Bamvi
La bienvenida en el Pollo Campero hace que inmediatamente me sienta como en casa. Aunque, la sensación de vacío en mi pecho no me hace sentir del todo bien.
"Solo por un tiempo", recuerdo su voz y saco mi celular con premura.
Noto a Sofía, observándome, mientras le da otra mordida a su papa frita.
Le sonrío y entro al chat de Instagram, buscando su perfil. Cuando lo encuentro, noto que ahora tiene una foto suya en la moto, con el casco puesto y una camisa blanca.
Marcus Mateo Luna | Director
Bamvi: ¡Hola, mi estrella del alba (emoji de sol)! Ya llegué a Guatemala.
El "en línea" de Mateo no se hace esperar, y veo la burbuja con tres puntitos aparecer en el chat.
—Mija, se te va a enfriar tu pollo —dice mi mamá con el ceño fruncido.
—Está bien. Solo debo hacer algo rápido —respondo sin quitar la vista del celular.
Mamá frunce el ceño, pero sigue comiendo sus papitas. Kat toma un sorbo de café mientras conversa con ella sobre algo que no alcanzo a entender.
Mateo: ¡Mi rayito! Qué bueno, mi amor. Me tenías preocupado. Ya estaba viendo boletos... están bastante accesibles (emoji de guiño). Quizás no muchos viajan en primavera.
Bamvi: Lamento no haberte escrito antes. Vinimos a comer en cuanto bajé del avión.
Mateo: Está bien. Mándame una foto cuando puedas. Quiero verte.
Bamvi: (Emoji sonrojado) Yo te la envío. ¿Qué hora es allá? Debe ser muy tarde...
Mateo: No es tan tarde. Estoy pensando en trasnochar. Quiero terminar de editar algunas cosas del guion.
Mateo: Además, hoy no creo poder dormir mucho.
Bamvi: Intenta dormir, amor. Hoy ha sido un día largo.
Bamvi: Gracias por ir conmigo al aeropuerto, por cierto.
Mateo: Eso ni lo menciones, mi amor. No podría no estar para ti.
Mateo: Además, estaba buscando la manera de ver si o te quedabas conmigo, o me metía en una de tus dos maletas.
—¿Por qué tan sonriente con el teléfono? —pregunta mi mamá.
Bajo el celular a la mesa.
—Ah... no es nada —digo nerviosa.
Noto los ojos entrecerrados de Sofía tratando de averiguar qué había en la pantalla.
—Mateo debe ser —dice Kat, con una sonrisa traviesa.
—¡Ay! ¿Están hablando? —me interroga mi madre—. ¡Iiiiigh! ¡Qué extraño lo que pasó con ese muchacho! ¿Cómo es posible que no lo hayan encontrado?
—Sí, nadie lo entiende aún —dice Kat, dando un sorbo a su café—. Francia me dijo que, con la mamá adoptiva de Mateo y Argentina, querían averiguar bien eso.
—Pero ¿y los que lo adoptaron? ¿no se preguntaron dónde estaba su familia? No pueden encontrarse a un muchacho solo y adoptarlo así nomás.
—No están seguros —digo, tomando una pierna de pollo frito, la cual ya está un poco fría—. Hay muchas cosas que no se saben aún.
—Y, bueno, ¿Tienes algo ahora con él? —inquiere mi madre, volviendo al tema inicial.
Richard levanta la mirada de su comida y nos inspecciona a ambas.
—Yo...
—Déjala, mamá. Bamvi ya no es una niña. Ella pue...
—Sí —la interrumpo, sintiendo el pum-pum en mi pecho—. Somos novios, mami. Me lo pidió antes de venir.
Mamá baja la mirada a su comida y luego vuelve sus ojos miel hacia mí.
Mis mejillas se sonrojan, lo siento por el calor que incluso llega a mis orejas. Sin embargo, no puedo evitar recordar la manera en la que Mateo habló de mí con su familia, y eso me da valor.
—¿Y por qué no nos habías dicho nada?
—Me lo pidió anoche, mamá. Además Mateo es un chico excele...
—Yo no nací ayer, Bámvika. Ustedes ya llevan saber cuánto tiempo juntos, y no nos habías dicho nada.
Levanto la mirada hacia Kat y Richard, bastante confundida. Sabía que a mamá le costaría un poco entender la noticia, pero su tono me preocupa.
—Sí, mamá —admito—. Sí llevamos saliendo un par de semanas. Pero justo ayer lo formalizamos.
—A mí nadie me preguntó nada...
—¡Mamá! Bamvi ya no es una niña.
—¿O sea que la tía tiene novio? —pregunta Sofía.
—Sí —responde Richard con calma—. Y eso es bueno.
Carraspea la garganta y vuelve la vista a mi mamá.
—Con su permiso, Doña Paulina. Pienso que Bamvi ya tiene edad suficiente para saber qué es bueno y qué no para ella.
Mi mamá suspira, bajando la mirada.
—Yo no dudo que Mateo sea un buen muchacho. Pero Bámvika cree que ya se manda sola. Se fue a España y ahora regresa con novio de la nada.
—Mamá, yo te iba a decir en cuanto te viera. Pasaron muchas cosas en España durante mi estadía y estaba trata...
—¡Sí, Bamvi! Pero tú fuiste a trabajar, no a buscar novio.
—Mamá, mamá. Creo que no es el momento ni el lugar —dice Kat, acariciando el brazo de mi madre—. Podemos hablar cuando lleguemos donde los abuelos.
—¿Donde los abuelos?
Kat suspira. Veo a Richard, quien niega con un movimiento de cabeza. Parece que pasaron muchas más cosas de las que imaginé durante mi ausencia.
Y es muy tarde para detener el caos. Mamá comienza a sollozar, aunque su voz es una mezcla de enojo y tristeza.
—¡Es que tú no estuviste aquí! ¡Te fuiste cuando más te necesitaba! —espeta, entre sollozos. Da un golpe con su puño a la mesa y esto hace que las personas alrededor nos vean.
Mi mente se queda en blanco, y mis manos comienzan a sudar.
Esto no tiene que ver con Mateo.
—Mamá, tranquila. Hablemos cuando estemos con mamá Micu —la tranquiliza Kat, aún acariciando su brazo.
Mamá ya no toca su plato y nos vemos forzados a salir del restaurante con el mal sabor de boca.
Tal y como lo dijo Kat, llegamos a la casa de la abuela Micaela, o mamá Micu, como le decimos de cariño. Mamá no me dirige la palabra, y entra a la casa acompañada por Kat.