de Jack". Además de unos pants holgados también grises.

Vaya presentación Bámvika, me digo a mí misma mentalmente.

Veo hacia Nico, él está levantando las cejas y yo frunciendo el ceño.

—¡Vendrá la familia de Marcus! —suelto y él casi tira toda el agua que estaba bebiendo. Se contiene pero comienza a toser. Yo corro hacia él y le doy golpecitos en la espalda como puedo. Finalmente se pone erguido, se pega un poco en el pecho y me observa anonadado.

—¿La familia biológica?

—¡Sí! Ya están en Madrid —le digo moviendo los brazos de arriba hacia abajo.

De la nada, Nico corre al baño y toca la puerta. Ahora se puede escuchar la ducha encendida.

—¡Marcus! ¡Espabílate! Yo también necesito ducharme.

—¡Nico! ¡Fuera de acá! ¡HOSTIAS!

Bien... Creo que seré la única que no estará arreglada el día de hoy.

Al menos ya no estoy shuca.
Pero me peinaré por si acaso.

~~~~~~~~

Estamos fuera del edificio, parados los tres como niños pequeños—Nico, Marcus y yo— esperando a que llegue el auto con la familia.

Le envié la dirección a Francia en cuanto Nico me avisó que estaba listo. Especificó que quería dar una buena impresión.

Yo por otro lado, me puse la ropa que traía ayer. Mi blusa marrón de mangas largas y mis pantalones caqui. No me di cuenta cuando, pero Marcus los puso a lavar anoche.

—¿Qué tan lejos estaban? —me pregunta Marcus por segunda vez.

—No lo sé aún, no me lo dijeron —le digo apretando el agarre de nuestras manos.

Él ve hacia sus zapatillas azules un segundo y luego de nuevo al frente.

—¿Qué tal me veo?

—Como el tío más guapo de toda Europa —le digo con mi imitación malísima del acento español.

Marcus se ríe pero a Nico no le hizo mucha gracia.

—Cada loco con su tema —suelta Nico y Marcus lo empuja a un lado con diversión.

De repente, un auto plateado se estaciona a unos pasos de nosotros, y la primera en salir es una mujer de cabello negro, peinado en una cola alta. Ella está usando ropa semi-formal. Sus labios, que estaban en una línea recta se estrujaron entre sí, y sus ojos se volvieron brillosos.

Se acerca a nosotros con lentitud, mientras que la mano de Marcus me aprieta con poco más. Yo le sonrío para tratar de hacerlo sentir mejor.

Luego veo a Francia bajar del auto, junto a otra chica que no recuerdo haber visto antes.
Ambas tienen el cabello negro y la piel morena clara, con la diferencia de que Francia tiene el rostro más delgado y los ojos cafés. La otra chica, en cambio, tiene un rostro cuadrado y, en cuanto me ve, noto que tiene la misma mirada de ojos grises de Marcus.

Francia me reconoce al instante y se acerca con más seguridad. Y en cuanto sus ojos se posan en Marcus, comienzan a brillar con emoción e incredulidad.

—En serio... Es... Es Mateo... —dice Francia acercándose y rompiendo el hielo. Yo asiento y antes de que Francia pueda acercarse más, la primera mujer que se bajó del auto, corre a abrazar a Marcus fuertemente.




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