Pintaré tus Sonrisas

1 - El accidente

Laura

Un pitido ensordecedor hace que me duela fuertemente la cabeza. Mis piernas y mis brazos están cansados, pero no puedo detenerme.

Si me quedo aquí moriré.

Tomo el cuerpo del chico de cabello negro con fuerza y lo pongo sobre mi espalda, dando pasos torpes, tratando de ignorar a las personas lastimadas, inconscientes o en lágrimas. Es como un sueño extraño... o más bien, una pesadilla.

Encuentro un espacio abierto entre las paredes del avión e intento abrirlo, pasando por encima de algunos escombros. Un hombre alto y corpulento me ve a lo lejos, desde la playa y toma al chico de mi espalda, ayudándome a cargarlo. Camino como puedo, siguiendo al hombre de cabellos pelirrojos y barba poblada. Tapo mi nariz, intentando no inhalar el humo denso que huele a metal y plástico quemado.

Los gritos y llantos se escuchan cada vez más lejos.

—¡Quedaos aquí! —exclama, dejando al chico en la arena. Yo asiento y me recuesto junto a él, tomando su mano con cuidado. El dolor de cabeza hace que todo se ponga borroso.

—¡No duermas! —grita el hombre a lo lejos, pero no tengo control de mi cuerpo. Una oscuridad me envuelve sin yo poder detenerla, siendo lo último que veo los pasos del hombre a lo lejos y unas llamas expandirse en el cielo.

Despierto, con el pecho agitado y la frente sudorosa. Las lágrimas no se hacen esperar y empapan mi rostro.

Siempre la misma pesadilla.

Me siento en la cama y busco mis pantuflas para ir a la cocina. Llego, arrastrando los pies, y tomo un vaso con agua del frigorífico.

—¿Laura? ¿Qué haces aquí?

Mi cuerpo de un salto del susto y mojo el suelo, incluyendo mis pantuflas, con el agua helada. Por suerte no suelto el vaso.

—Mamá... Eres tú —resoplo, con una mano en el pecho.

Sus ojos inquisitivos me examinan de pies a cabeza.

—Solo fue una pesadilla... —Tomo papel del mueble de la cocina y seco el agua del suelo, agachándome apenas.

—¿Qué te atormenta ahora? —inquiere mi madre, sin moverse de su lugar, cruzando sus brazos como si ya supiera la respuesta.

—Yo... —susurro, viendo cómo mueve los dedos sobre sus codos—. No importa. Me iré a dormir. Mañana... bueno, más bien, hoy, tengo sesión de fotos temprano —me doy la vuelta y comienzo a caminar hacia el pasillo oscuro que lleva a mi habitación.

—Sabes que puedes decírmelo —dice, aún sin moverse. Sabe que sus palabras son más poderosas que cualquier movimiento.

Me detengo y giro sobre mis talones para observar a mi madre. Me acerco con pasos cortos y pesados. Ella asiente, apretando los labios, expectante. Respiro profundo, inclinando la cabeza hacia atrás y viendo hacia el techo.

—Fue sobre lo que pasó en el avión. La pesadilla que tuve, fue sobre el accidente.

—Laura, hija. Ya han pasado como diez años desde que sucedió. Tú y Marcus están bien. Eso es lo importante.

—No lo entiendes, madre...

—¿Qué es lo que no entiendo, según tú?

—¿Y si se entera de la verdad? ¿Y si me reclama? O peor aún... ¿Y si me aleja?

—¿Qué? ¿Por salvarle la vida? —inquiere frunciendo el ceño. Sus manos pasan al frente y se abren, cuestionándome.

—No... —susurro, apretando mis manos entre sí.

—Pero sí por habérsela cambiado.

~~~~~~~

El sonido de un gallo de la alarma me despierta, anunciando que ya es hora de prepararme. Me pongo de pie, buscando mis pantuflas de siempre aún con los ojos cerrados, y arrastro los pies hacia el baño.

Abro bien los ojos con dificultad y veo el reloj del celular.

"6:00 A.M. 5 de abril de 2023"

Debería estar emocionada por esta sesión de fotos. Es la primera vez que me firman con una marca de ropa que en realidad aprecio.

Sin embargo, mi mente no puede más que recordar el hecho de que Marcus y Nico irán junto a la pintora esa, hacia el aeropuerto.

Enciendo el grifo y lleno mis manos con agua caliente, para luego echármela en la cara. Quisiera que estuviera más caliente, quisiera que me ardiera el rostro. Me vuelven las ganas de lastimarme, y no es la primera vez.

Mi estabilidad mental está en decadencia. Todo desde la aparición de la chica de Guatemala que vino a quitarme lo que es mío por derecho.

Mamá tiene razón ¡Marcus no estaría aquí de no ser por mí!, pienso, golpeando el lavamanos con el puño.

Debí separarlos antes. Cuando aún podía hacerlo sin que él lo notara.

Mi único alivio es que Bámvika se irá hoy de regreso a su país, y no tiene fecha fija para volver. Tengo tiempo suficiente para asegurarme de que Marcus y ella no sigan más juntos.

¡Ella no merece a Marcus!

Y lo que más me enoja es la manera en que lo enamoró. ¡Fue una pintura! ¡Eso fue todo lo que hizo!

Marcus debía fijarse en mí. Yo le salvé la vida. ¡YO!
Yo lo cuido de verdad, y siempre lo cuidaré.

A pesar de la presencia de esa chica, sé que él, en el fondo, siente algo por mí.

Cierro el grifo y me seco el rostro con la toalla de al lado. Definitivamente no estaba lo suficientemente caliente. De cualquier modo necesito este rostro para ganar dinero. Para poder algún día salir de la casa con mi madre, quien cada día arrastra consigo la falta de mi padre.

Recordar a mi padre me hace sonreír un poco. Él era quien cuidaba de mí. Me cargaba en sus brazos y parecía que podía volar y alcanzar todo lo que quisiera.

Marcus me transmite esa misma sensación. Su corazón tan noble, su voz calmada, su seguridad al hablar de lo que ama.

Pero no me ama a mí. No como yo quisiera.

Tiro la toalla a un lado y me veo de nuevo al espejo. Noto que mis ojeras se están marcando más por mis constantes pesadillas.

Necesitaré comprar más corrector y polvos.

Camino a la habitación y tomo el celular de la mesita de noche. Creo un nuevo recordatorio:

"Comprar corrector de ojeras" y lo guardo.




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